Finalmente, el túnel

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El nuevo paso bajo nivel de Nazca despierta por igual adeptos y detractores. Debido al tránsito caótico de los últimos meses, la obra fue largamente esperada por los vecinos de Villa del Parque. Pero en Devoto temen por más túneles que podrían cambiar en forma dramática la fisonomía del barrio. Cuenca, la gran incógnita.

Por Verónica Ocvirk

Finalmente abrió sobre la avenida Nazca el túnel que se hunde bajo las vías del San Martín. Fue el jueves 15 de noviembre a las 8.30 de la mañana, en un acto que se desarrolló con bastante discreción: no hubo ahí medios de prensa ni demasiados vecinos, salvo los que por casualidad andaban por la zona, más algunos familiares de las cuatro celebridades homenajeadas en las paredes de la obra (Jorge Guinzburg, Juan Carlos Calabró, Mariano Mores y Gilda) y los chicos de la orquesta del Glaux. Sí estuvieron el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta, el vicejefe Diego Santilli, el Ministro de Desarrollo Urbano y Transporte Franco Moccia, el presidente de la Junta Comunal 11 Carlos Guzzini, el presidente de Autopistas Urbanas SA Carlos Frugoni y unos cuantos trabajadores de esta última, dotados de sus cascos y uniformes.

Como en este tramo el San Martín está equipado con cuatro vías, el paso bajo nivel es uno de los más largos de la ciudad: tiene 565 metros, es doble mano y cuenta con cuatro carriles de circulación, dos por sentido. Su altura es de 5,10 metros, y es apto para tránsito liviano, pesado y transporte público de pasajeros. La obra costó 175 millones de pesos, pero no está terminada todavía: resta construir las pasarelas peatonales bajo nivel de 2,20 metros de ancho, escaleras y rampas para personas con discapacidad (por el momento el tránsito de a pie sigue desviándose por Nogoyá). También quedó pendiente la puesta en valor del espacio a los costados del túnel, que contará con canteros verdes, nuevas veredas y mobiliario urbano. Todo eso -según fuentes del Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte -estará listo en diciembre. Otro detalle es que ningún tren está pasando por las vías que corren sobre el túnel, ya que debido a las obras de elevación entre Palermo y Paternal el San Martín seguirá finalizando su recorrido en Villa del Parque hasta -por lo menos- mayo del 2019.

La batalla que viene

La construcción de la obra duró casi dos años y no estuvo exenta de polémicas, y es que las interferencias ferroviales son siempre conflictivas: en principio porque generan embotellamientos y accidentes, pero también porque impiden programar más trenes. Para mitigar esos problemas el urbanismo ha trabajado diversas alternativas que oscilan entre extremos como quitar el ferrocarril de la ciudad (suprimiendo servicios, o directamente levantando vías), hasta hacerlo correr bajo tierra (en trinchera o túnel) o elevado (en terraplén o viaducto). En “el medio” aparecen los pasos a desnivel, que también pueden ser elevados o subterráneos. ¿Cuál es la mejor solución? Lo cierto es que no hay una sola. La respuesta vendrá de evaluar costos y beneficios de cada enfoque según cada caso y cada momento particular.

¿Son los pasos bajo nivel la mejor opción para resolver las interferencias ferroviales de esta traza? Desde el gobierno porteño aseguran que sí, y muchos opinan lo mismo. Pero otros dicen lo contrario. Y quienes están particularmente preocupados son los que viven en el barrio de Devoto, donde ya hay proyectados cinco túneles en las calles Benito Juárez, Marcos Paz, Nueva York, Asunción y Chivilcoy. Por el momento estos vecinos están buscando avales técnicos y juntando firmas -tienen ya más de diez mil- y lo que reclaman es que el tren corra en ese tramo en una trinchera. Mientras tanto, Cuenca se presenta como la gran incógnita: allí la opción de trinchera ya no es viable -el paso de Nazca está demasiado cerca, y las vías requieren varias cuadras de pendiente para descender-, mientras que un paso bajo nivel significaría para los comerciantes una virtual ruina. Tras inaugurar Nazca, el jefe de Gobierno se dirigió a una reunión con vecinos en el Centro Cultural Resurgimiento de la calle Artigas. “Algunos me preguntaban que vamos a hacer con las otras barreras de Villa del Parque y Devoto”, dijo ahí Larreta. Y respondió: “No hay nada decidido. Cuando terminemos la obra del San Martín vamos a pensar en cada caso qué conviene”.

Lo que queda

Más allá de la polémica, la apertura del paso se vivió en el barrio con alivio. Y tampoco fue para menos: con una arteria como Nazca interrumpida el tránsito comenzó a ponerse más y más caótico, en tanto circular por Cuenca o Helguera se volvió una verdadera tortura. A eso se sumaron los servicios alternativos de colectivos hasta Palermo (para reemplazar la falta de tren) y, durante los últimos meses, la construcción de una estación de bombeo (una suerte de “pluvial”) sobre la calle Argerich, entre Carranza y Santo Tomé. El caso es que entre Pedro Lozano y Carranza -9 cuadras en total- no había forma posible de cruzar Nazca. En algunos casos parecía que ni los colectivos sabían por dónde ir.

Con la apertura del túnel el 110 volvió a su recorrido habitual. Y el 84, el 124 y el 134 -que a la ida daban antes la vuelta por Marcos Sastre, Terrada y Baigorria- doblan ahora a la izquierda en Arregui y continúan luego por Helguera. Para el regreso, el 84 y el 134 están tomando Cuenca y Marcos Sastre en vez de circular, como antes, por Nogoyá. En cuanto al paso provisorio de Condarco, este será en breve cerrado. Pero las cosas -como dice Calamaro- no vuelven siempre al mismo lugar.

Ese túnel es la gloria”, opina un sodero que tiene asignada la zona, en tanto la estación de servicio de Nazca y Lascano vio reactivado su movimiento el mismo día de la apertura. A pocas cuadras, acodada sobre la barra de un bar semivacío que quedó a la vera del paso, una camarera escoge el gerundio que mejor retrata la forma en la que han transcurrido allí los últimos dos años: “Sobreviviendo”, dice. Al ruido, al polvo y hasta al temblor del piso. También, desde luego, a la falta de clientes. “Nosotros vivimos del tránsito -dice- tanto de gente como de autos”. Y aunque reconoce que las barreras no le sirven a nadie, a la vez se pregunta si no pudo haberse contemplado otra solución. Pero la idea no es poner el túnel en duda por los problemas que pueda ocasionarles a una veintena de frentistas. Se trata de reconocer que toda obra pública produce necesariamente ganadores y perdedores. Comprenderlo es clave para construir una ciudad más democrática. Y es lo que no se tiene en cuenta cuando se proclama que el túnel de Nazca deja, sin más, “55 mil vecinos beneficiados”. ♦

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