El entrenador

Clubes en el barrio Destacados

Hablar de chicos es hablar de afectos, cuerpos en desarrollo, educación. Hablar de fútbol es hablar de reglas, de destreza y más que nada, dice Héctor Diciocco, de valores. Todos estos temas surgieron en la charla con el coordinador de la escuela de fútbol del club Pacífico, un hombre que hace más de veinte años pasa sus tardes entre niños, arcos y pelotas.

Por Mariana Lifschitz

De adolescente Héctor se había sentido en la gloria cuando entró en las divisiones inferiores de Boca. Luego le siguió San Lorenzo y más tarde pudo jugar en primera en el Club Lamadrid de Devoto. Su vida de jugador continuó incluso cuando tuvo que dedicar ocho horas diarias al trabajo que le daba de comer. “Trabajaba en el Hospital Italiano como encargado de depósito e integraba el seleccionado del Hospital. Me vieron los del gremio y me convocaron para jugar en el equipo de la CGT. Ya era mediados de los 80” – cuenta Héctor. Una década más tarde un día llegó a Pacífico llevando de la mano a sus hijos. Ellos empezaron a jugar en babi y mientras tanto, él entrenaba en futsal. Al poco tiempo en el club de Santo Tomé y San Nicolás lo querían como a uno de la familia. Por ese entonces la comisión directiva de Pacífico decidió armar una segunda categoría y le ofreció a él, que nunca había entrenado ni dirigido, si la quería dirigir. Albañil de profesión, sin planearlo su vida se fue construyendo alrededor de lo que más le gustó siempre: jugar a la pelota.

VV. Después de tantos años como entrenador, ¿cómo es tu vínculo con los chicos?

Es un vínculo que me produce sentimientos encontrados, porque por un lado quiero que se diviertan y por otro que traten de aprender, porque los padres les están pagando una actividad y es importante que presten atención. Yo les digo que se aprende también viendo al compañero, que hay que mirar, que no hay que hablar. Y veo que en general cambió la educación: como papá para mí era diferente, yo les decía una o dos veces las cosas a mis hijos y me hacían caso, ahora los chicos muchas veces vienen caprichosos y para que te hagan caso tenés que levantar la voz.

VV. De todos modos, a pesar de los retos, vi que te saludan con afecto en la clase.

Te aclaro que yo no terminé la secundaria. Pero a veces me permito pensar, tratar de ver y sentir lo que le pasa al otro, ponerme en su lugar. A mi me gusta mucho hablar con los chicos de la solidaridad, el respeto, la disciplina. En la cancha se nota cuando tenés un grupo con valores buenos, que se apoyan entre ellos, que no se echan culpa, que se dicen “dale, no importa, está bien”. Yo les digo que cuando un compañero se enferma hay que llamarlo a la casa, hay que preguntar cómo está. A veces me invitan a los cumpleaños de los nenes y yo trato de ir, porque para ellos soy una figura, soy el entrenador. Y en esos momentos tenemos la posibilidad de compartir otras cosas, ahí hay lugar para la cargada, el chiste, el juego, ya dejamos el rol de técnico y tratamos de tener un rol más de amigos del nene.

 

Héctor Diciocco es entrenador de la Escuela de Fútbol de Pacífico desde 1994.

 

VV. En esta época de videojuegos ¿se ven nuevas dificultades en la relación de los chicos con el deporte?

Los chicos vienen con muy poca motricidad fina, es algo general. Nosotros tratamos de trabajar mucho con los más chiquitos la destreza, la coordinación, porque vemos que hay una falencia muy grande. Antes, al pasar más tiempo en la plaza, en la calle, en los baldíos donde se podía jugar a la pelota, se podía correr, treparse a los árboles, sin darse cuenta los chicos iban trabajando su cuerpo. Ahora ves chicos grandes andando en bicicleta con rueditas a una edad en la que nosotros ya andábamos sin manos. Pero cada uno desde su lugar trata de ayudarlos. Yo les doy tarea para que hagan en la casa. Les digo que agarren una pelota chiquita, que se pongan en un metro cuadrado, la suela arriba de la pelotita, que pasen la pelotita de un pie al otro, todo con la parte de adentro. Después que la tiren contra una pared y traten de agarrarla, que aprendan a calcular el tiempo y el espacio. Al chico que es diestro le digo que practique con la izquierda para que la vaya desarrollando. El tiempo que practicamos en el club es poco, por eso insisto en que practiquen en la casa, que dejen un poco la play y que agarren la pelota.

VV. ¿Cómo ves a los clubes de barrio hoy en día?

La situación económica está bravísima y los clubes se sostienen con mucho esfuerzo. Este año, cuando empezamos las clases menos de la mitad de los socios habían pagado la cuota, después fue mejorando pero sigue difícil; eso antes no pasaba. Vas a hablar con la chica del buffet, le preguntás y te dice lo mismo, que vende menos. Nosotros tenemos que ir acompañando esa realidad, al que no puede pagar decirle “bueno, no pagués, traé al nene igual”. No es que deja de pagar y entonces al chico no lo recibimos más. Es ahí donde se ve la solidaridad.

VV. ¿Cuál es tu sueño?

Yo tengo problemas físicos, pateo con dolor, mi sueño es poder volver a jugar al fútbol. El traumatólogo me dijo que por haber jugado tanto tuve un desgaste importante en la cadera y que me tengo que operar y poner una prótesis. Me dijo que trate que sea una prótesis importada porque duran mucho más y son mucho mejores, pero sale fortuna. Y además tuve una caída hace diez años: trabajando en la construcción me caí de ocho metros y tres vértebras se me pinzaron. Por eso solo doy clases a los chiquitos, con ellos hago un esfuerzo mínimo para patear. Entonces uno de mis sueños, a nivel personal, sería poder volver a jugar al fútbol. A nivel país me gustaría que la cosa cambie, ver a la gente más contenta. ♦

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