“Maestros Ala de colibrí”, un camino de ida y vuelta

Apostar a las transformaciones posibles es el motor del proyecto “Maestros Ala de Colibrí”. Una propuesta que involucra a docentes, artistas, talleristas voluntarios que desde Monte Castro y alrededores viajan cada sábado a General Rodríguez para encontrarse con las infancias que concurren a la Casa de la Niñez.

Desde hace cinco años, sábado tras sábado, un grupo de docentes viaja desde los barrios de Monte Castro, Villa Real, Villa Santa Rita y alrededores hasta Gral. Rodríguez para encontrarse con un grupo de chicas y chicos. La propuesta, motivada en sus inicios por la necesidad de acompañar a esas infancias -en un contexto de pandemia y de desvinculación con la escuela- ha ido evolucionando y creciendo. Apuesta sobre todo a la riqueza de los vínculos que se establecen en los encuentros reiterados y sostenidos en el tiempo, a las transformaciones posibles y a generar condiciones para que cada chica, cada chico, se encuentre, como dice Alejandro Papadopulos – referente de esta experiencia – con su poder.

En un inicio: hacer un puente con la escuela

Fue Neri (Nélido de Jesús Cabrera Marín) quien dio la voz de alerta en el 2021, desde el barrio San Carlos. Le preocupaba la situación de las infancias y acudió a su amigo, con quien años atrás había trabajado en una escuela en la que él era portero y Alejandro docente. Como un símbolo de lo que iba a suceder, esa puerta abierta de la escuela es también lo que estuvo en juego.

En un ida y vuelta entre Gral. Rodríguez y Monte Castro, donde Alejandro trabajó durante 23 años como director del Colegio Integral Nuevos Ayres, se armó esta propuesta junto a docentes de esa y otras escuelas de la zona.

“La cosa era simple”, cuenta Alejandro, y aunque no parece tan simple podemos imaginar cómo fueron esos primeros momentos. El trayecto lo hacían en el único auto que estaba a disposición (el suyo). En ese entonces iban por las tardes (de 14.00 h a 18.00 h), buscando que: “los pibes y pibas se alfabetizaran, hicieran algunas de las tareas que enviaba la escuela a los teléfonos de las familias, tuvieran experiencias literarias, lúdicas, artísticas”.

Los encuentros sucedían en la casa quinta de Alejandro, vecina de lo de Neri, a una escala pequeña, vecinal, seis, siete, quizás diez chicos se acercaban en ese momento: “Partimos de una relación, de un vínculo, de un lazo que imaginamos envolvente para abrazar las muchas dificultades que advertíamos en la vida de estas pibas y pibes. Algunas, desde lo más básico, como tener un lugar donde vivir, un techo, una mínima estabilidad para sus vidas y la de sus familias”.

Jóvenes y peques compartiendo el juego en la Casa de la Niñez.

Comunizar nuestras vidas”

Rápidamente, esto llevó a buscar colaboraciones con vecinas y vecinos, tanto en Gral. Rodríguez como en los barrios de residencia de los maestros implicados. Al poco andar, se fue constituyendo una red de personas que, desde sus propios quehaceres, fueron articulando acciones comunes.

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Entre ellos: indispensables colaboradores del merendero “Creando Lazos”, del Colegio Integral Nuevos Ayres, que movilizó no solo a docentes sino también a las abuelas del proyecto literario “Abueleando”, que “han sido el deleite de nuestros pibes en diferentes momentos del año”, cuenta Alejandro. También Casa Yerbal, que desde Villa Luro facilitó paseos y festejos.

Ha habido talleristas de distintas artes y ciencias, cada uno aportando lo suyo: un taller de inventos, otro de plástica, incluso uno de desafíos matemáticos y otro de cine. Una de las colaboradoras se ocupa de organizar colectas para cubrir gastos diversos, entre ellos, el traslado semanal de los profes que viajan desde capital.

Cabe aquí mencionar la presencia de docentes también de Gral. Rodríguez y de mamás, que se han sumado al equipo colaborando amorosamente con diversidad de tareas, aportando su grano de arena para que la cosa salga. También algunos adolescentes han empezado a movilizar sus propios saberes y disposiciones para dar talleres y/o acompañar a los más pequeños.

No existe, entonces, una manera de participar sino varias. Ni es una experiencia que incluya exclusivamente a docentes. Cada cual, teniendo la voluntad de estar, se involucra según sus posibilidades. Se puede precisar que, aunque algunas propuestas pueden ser remuneradas, el proyecto se ha sustentado en el voluntariado.

Alejandro subraya el rol de la Casa de la Niñez “Libertad Lamarque” que, a partir del año 2022, ofreció llevar ahí la propuesta: “Pone a disposición los espacios, aporta desayunos, almuerzos –preparados por las cocineras de la Casa–, y todos los recursos que tienen a la mano para que nuestras actividades sean posibles. También hace de red de contención y acompaña a pibas, pibes y sus familias, en momentos en que la realidad golpea con fuerza a muchas de ellas”.

“Quizá el objetivo central –comenta Alejandro– es comunizar nuestras vidas, enlazarlas haciendo contacto con aquellas aristas que permitan que la vida de los pibes y las pibas del barrio con los cuales compartimos cada sábado sea un poco mejor, abra allí nuevas posibilidades de crecer, de aprender, de entusiasmarse, de curiosear, de jugar, de imaginar una vida para sí y para todos. Nos interesa mucho que las pibas y pibes se encuentren con su poder, encuentren adultos y adultas con los que pueden contar para imaginar una vida, para rebasar el destino que esta sociedad tan desigual les tiene asignado.”

«Nosotros elegimos detenernos en lo posible»

Cuenta Laura Benza, una de las primeras maestras en sumarse al proyecto, que Deo tenía seis años cuando la conoció: “No hablaba. Se escondía detrás de una pared, detrás de un banco, detrás de otros cuerpos. Su silencio era denso, como si el mundo fuera demasiado grande. Nunca la apuramos. Le acercábamos hojas, colores, cuentos. A veces se llevaba un lápiz. A veces solo miraba. Durante semanas su manera de estar fue esa: bordeando. Un día se quedó un rato más. Otro día se sentó cerca. Después empezó a mirar a los ojos. Mucho tiempo después abrazó. Recuerdo el día en que se quedó sentada un ratito más cerca. Nadie dijo nada, pero pasó de esconderse a estar”.

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Rememorando esos primeros momentos, Laura acota: “Si tengo que decir qué fue lo medular para mí, no fue la escuela. Fue el vínculo. Fue animarnos a mirar a cada piba y pibe no desde lo que falta, sino desde lo que late. En un contexto donde todo parecía derrumbarse, donde la pandemia dejó al descubierto desigualdades brutales, nosotras, nosotros elegimos detenernos en lo posible. No creemos que venimos a ‘salvar’ a nadie. Venimos a estar. La escuela estaba, claro. Acompañábamos tareas, leíamos, escribíamos. Pero lo que verdaderamente transformaba era otra cosa: el encuentro. El arte. El juego. La palabra que aparece cuando se siente cuidado el cuerpo. A mí me interesa eso: crear un territorio donde puedan inventar mundos. Donde dibujar no sea una actividad sino una puerta. Donde una historia inventada sea también un ensayo de futuro. Porque cuando una niña puede imaginar, algo se desacomoda en el destino que parecía fijo”.

Inspirada en una canción de Silvio Rodríguez, “Maestros Ala de colibrí” es entonces una propuesta pedagógica y recreativa en viaje. En constante evolución a partir de una afinidad de miras.

Hoy, los encuentros suceden una vez por semana, los sábados a la mañana, en La Casa de la Niñez de Gral. Rodríguez. Concurren alrededor de cincuenta chicos, entre 4 y 18 años. Algunas actividades siguen siendo pensadas en su nexo con la escuela (apoyo escolar, matemáticas, por ejemplo), otras no. Hay deporte, juegos, espacios de arte, espacios de lectura.

Se puede enfatizar: la propuesta está abierta para que surjan nuevas y diversas colaboraciones. Como en las orquestas o en los teatros, cada cual debe descubrir su rol, su forma peculiar de estar. Sabiendo también que todo aquel que pretende enseñar ha venido a aprender.


Maestros Ala de Colibrí
Mail: apapadopulos2014@gmail.com
Instagram: @maestrosaladecolibri

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