Raro Café Cultural

Ellos dicen que una cafetería así necesita de un barrio como Villa del Parque "adentro", en el que seis meses después de inaugurado ya se conocen los nombre de todos los perros vecinos. En Raro Café Cultural la gente baja la máquina, conecta con el lugar, con los otros, con los libros, con la música. Y por supuesto, se toma un café delicioso.

¿Qué tiene de raro esta cafetería? Una biblioteca con libros elegidos de las casas de Mauro y Fernando, una bandeja de vinilos para reproducir música, la ubicación en una calle «barrio adentro», lejos del ruido. Y la intención de ellos dos: brindar un espacio donde, además del café rico y la pastelería casera, se disfrute de estar en comunidad.

No hace mucho tiempo Fernando Bruno volvía a Argentina. Traía en su valija cinco años de vida en Europa. Se había ido con un título de barista y allá, dice, tuvo la suerte de trabajar en muchos lugares distintos: “en cadenas multinacionales enormes y en bares super chiquitos, en restaurantes con varios empleados y en un food truck de café en el que laburábamos el dueño y yo». Regresó a Argentina soñando con abrir una cafetería «muy parecida a lo que ahora es Raro”.

En cambio Mauro Rodríguez Pesce viene de otro mundo: «Siempre tuve laburos administrativos. Con las crisis del país la empresa en la que estaba se achicó y quedé afuera. Y yo lo sentí como una oportunidad para hacer algo completamente distinto, entonces empecé a trabajar como camarero en Ifigenia.” En ese café literario se conocieron los dos amigos. Ahí Mauro aprendió todo sobre el rubro y Fernando, que entró como barista, confirmó que el sueño que traía de Europa era posible.

“En los turnos que hacíamos los dos, entre una cosa y otra empezamos a diseñar una cafetería propia sin saber que algún día iba a materializarse”, dice Mauro. El día llegó apenas unos meses después, cuando Ifigenia dejó la esquinita de Villa General Mitre y se mudó a San Telmo.

— Mauro: De un momento a otro ya teníamos alquilado un local y habíamos tomado las medidas para poner las mesas.

— Fernando: Nos metimos a hacer todo, colocamos el piso, pintamos las paredes, armamos el mobiliario. Cada tornillo lo pusimos nosotros.

— Mauro: Yo siento que es como un privilegio absoluto haberlo conocido a Fer y que esto haya sido posible… en este contexto, además.

— Fernando: Eso ni hablar, que en este contexto hayamos podido soñar algo y hacerlo, y que tan rápido se haya prendido la chispa… Nosotros todavía nos asombramos, abrimos y al mes ya teníamos gente habitué, gente del barrio agradeciendo un montón la propuesta. No cumplimos seis meses y a veces la sensación es que estamos acá hace dos años.

La rareza como virtud

¿Cuál es el origen del nombre?

— Mauro: El primer nombre que pensamos era “bicho raro”. Nosotros somos cero futboleros, pero algunos nos hicieron notar que en el barrio está Argentinos Juniors, “el bicho”, y que acá cerca está la cancha de All Boys… Nos convencieron de desistir de esa idea.

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— Fernando: Pero el concepto que escribimos para fundamentar el “bicho raro” sí se sostuvo, que era habernos sentido bichos raros en muchos momentos de nuestras vidas.

— Mauro: A mí me dolía mucho ser raro de chico porque todo el tiempo me lo insinuaban. «Es rara la música que te gusta.» «Qué raro que no sepas de fútbol.» «Es raro cómo te vestís.» Y hoy me parece mejor ser raro, me alegra ser raro.

— Fernando: Yo soy de La Pampa y me vine acá, solo a los 18 años, a estudiar. De todas las migraciones que tuve sigo sosteniendo que la migración con más impacto desde lo cultural es la del interior hacia la capital. Yo vi por primera vez un subte, me tomé por primera vez un colectivo cuando me vine para acá. Pensá que la cantidad de gente que habita en toda mi provincia entra en pocas manzanas de Palermo. Vivir acá siendo del interior es ser un raro permanente.

Con sus rarezas, Mauro y Fernando construyeron un espacio que convoca a almas afines. Dice Mauro: «Yo creo que la gente que busca este tipo de espacios los está buscando todo el tiempo en todos lados. Suele pasar que algunas personas pasan por la vereda y frenan, miran, se ve que sienten algo, un ¨yo podría estar acá¨.»

La distribución misma del mobiliario la pensaron de tal manera que propicie eso de «generar comunidad». Dice Fernando: «Para nosotros era importante que físicamente las mesas estén conectadas y comunicadas. Por ahí se dan charlas de una mesa a otra y a veces nosotros somos un poquito el director de orquesta. Por ejemplo, si estás vos sentada ahí y está Pablo sentado allá, un cliente amigo que es documentalista, nosotros lo único que le decimos es: ¨che, sabés que ella es la que dirige el Vínculos Vecinales y es documentalista¨. Y listo, nosotros no tenemos más nada que hacer, seguimos trabajando, pero estamos generando el nexo todo el tiempo.»

En este diseño que crea lazos, también la biblioteca tiene un rol protagónico, pequeña pero con una curaduría precisa. Hay libros de ensayo, de poesía, de cuentos. Hay novelas, novelas gráficas y cómics. También libros de artes visuales y una sección de literatura infantil.

— Mauro: hay muchísimos libros de fotografía porque Fer es fotógrafo. Dentro de los libros que aporté yo hay varios de Kafka, que me gusta mucho, me parece que es el raro más raro de todos. Otro de mis favoritos es “Las malas” de Camila Sosa Villalba. Hay una vecina, Norma, que venía a leerlo y le dejaba su señalador puesto hasta que lo terminó.

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Un café especial

A la expresión “café de especialidad” Mauro la discute porque le suena pretenciosa, le gusta más decir que en Raro sirven un café especial. A Fernando, que estudió cafetería, le gusta el concepto y lo explica: “es una traducción del inglés, de specialty coffee, y hace referencia a una manera de cultivar el café, una manera de cosecharlo, una manera de tostarlo y una manera de servirlo”. De todos modos, le concede a su amigo: “Coincido que en este lugar nosotros no quisimos hacer tanto hincapié en que es una cafetería de especialidad sino en que servimos un café rico, que está bien preparado”.

¿Cómo eligieron el café?

— Fernando: Al tostador, Charly, lo conozco hace mucho. Él trae de Honduras un café producido por una cooperativa de pequeños agricultores con los que trabaja hace más de 10 años. Son familias que cultivan sin pesticida y cosechan a mano. Por no ser industrial uno puede conocer la historia, y nos llega a nosotros un café que tiene mucho que ver con la identidad de este lugar, con un estándar de calidad altísimo.

También la pastelería de Raro es artesanal. Los productos estrella son los laminados: las medialunas, el pain au chocolat y el rol de canela, que son de masa madre y orgánicos. «Los hace un amigo que tiene su propia pastelería en San Fernando -dice Mauro-. Una vez por semana él nos manda los productos crudos. Nosotros todas las noches dejamos leudando el stock del día siguiente y a la mañana lo horneamos.»

Cultura en Raro

A veces Raro Café se transforma en un pequeño auditorio en el que cabe un público de 18 personas; a veces los conciertos son en la vereda. Hubo también este verano una feria de libros usados, organizada junto a la vecina librería Intelecto. Una de las paredes hace las veces de galería de arte fotográfico con muestras que rotan mes a mes. «La idea es hacer presentaciones de libros, queremos armar una jam de poesía, un club de lectura, un club de cine… Ideas hay un montón, pero bueno, de a poquito».

(*) Autor foto de portada: Fernando Bruno


Raro Café Cultural
Llavallol 2448, Villa del Parque
Instagram:@raro.cafecultural

2 comentarios en “Raro Café Cultural

  1. Hermosa nota a un café con un alma tan bella como la de sus dueños. Es una café al que conocí casi cuando inició y que me hizo sentir ese instante de paz necesario para comenzar el día. Todo es amable alli. La música, Mauro y Fer, las gentes que van y que voy conociendo. Leer la nota ha sido un gusto enorme!!!

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