Folklore y solidaridad con La Patagonia

Cuando la amistad tiende puentes: el Espacio Cultural La Mensajera, de Villa General Mitre, convoca a una peña solidaria con la Comarca Andina. Atrás hay una historia en primera persona que despierta la necesidad de "hacer algo" frente a la tragedia de los incendios.

Lorena Nader y Luciana Buso se conocen desde los 18 años. Juntas estudiaron la carrera de maestra jardinera, juntas viajaron por Argentina y a las dos, en ese recorrido, las enamoró el folklore.

Hoy Lorena baila y enseña a bailar en su espacio cultural La Mensajera, de Villa General Mitre. Por su parte, Luciana integra una agrupación de raiz folklórica llamada «Al Encuentro» y toca el bombo en La Infernal Sachera, una banda de “folklore power” que armó con unos músicos amigos de El Bolsón, donde vive hace 24 años.

La Infernal Sachera, banda folklórica de El Bolsón, integrada por Gonzalo Seguí (guitarra y voz), Negro Franc (guitarra eléctrica), Quique Pareta (bandoneón) y Luciana Buso (bombo).

El último invierno La Infernal Sachera, de paso por Buenos Aires, tocó en La Mensajera junto a La veredita de Artigas, un dúo de Villa Santa Rita. Entre la música compartida “se generó un clima de hermandad y amor que estuvo hermoso”, recuerda Lorena.

Ahora, las noticias incesantes sobre los incendios en la Patagonia y los relatos de su amiga, que vuelven más cercano el dolor, llevaron a Lorena a pensar: “No puede ser que acá sigamos como si nada, tenemos este lugar y algo tenemos que hacer”.

Lorena Nader, bailarina y profe de folklore en La Mensajera.

¿Me pasás el teléfono de Luciana?, le pidió esta periodista. Al escribirle, la respuesta que llegó desde el sur fue una pintura muy dura, sensible y detallada, de lo que se está viviendo en los pueblos de la Comarca andina.

El incendio en primera persona

El día que arrancó este incendio yo tenía que llevar el auto al mecánico. Salí de mi casa y vi el hongo. Lo primero fue revivir el verano anterior. Es aterrador porque nunca sabés hasta dónde puede llegar el fuego, a veces el pueblo se llena de humo y a veces ves las llamas a lo lejos. Tengo amigos que han perdido sus casas, sus chacras, sus animales. Pero gracias a la red enorme y hermosa que se genera en la Comarca se han salvado muchísimas casas y muchas personas también.

Yo vivo con mi hijito de 10 años. Él vive la mitad del tiempo conmigo y la mitad con su papá, que es un productor familiar: tiene dos vacas, algunas gallinas, una tierra pequeña y cuando estamos en época de incendios deja todo. Él es uno más de los cientos de vecinos que se cargan las herramientas al hombro y salen.

La imagen habitual este tiempo es ver un grupo de amigos en una camioneta con ese tótem arriba, que es un tanque de 1000 litros de agua. Estas cuadrillas superan en número a los bomberos y todos trabajan codo a codo. Yo hablé con bomberos que vinieron de otros lugares y me dijeron: «Nunca vimos un pueblo así de organizado.»

Uno sabe que si quiere colaborar va a una escuela, mira a la gente que está hace días cocinando y les dice ¨¿qué hago?, te pico cebolla¨. Y te sumás a cinco personas que están con tablas y cuchillos picando, que han preparado un promedio de mil viandas por día para brigadistas, para bomberos, para toda la gente que ayuda. O si no podés quedarte ahí decís “me ofrezco a llevar», y trasladás en tu auto las cajas con viandas.

A mí me sale más fácil estar con las infancias, entonces me quedo con mi hijo y también recibo a los hijos de amigos y amigas para que puedan ir a ayudar. Trato de pilotearla, de llevarlos a pasear un poco, pero no deja de estar la tensión suspendida en el aire todo el tiempo.

Antes los veranos eran hermosos, era decir «vamos al lago, vamos a acampar.» Y ahora eso no está sucediendo, ya van dos veranos que a uno le da miedo dejar su casa por lo que pueda pasar. Hace unos días mi hijo le dijo a su papá: «Tengo miedo de que se te caiga un árbol prendido fuego encima.» Ese temor lo veo en un montón de infancias. Es muy loco lo que viven. Mi hijito va a una escuela rural, la 103 de Mallín Ahogado. Es una escuela que tiene 25 hectáreas, varias se quemaron en el incendio del año pasado pero el casco de la escuela se salvó. Entonces, para llegar, ellos todos los días deben atravesar un bosque quemado. Me acuerdo que él con sus 9 añitos me miraba y me decía: «Parece magia, mamá, ¿no? que mi escuela no se queme”.

Algunos incendios son fortuitos, como el de El Turbio, que lo inició un rayo que cayó en una tormenta. Pero hay muchos otros que son provocados intencionalmente o por un actuar negligente. Los cables de electricidad pasan entre los árboles y un chisporroteo te provoca un incendio. Hay pinares enormes que fueron plantados para producir madera y después quedaron abandonados. Eso es combustible puro, es increíble lo rápido que se propaga el fuego en un pinar: lo ves en bosques en los que quedaron islitas de árboles nativos que se salvaron y todo alrededor pino que se ha quemado.

Acá todos tenemos claro que los incendios son intencionales. Antes, la Ley de Tierras impedía que luego de un incendio una tierra sea vendida por sesenta años, ahora esa ley la modificaron y se permite que se venda. Nosotros sabemos que quieren urbanizar, que quieren hacer desarrollos turísticos. Lo dijo el intendente Bruno Pogliano el año pasado, dos días antes de que empiece el incendio en Mallín Ahogado: ¨Ya no somos una aldea bucólica como pretende y declama un grupo nostálgico¨. Buscan intimidarnos, pero ante la tragedia hay unión y un ¨no nos van a pasar por arriba¨.

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Hace unos días Nacho Torres, el gobernador de Chubut, salió en TN hablando de ¨todos esos alias que circulan… acá nadie necesita ayuda, acá estamos todos muy bien, solo se necesita que envíen turismo¨. Y habilitaron hacer fuego en los campings de Puerto Patriada.

Ese día yo había ido a buscar a brigadistas, dos chicos que no tenían más de 20 años. Ellos habían subido a las 6 de la mañana a la montaña y estaban bajando a las 8 de la noche. Tiznados, los ojos rojos de cansancio, de tristeza y de humo. Los fui a buscar a un lugar que se llama Puerto Bonito, en Lago Epuyen, para llevarlos hasta la escuela. Y a poca distancia había gente haciendo fuego para un asado ¡con permiso! La vergüenza que me dio esa gente, pero bueno, ahí uno entiende que es todo parte de un gran negociado.

Hago una pausa para respirar profundo. Quienes elegimos venir a vivir acá por la paz que da el lago, el río, el bosque, por el respeto y el amor a la naturaleza, saber de los miles de árboles que no se van a recuperar, pensar en los animalitos que vivían en el bosque… es mucho para procesarlo y continuar con la vida cotidiana.»

Un revuelo solidario

La Mensajera, como buen espacio de folklore, tiene sus peñas a las que llaman Revuelos. La próxima iba a ser en abril, pero la necesidad de dar una mano a los amigos de La Patagonia las decidió a adelantar la primera fecha: el viernes 27 de febrero, a partir de las 21 horas, habrá una peña solidaria, el primer revuelo del 2026 en La Mensajera.

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Confirmaron su participación: Soledad Mársico y Mica Farías Gómez, Laurinia y Casanova Palacio Dúo. Está abierta la convocatoria a otros músicos y músicas que quieran sumarse. El valor sugerido de la entrada es de 10.000 $. Todo el dinero recaudado será enviado a vecinxs y brigadistas de la Comarca Andina.


Espacio Cultural La Mensajera
Boyacá 1983 y Camarones
Instagram: @lamensajera.eci

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