Vivi volvió al barrio hace tres años, a la casa donde se crió. Cruzando la calle está el club de su infancia, que encontró con puerta cerrada y las persianas bajas. Ver así un lugar tan vivo en su memoria no la conformaba.
— Vivi: Desde los cinco años yo siempre venía, acompañando a mi papá. Los hombres jugaban a las cartas, al dominó, a las bochas, al billar. También venían mis abuelos, mis tíos, mis primos. Mi padrino fue uno de los buffeteros. Veníamos la familia, veníamos los vecinos. Festejábamos los carnavales y los 25 de Mayo. Eso continuó, continuó, continuó, hasta que un día yo no vine más.
Cuando se casó, Vivi se mudó de barrio. Con el tiempo fueron falleciendo esos adultos que llenaban sus recuerdos de las tardes en el club. De todos modos, aunque con poca gente, el lugar seguía activo. Hasta que la pandemia lo llevó al cierre y desde entonces permaneció así, casi sin actividad.
En otro giro de la vida, con los hijos ya grandes, Vivi volvió a Villa Santa Rita. Un día se decidió a cruzar César Díaz y tocar el timbre de la Asociación de Fomento. “Había tres hombres grandes, me senté con ellos… No aparecían socios. Siendo mujer, les costaba aceptarme porque son gente de otra generación, pero me dejaban porque mi apellido tiene una historia acá. Volví, les insistí, le hablé a mi hermana, a mi amiga, a otras vecinas más para que vengan a ayudarme. Y así empezamos a reactivarlo hace un año.”

Hoy son cuatro mujeres las que llevan el timón de la Asociación 25 de Mayo: Marcela Rossini (Vivi), su hermana Patricia Rossini, una amiga de toda la vida, Fabiana Isa, y Ana Vignau, profe de gimnasia histórica del club. Con la colaboración de Lorena, la contadora.
— Vivi: Hubo gente que se copó desde el principio, sobre todo los vecinos que son hijos y nietos de los mayores históricos del club. Empezamos a juntarnos a cenar los días martes. Después vino mucha gente que ha querido colaborar y así lo pudimos empezar a abrir.
La Asociación 25 de Mayo tiene un edificio fantástico. Al cruzar la puerta se entra a un buffet espacioso; continuando hacia el interior se llega a un patio descubierto con parrilla, que atrás tiene un quincho. El salón principal tiene un escenario y está acondicionado para fiestas, reuniones y clases. En el último año, la nueva comisión directiva renovó el salón e instaló dos aires acondicionados. También compraron un freezer, una heladera e hicieron arreglar los baños. Arreglos para los que contaron con la ayuda especial de Raúl y Miguel.
Cuenta Vivi que la gente que entra por primera vez, dice “¡Que hermoso club, no lo conocíamos, pensábamos que era una casa!” y confiesa que eso les causa sorpresa, porque para ellos es normal que el club sea así de lindo.
Un espacio de encuentro recuperado
Nada más hacía falta que una vecina se decida y convoque. Rápidamente, quedó claro que en el barrio son muchos los que tienen ganas de azuzar el fuego en el que se cocinan las causas buenas.
“Están volviendo amigos de la infancia de la calle César Díaz a compartir un asado, a jugar al truco, a dar una mano y disfrutar en la Asociación”, cuenta Vivi reconfortada, y agrega: “el proyecto es que esto siga creciendo, sumar más actividades, volver a abrir el centro de jubilados”.
Hoy en el club hay clases de gimnasia (con la reconocida profe Ana) y de zumba (con las profes Roo, Daniela y Mara, que traen al salón su «Crazy Dance»). El Coro Metacanto, dirigido por el maestro Gabriel Lage, se reúne los martes a interpretar música latinoamericana. Los jueves a la tarde Sandra Ledo y Mariana Osorio invitan a los mayores de 55 a un «espacio de autoconocimiento y desarrollo personal« a través de juegos y actividades creativas.

Un viernes al mes se juega al truco. Estos torneos, que son todo un éxito, cuenta Vivi que «nacieron por iniciativa de un joven, Diego, que estaba copado con organizarlos, le dimos la oportunidad y la verdad que resultó. Le decimos «el director». Nosotros ponemos los mazos de cartas y vendemos deliciosas hamburguesas y sandwiches de vacío que hacemos en la parrilla.” El próximo torneo de truco será el viernes 8 de mayo. También hay reuniones de amigas para jugar al burako. Y una «milonga con aires de peña«, que organiza Johanna, «la piba de la puerta».
La 25 de Mayo ofrece el espacio en alquiler para fiestas (lo recaudado ayuda a seguir mejorando el edificio). “Acá se han hecho casamientos, comuniones, cumpleaños de 15, de 50, de 80. Tenemos mesas y sillas para 120 personas”, dice Vivi. En este club también volvieron, aunque más modestos que en la época de oro, los bailes de carnaval y la fiesta del día patrio. Próximamente será su cumpleaños 114 y el 25 de mayo habrá festejo.
Toda la vecindad de Villa Santa Rita y alrededores está avisada: el barrio recuperó un club que los espera con la puerta abierta.
(*) Foto de portada: En la ventana abierta de la Asociación 25 de Mayo están asomados Patricia y Marcela (Vivi) Rossini, Miguel y Fabiana Isa.
Asociación de Fomento y Cultura Popular 25 de Mayo
Dirección: César Díaz 3550 y Concordia
Instagram: @asoc.25demayo
