Atrás de las persianas bajas

Con un gobierno esforzándose en sujetar más hilos que los posibles, con bolsillos enflaquecidos acá y allá: ¿cómo sobreviven las pymes y qué rol le toca a los bancos?

Por Mariana Lifschitz

El semáforo cambia a verde para ningún auto. Luego a rojo para ningún peatón. Las hojas del otoño se adueñan de la vereda sin niños que corran a pisarlas. Un improvisado cartel de delivery cuelga de la puerta cerrada de un bar.

Una voz en una radio en una cocina con una ventana que da a muchas otras ventanas, habla de los bancos. “Son servicio público, que actúen como tales”, dice, el día que los jubilados salieron en masa de su reclusión para pasarse demasiadas horas haciendo cola en la intemperie. Y en todas las cocinas se habla de lo mismo.

Entre las muchas contradicciones que la pandemia puso sobre la mesa, la de los bancos como servicio esencial versus los bancos como negocio, el viernes tensó su cuerda al extremo en esa imagen de los jubilados y jubiladas queriendo cobrar sus haberes.

Qué hay de las pymes

¿Cómo están viviendo este momento las pequeñas empresas?, le preguntamos a la contadora Elisabet Piacentini, especialista en el rubro y vicepresidenta de la Unión de Comerciantes de Villa del Parque y presidenta de la secretaría de Mujeres de la Federación de Comercio de Buenos Aires. “Con mucha dificultad, paralizados, con la incertidumbre de cuando van a poder volver a trabajar”, responde y especifica: “Los rubros cuyo quehacer implica juntar gente (hoteles, academias de baile, restaurantes) no le ven una salida muy próxima porque más allá que se levante la cuarentena la gente va a seguir temerosa.”

Piacentini describe al empresario o empresaria pyme como “una persona que vive mes a mes con una diferencia que le queda como si fuera un salario. Tiene que pagar alquiler, tarifas, monotributo, autónomos, cargas sociales. Algunos tienen dos o tres sueldos que cubrir y les está ingresando cero pesos.” Algunos entre elegir pagar cheques y pagar sueldos, prefieren pagar sueldos y después negociar con el proveedor el cheque que fue rechazado. Pero ese proveedor a su vez es una pyme que también tiene sus cosas que pagar y así es que la cadena está cortada.

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¡Auxilio! ¿Quién paga en la crisis?

“Primero el gobierno había sacado un decreto que decía que al liquidar los sueldos de marzo, lo trabajado del 20 al 30 no era remunerativo, es decir que no debería pagar cargas sociales. Entonces liquidamos así los recibos y eso le daba un poco más de plata en la mano a los empleados”, cuenta Piacentini. “El 1 de abril se anuló ese decreto y sacaron otro que dispone una ayuda a cada empresario para pagar sueldos, que puede llegar hasta un salario mínimo vital y móvil por cada empleado, y en cuanto a las cargas sociales se van a poder pagar más tarde, no en el vencimiento habitual del 9 de abril, y con una reducción importante.”

Ante la falta de movimiento en la economía el gobierno se dispone a distribuir efectivo. Muchos países lo están haciendo, pero el Estado argentino está empobrecido, lo sabemos.

Las pymes necesitamos que difieran los vencimientos: el IVA venció el 20 de marzo y no hubo ningún tipo de contemplación. El 9 vence autónomos: son casi 5000 $. El 13 Ingresos Brutos de la Ciudad: la gente tiene que pagar por ventas que hizo, que facturó pero no cobró, porque la empresa a la que le vendió canceló los pagos. En mi caso yo facturé honorarios pero no me pagaron. También el monotributo hay que pagar. Arba en provincia de Buenos Aires sí difirió el vencimiento”, así enuncia la contadora especialista en pymes otro auxilio que requeriría su sector.

Una de las tantas encrucijadas para este gobierno: si libera todos los vencimientos deja de recaudar y si el Estado que ya viene con un gran déficit no tiene ingreso, ¿con qué solventa toda su estructura, con qué cubre las ayudas que pretende dar, con qué plata compra reactivos, barbijos y respiradores?

Y ahí los bancos

El Poder Ejecutivo anunció créditos para pagar los sueldos, créditos que los bancos deben dar a sus clientes y que éstos empezarán a devolver dentro de 180 días, en doce cuotas, a una tasa del 24 %.

Banco Ciudad mandó a decir que sí los dará para aquellos clientes que ya tienen una carpeta de crédito aceptada. Banco Nación respondió que lo están implementando, todavía no está, y lo hará igual que el banco Ciudad: para clientes que ya tienen una carpeta de crédito pre-aprobada.” ¿Y qué hay de los bancos privados?, preguntamos a la contadora. “Los bancos privados no se están haciendo cargo. Van a tratar de demorarlo porque para ellos no es negocio.” Y expresa que es hora de “ponerle un límite a las entidades financieras. Han ganado muchísimo y no es que han invertido, al contrario, cada vez tienen menos empleados, cada vez tienen menos costo.”

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La idea del banco como servicio público va macerando en el sentido común a medida que los inconvenientes se suscitan en la interacción diaria con ellos. “Vos libraste un cheque pensando que ibas a tener una venta que no tuviste, sabés que será rechazado pero te quedás tranquila porque hay un decreto que estipula que por los cheques rechazados no deben cobrar multa, pero tu banco te cobra. Después le podés reclamar, sí, pero en el entretanto es una decepción más”. Así ejemplifica Piacentini el vínculo de las pymes con los bancos privados. “Querés acceder al crédito que el gobierno dice que te tienen que dar pero en la sucursal te dicen que antes presentes la carpeta a ver si calificás o no.”

Y en medio de todo esto, la gran cola de jubilados. “Declaran a los bancos como servicio esencial con otro DNU de Alberto Fernández”, titulaba un diario de circulación masiva la noche que siguió a la angustiosa imagen.

Es poco probable que a partir de este lío las entidades financieras privadas comiencen a comportarse como un aliado con responsabilidad social, pero si se asienta en el sentido común un reclamo en esa dirección, tal vez el gobierno pueda exigirles un poco de solidaridad. Una palabra que en estos tiempos necesitamos sea renovada. ♦

 

(*) Foto de portada: Centro comercial de Monte Castro durante la cuarentena. Autora: María Cristina Ribaudo (presidenta de la Asociación de Comerciantes de Monte Castro).

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