¡Al ritmo de la murga!

Vuelven Los Pitucos a ensayar en la cortada junto a las vías del San Martín, desplegando solidaridad, memoria y amor al arte con bombos y platillos.

Naranja, violeta y blanco son sus colores. Brillan en los murales que dan vida a los paredones de la cortada. Naranja en los firuletes que decoran los bombos; violeta en las galeras, naranja en las plumas, blanco en las lentejuelas. El tricolor afirma la identidad del poste que señala el cruce de dos calles: Emilio Lamarca y Ricardo Gutierrez. “Centro Murga Los Pitucos”, reza un cartel. El sonido del tren no llega a opacar el ritmo de la percusión, el canto y el baile que ensayan el festejo de este fin de año y despuntan lo que será el carnaval de febrero.

Nacieron en mayo del 98. Un centro cultural llamado “Creer, Crear, Crecer” fue su primera casa, en Campana y Beiró. Plantaron bandera en Villa del Parque y, respetando las tradiciones, pidieron a viejos murgueros de barrios aledaños que les den la bendición.

Luego fue elegir el nombre y un escudo. “Pituco” es una palabra coloquial, utilizada para identificar a personas de la alta sociedad. Dando pie a la parodia, así decidieron llamarse. Y siguiendo el juego, en uno de sus escudos estamparon a Gold Silver, el multimillonario de la tira animada Hijitus.

Racing Club fue su segunda casa, cuando los cobijó en su sede de Nogoyá y Helguera. La tercera fue el polideportivo Parque Onega, en Av. Mosconi y Bahía Blanca, cruzando las fronteras barriales hacia Villa Devoto. Finalmente recalaron junto a las vías y a ese tramo de Ricardo Gutiérrez (un raro rincón fabril en el entorno residencial) le estamparon su sello con murales y carteles. El tren trajo pitucos y pitucas de todas partes llenando de diversidad la banda. Ahora son una treintena, desde niños hasta mayores, pero siempre llega alguien nuevo, siempre hay movimiento.

La música del dar

Juan Ignacio Castro Revuelta, más conocido como Nacho, es uno de los referentes de Los Pitucos. Tiene 38 años, trabaja en la Biblioteca del Congreso de la Nación, y hace doce que entró a la murga. Viendo los ensayos fue que se enganchó. Él es uno de los encargados de la organización de las acciones comunitarias que lleva adelante el grupo, porque a los Pitucos no solo los convoca el carnaval.

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La pandemia potenció esa otra faceta murguera que es la solidaridad. Al igual que muchos clubes, sociedades de fomento, cooperadoras, ellos también preparan viandas, entregan bolsones, cocinan una olla sábado por medio. “Aprovechando que la estación está cerca, la gente venía de todos lados y se llevaba su comida, después se sube otra vez al tren para volver a su casa”, cuenta Nacho.

Ahora los ocupan las canastas navideñas. “Estamos recaudando dinero entre los vecinos y los propios murgueros, con lo que juntemos vamos a comprar las canastas. También recibimos libros y juguetes para repartir entre los chicos en Navidad”, Nacho aprovecha para hacer llegar la convocatoria a quien quiera hacer su aporte.

«¿Le sacaste foto a la olla pituca?», pregunta a la fotógrafa la murguera Mónica Córdoba, y le cuenta: «Ahí estamos juntando las donaciones para comprar las canastas de Navidad.»

Resistir con alegría

Niños, jóvenes y adultos bailan hasta la transpiración. “Lo sentimos como una descarga, una forma de hacer catarsis con la vida, recordando también las causas que valen la pena”, resume Mónica Córdoba, madre de nueve hijos que a sus 60 años es otra de los referentes de la banda pituca, cuyos antecedentes la ubican entre los de la primera hora.

“Andan buscando por todos lados a la justicia y a la verdad, en democracia o en dictadura desaparecen y no vuelven más. Y nunca nadie ha visto nada, y siempre juega la impunidad. De lo que sí estamos muy seguros, es que esto ya no da para más”, son los versos de una canción que Los pitucos compusieron, conmovidos por la desaparición de Julio López. Canción que refleja una cualidad que los caracteriza: su contenido no es “payasesco”, ellos se manifiestan por los derechos sociales.

Cada año, cuando llega julio, la murga viaja a Jujuy. Purmamarca los encuentra junto a centenares de murgueros y militantes de los derechos humanos de todo el país. ¿Por qué Jujuy? “Desde el 98 vamos hasta allá para honrar la memoria de aquellos que desaparecieron en “La noche del apagón”, durante la dictadura militar del 76. Por cuatro días apagaron las luces de las localidades Libertador General San Martín y Calilegua, para secuestrar a unas cuatrocientas personas”, informa Mónica, por si alguien no conociera aquel episodio negro de nuestra historia. Los Pitucos aprovechan el viaje y llevan útiles y juguetes que reparten entre los jujeñitos que asisten a las escuelas y clubes de la zona.

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Los murgueros Nacho Castro Revuelta y Mónica Córdoba, un sábado en la cortada.

Siga el baile

“Si no creyera en la locura, en la razón de ser murgero, si no creyera en esta luna iluminando nuestro suelo, si no creyera en los latidos, que se aceleran en febrero…” así comienza la canción La maza pituca, mostrando influencias que trascienden fronteras.

Corre diciembre y ellos preparan sus cantos, cosen lentejuelas y aceitan las ruedas de un obelisco gigante para que pueda dar una vuelta completa por Villa del Parque, después de un año de quietud. Con alguna incertidumbre esperan que en el próximo carnaval el mítico corso de Cuenca y Marcos Sastre pueda realizarse, que las restricciones por la pandemia no lo cancelen.

Mientras tanto, la convocatoria es para el 18 de diciembre. Ese mediodía en la cortada, junto con la olla repartirán la canasta navideña. Y a la noche, a partir de las 20:00, mostrarán al barrio un poco del baile que llevan tantos meses queriendo soltar. Solo hace falta acercarse a la cortada, el sonido de los platillos y los bombos guiarán el camino. ♦


Murga Los Pitucos
Instagram: @murgalospitucos
Facebook: Centro Murga Los Pitucos de Villa del Parque y Devoto

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