Homenaje a Enrique Lifschitz (por Alicia E. Roussian)

Querida Mariana: Mi hermano y yo apreciábamos mucho a tu padre. Fue un ejemplo de vida para todos los que lo conocimos. Es muy bueno que continúes su obra, es el mejor homenaje… Conocí a tu padre en el año 2005. Soy Profesora de Ciencias Jurídicas y Sociales (ahora jubilada). Por aquel entonces, trabajaba en […]

Enrique Lifschitz Notas Homenaje

Querida Mariana: Mi hermano y yo apreciábamos mucho a tu padre. Fue un ejemplo de vida para todos los que lo conocimos. Es muy bueno que continúes su obra, es el mejor homenaje…

Conocí a tu padre en el año 2005. Soy Profesora de Ciencias Jurídicas y Sociales (ahora jubilada). Por aquel entonces, trabajaba en la Escuela de Comercio 33. Solía ir a la librería situada enfrente del colegio, y ahí retiraba un ejemplar del periódico. Me atraía su interesante contenido.

Soy más bien una persona tímida, pero un día me animé y llamé por teléfono a Enrique, preguntándole si podía publicar un ensayo mío. Recuerdo que me respondió que se lo mandara, pero que no me prometía nada. Se lo envié por correo postal (aún no tenía computadora). A los dos meses (en septiembre de 2005), publicó mi artículo y continuó haciéndolo hasta este año. Doce años de amistad incondicional, de compañerismo compartido, que quedan grabados en nuestro corazón para toda la vida. Te hablo en plural, pues al igual que yo, mi hermano Arturo Esteban, lo apreciaba mucho.

Al principio, Enrique entregaba en la secretaría de la escuela los ejemplares destinados a mí. Luego, cuando me jubilé, me notificaba mediante un mail los meses que publicaba una nota mía y me reservaba algunos ejemplares del periódico. Como nos había indicado, nosotros lo llamábamos por teléfono antes de pasar a retirarlos (pues vivimos en Parque Avellaneda, el periódico no circula en este barrio). A veces los retiraba mi hermano, y otras, yo.

Cuando me jubilé, compré una computadora, y desde entonces, comencé a enviarle, además de mis escritos, mensajes en el Día del Amigo, de la Primavera, Navidad y Pascuas, pues le había preguntado si también celebraba las festividades cristianas y me había respondido afirmativamente. Siempre tuvo la palabra exacta, una visión objetiva de los acontecimientos.

Todos los 15 de septiembre lo he saludado para su cumpleaños. Aún tengo el regalo que iba a obsequiarle el jueves 5 de octubre (lo llamamos por teléfono para pasar a retirar los ejemplares). Nos sorprendió que al mediodía aún no estuviera en su casa, pensamos que se habría demorado haciendo el reparto. Al día siguiente, le envié un mail…  No estamos preparados para ver irse a un ser querido, es duro… Aunque físicamente ya no lo tengamos, siempre estará presente para nosotros. Un beso y un gran abrazo para vos y toda tu familia. 

(Alicia E. Roussian Profesora de Ciencias Jurídicas y Sociales)

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