La universidad y la cárcel: el rol de la UBA tras los muros de Devoto

Frente al inminente traslado del penal a Marcos Paz, está en riesgo un exitoso programa educativo con 40 años de historia. Cómo modifica las vidas de las personas presas el Centro Universitario Devoto, contado por sus protagonistas

“No al traslado de la cárcel de Devoto”. La consigna, que empezó a escucharse con fuerza en los últimos meses, sonaba algo desconcertante cuando el traslado de las personas detenidas en el último penal de la Ciudad hacia el nuevo complejo de Marcos Paz se veía ya como un asunto cerrado y en apariencia indiscutido.

Sin embargo, los reparos ahí estaban. Uno nada menor tiene que ver con que, mientras las cárceles federales permanecen superpobladas, y miles de personas siguen detenidas en comisarías, los gobiernos nacional y porteño pretenden cerrar la tercera prisión más grande de todo el sistema federal, que hoy está de hecho funcionando al 106% de su capacidad: aloja a 12.248 internos cuando tiene 10.932 plazas.

Hay más: la de Devoto es en todo el sistema penitenciario la cárcel que más visitas recibe, un dato clave si tenemos en cuenta que las recomendaciones de organismos de derechos humanos apuntan a que las personas privadas de su libertad puedan cumplir sus condenas lo más cerca posible de sus vínculos, como una forma de reducir el impacto del encierro en sus familias (más que nada en los chicos y las chicas).

Pero en la cárcel de Devoto funciona además una de las más singulares experiencias de educación, organización y acceso a derechos en contextos de encierro. Hablamos del CUD (Centro Universitario Devoto), que arrancó a funcionar hace 40 años y es el programa de estudios superiores más antiguo y grande entre las cárceles argentinas.

Incorporado al programa UBA XXII (de la Universidad de Buenos Aires) desde 1991, el CUD ofrece a los presos la posibilidad de cursar carreras universitarias –como Psicología, Sociología, Letras, Derecho y Económicas– además de desplegar diversas actividades de extensión. La continuidad del CUD en el nuevo complejo penitenciario de Marcos Paz no está en absoluto asegurada, con lo cual este espacio, modelo en la Argentina y en el mundo que cuenta ya con más de 500 egresados, corre serios riesgos de desmantelarse.

Experiencia pionera

“El CUD es una de las razones que nosotros estamos argumentando como de absoluta relevancia para no cerrar la cárcel de Devoto”, explica Cynthia Bustelo, coordinadora académica de la Facultad de Filosofía y Letras en UBA XXII. Además de las carreras que se dictan, resulta importantísima la parte de extensión: se dan diversos talleres –de literatura, música, radio, arte, entre muchos otros– que pueden tomar las personas alojadas en el penal que tal vez ni terminaron la primaria y logran así tomar contacto con saberes universitarios. “Nosotros decimos que al llevar la universidad a la cárcel ‘plantamos la bandera pedagógica’ a pesar y en contra del encierro”, agrega.

Tres centros universitarios dependen del programa UBA XXII: dos funcionan en el CPF I y el CPF IV del penal de Ezeiza y el otro es el CUD, que en tamaño es el más importante, además de que cuenta con un aula por facultad, una biblioteca enorme y hasta un aula magna.

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“Una experiencia como ésta mejora la vida de las personas y de la sociedad. Circula una idea punitivista de imponer castigo ‘a como se dé’, pero la realidad es que la forma en la que las personas atraviesan su detención afecta en forma radical lo que pasa después. Y no lo digo solamente por lo que suceda con sus vidas. Cuanta más educación y más trabajo haya, más segura va a estar toda la sociedad”, reflexiona Bustelo.

“Se trata de un espacio de pertenencia que realmente mejora la cárcel y también la universidad”, dice la docente. Aunque advierte: “Pero ojo. No se trata de una defensa de la cárcel. Nosotros no defendemos el encierro y no estamos tampoco a favor del concepto de ‘resocialización’, porque las personas detenidas ya forman parte de la sociedad. Pero sí creemos que, si de momento la cárcel es la única solución, entonces tiene que ser el mejor lugar posible para estar”.

Biblioteca del CUD. Foto: Ana Camarda

Una caja de resonancia

Los propios estudiantes del CUD difundieron un comunicado en el que enumeran todo lo que se logró construir junto a actores estatales y de la sociedad civil:

“Fundaron un centro de estudiantes, cooperativas, una asesoría legal gratuita para detenidos y un sindicato de trabajadores privados de la libertad. Organizaron reuniones con representantes de todos los pabellones con autoridades penitenciarias, ministeriales y de organismos de control para promover políticas respetuosas de los derechos humanos. Promovieron reformas legales fundamentales en nuestro sistema de ejecución de las penas, como la sanción de arrestos domiciliarios para mujeres embarazadas y madres de niños y niñas menores, y la ley de estímulo educativo”.

La revista La Resistencia –que se produce en el penal como parte del taller de edición de revistas del CUD y que edita la Facultad de Filosofía y Letras– reproduce algunos testimonios muy elocuentes acerca del parteaguas que el espacio significa en la vida de los reclusos. Uno de ellos cuenta que casi de casualidad se acercó a uno de los talleres, y luego el hecho de estar en contacto con la vida universitaria lo empujó a terminar la secundaria y hacer el CBC:

“En el CUD pude encontrar algo fuera de lo común para mí, con el tiempo sentí que cambié, que ya no quería ser la persona la cual ingresó años atrás a esta cárcel –escribe allí “Astrix”–. Ahora siento, pienso y hasta actúo diferente. Tomo las verdaderas prioridades como importantes y no las tumbeadas como un principio de vida. Hoy miro el CUD y me emociono hasta las lágrimas y agradezco todo en silencio (modo cárcel). Ya pasaron siete años y un par de meses desde que lo conocí; estoy a punto de recibirme de psicólogo y también de recuperar mi libertad tan esperada”.

En el último episodio del podcast RadiOculta, también producido en el marco del CUD junto a FM La Tribu y la Facultad de Filosofía y Letras, llamaba uno de los presos a no olvidar que “Devoto es la caja de resonancia de todos los reclamos carcelarios de la Argentina. Cerrando el núcleo fuerte, que es donde también está el CUD, es donde se debilita la posibilidad de que otros penales puedan tener beneficios”.

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“Nunca se vivió una situación como la actual”, denuncia Bustelo. El año pasado la resolución 372-2025 del Ministerio de Seguridad prohibió los centros de estudiantes en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal. También que los alumnos puedan permanecer por fuera del horario de cursada en el espacio donde funciona el CUD (por caso en la biblioteca, donde además de silencio encuentran la posibilidad de cruzarse con docentes para canalizar consultas).

Reclamo de familiares de presos, docentes y organizaciones comunitarias por la continuidad del CUD y el «No al traslado».

“¿Sacar una resolución para que no se puedan quedar estudiando en la biblioteca?” –se pregunta Bustelo–. “Jamás se dio un problema en esos espacios. Hay, por ejemplo, un estudiante que ya tiene un título de sociólogo y otro de abogado, y ahora va por un doctorado. Pero no le están dejando lugar dónde estudiar, porque no es igual la situación en el pabellón a la de una biblioteca silenciosa. Pretenden que haga carpintería o que se ponga a tallar mates –describe la docente–. La sensación es que todo es trabar, trabar, trabar. Trabar y desmoralizarte”.

El traslado a Marcos Paz –prometido para 2026– sería inminente. Por ahora el cuatrimestre en el CUD arranca, aunque el panorama es bien incierto. No hay información oficial acerca de la continuidad del programa, que resulta muy autogestivo por parte de cada facultad y exige un enorme compromiso personal de los profesores. “Estamos desde hace mucho tiempo ahí –concluye Bustelo–. Y nos sentimos parte de esta comunidad que, además de educativa y universitaria, es también política y afectiva”.

Educación y reincidencia

Si bien no hay en la Argentina datos estadísticos precisos acerca de la reincidencia, diversos estudios indican que entre siete y ocho de cada diez presos vuelven a delinquir luego de salir de la prisión. En ese sentido, el CUD genera un impacto más que positivo: según datos de la propia UBA, la tasa de reincidencia en el delito de los estudiantes del CUD es de menos del 2,5%. Tanto los nuevos conocimientos que adquieren los estudiantes, como el cambio de mentalidad y el vínculo con los docentes, los ayudan a transitar el post encierro.

FUENTES: Alejandro Miguel Sanz y Darío Núñez Bensandon, La educación como medio para la reinserción social; Ana Mazzadi y Ludmila Azul Pérez, Centro Universitario de Devoto: educación y reincidencia.


Contacto vía Instagram:
@escrituraenlacarcel
@darmargen


Links de interés:

El comunicado de los estudiantes: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfqMRtZA2mmo4aiWMCgXzVSkaPJhxrQF0VFHcf6JzSjFSId7A/viewform

Revista La Resistencia:
https://drive.google.com/file/d/1XgPy0dFeiBh_IHe2S6WPjMNDyB_irTnb/view

Podcast RadiOculta:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLpy4YHAlJtvof64SwDFQQujnAsNskUNRU


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