En una habitación abierta a las terrazas de Villa del Parque, entre el chapoteo del vecinito jugando en su pelopincho y el rumor de los autos circulando por la calle empedrada, Federico editó su película Desobediente.
En su PC tiene cargadas horas de entrevistas y de material de archivo. También guarda la edición de su documental anterior, Octubre 23, una historia de estudiantes secundarios. Cerca, sobre un estante, listos para la próxima jornada de rodaje, están su cámara digital, un trípode y un micrófono corbatero, las herramientas básicas de un documentalista independiente.
No era su sueño hacer películas, me cuenta cuando le pregunto qué lo trajo hasta acá. “Yo trabajo en televisión hace 20 años, edito trailers de series y programas en una productora que tiene varios canales de cable y mi trabajo me gusta. Llegué a la realización por un compañero de trabajo, un poco más grande que yo, que tenía una historia de su secundaria que quería contar y un día me convocó para que me sume a su proyecto.”
Conmoverse y conmover
Federico nació en 1977. Ni en esos años de dictadura ni en los primeros de la democracia recuperada sonaban cerca suyo las voces que denunciaban las violaciones a los derechos humanos. De adolescente le gustaba la música, tocaba la batería en bandas de rock y punkrock, iba a recitales y en una de esas se enteró que en Plaza de Mayo habría un concierto en el que tocarían Todos tus muertos, Los Fabulosos Cadillacs y Fito Páez. Ahí fue. Era un 24 de marzo, un evento convocado por las Madres de Plaza de Mayo.
— Federico: Al principio las marchas del 24 eran bastante pequeñas, solo de militantes, y para ampliar el espectro de gente fue que las Madres organizaban estos actos culturales. Yo tendría 15 años y en ese concierto empecé a anoticiarme sobre las desapariciones forzadas de personas, sobre la apropiación de bebés. Fue un antes y después en mi vida. Enterarme de lo que había pasado hizo que yo ya no pueda nunca más mirar para otro lado en relación a esos temas.
Ya adulto, Federico no dudó en sumarse cuando su compañero Martín Vergara le propuso hacer juntos la película sobre los estudiantes desaparecidos en el Nacional de Vicente López. Así como el arte había sido su puente, él podría también aportar su granito de arena. “Es lo que cierra un poco el círculo: yo escuché las historias de las desapariciones un 24 de marzo en un acto cultural y hoy yo también hago mi aporte desde lo cultural con películas que buscan despertar conciencia, sobre todo en las generaciones nuevas.”
Octubre 23, su primer documental, se llama así porque esa fue la fecha, en 1976, del secuestro de los estudiantes. La película entrevista a varios de sus compañeros y a algunos familiares. A través de un relato coral reconstruye quiénes fueron estos chicos y chicas, cómo vivían, qué les gustaba, de qué se trataba su militancia adolescente, cómo sucedió su secuestro y desaparición.
— Federico: Hicimos muchas presentaciones en centros culturales, en colegios y nos dimos el gusto de pasar la película en el mismo Nacional de Vicente López, donde era un tema del que no se había podido hablar mucho. Proyectar la película ahí fue un gran suceso y pasaron cosas pequeñas pero muy significativas para mí. Me quedó una frase de una chica de 19 años que después de ver la película dijo: “En mi familia siempre me dijeron que algo habrían hecho los desaparecidos. Y la película me deja pensando, ahora tengo dos horas de colectivo y voy a aprovecharlas para investigar en el celu”. ¡Que una chica me diga eso para mí ya es ganar! Otro chico, uno que estaba todavía en el secundario, me dijo que leer la historia de los desaparecidos era como leer que San Martín cruzó los Andes, en cambio poder ver a una persona, que ahora tiene sus sesenta y pico, contándole una historia de su secundario, lo volvía más cercano. Me parece que el audiovisual tiene eso de interesante, por eso me apasiona.
Después de esta experiencia Federico se dijo: “esto es lo que yo quiero hacer en mi vida, todo lo demás es trabajo y está muy bien, pero yo quiero hacer películas sobre derechos humanos”. Corría el año 2017 y nacía el movimiento Historias Desobedientes.
El viaje de Analía
El padre de Analía Kalinec era policía de la Federal durante la dictadura y en los “Juicios por la verdad” se demostró que había sido parte del accionar ilegal en tres centros clandestinos: Club Atlético, Banco y Olimpo. A causa de los testimonios que lo acusan, en 2010 fue preso por delitos de lesa humanidad. Sin embargo, era un padre querido por Analía, idolatrado incluso.
Durante años, ella pensó que había un error y que su papá pronto sería liberado, hasta que se decidió a leer las declaraciones de las víctimas. Este hito de su historia personal coincidió temporalmente con el auge del movimiento feminista. Analía comenzó a enfrentar a su padre, escribió en Facebook una “Carta abierta a un represor”. Años después, la revista Anfibia publicó un texto de Mariana Dopazo, la hija de Etchecolatz, que llevaba como título la frase “Marché contra mi padre genocida”.
— Federico: Analía Kalinec, la protagonista de mi peli, empieza a mirar los comentarios que hacían de la nota de Mariana en Facebook y se encuentra con que había gente que tenía historias parecidas a la suya. A partir de las redes sociales se empiezan a conocer y a juntarse. Al principio eran cinco o seis. Después, salió una nota en Tiempo Argentino y de repente se volvió más masivo. En junio de 2017, se sumaron como colectivo (cinco mujeres y un varón) a la primera marcha del «Ni una menos». Ese respaldo de la calle feminista las empoderó, las ayudó a romper el mandato patriarcal de sus familias conservadoras, del padre militar. Y en el 2018 marcharon por primera vez un 24 de marzo con su bandera de “Historias desobedientes”.
Desobediente, el documental
A partir de la experiencia de Analía Kalinec, Federico narra en su película cómo se crea en Argentina el colectivo de «hijas e hijos de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia». Acompaña a su protagonista en un viaje, físico y emocional, a encontrarse con víctimas de su padre y con otros familiares de torturadores en Chile, Uruguay, Paraguay, España y Alemania.
«Yo terminé la película en diciembre, con Eduardo Kalinec preso, y ese mismo mes salió en libertad condicional. Tuve que cambiar la placa de cierre porque decía que estaba en la cárcel de Ezeiza cumpliendo su condena y que tenía salidas transitorias, cosa que ya sabíamos que había logrado», dice Federico, no sin zozobra por la nueva realidad.
El cambio en el discurso oficial y en el debate público refuerzan su convicción: “Si bien creo que hay un gran porcentaje de la población que sabe que la defensa de los derechos humanos es algo indiscutible, hay otros que dudan. Por eso me parece importante seguir trabajando para generar conciencia«, dice el director, y concluye: «Hay 30.000 historias por contar».
«Desobediente», de Federico Coringrato, tendrá su estreno próximamente. Toda la información será publicada en el Instagram @desobediente_documental
