Tocaron tres orquestas esa noche en el bar del Abasto. Enrique se presentó con la suya,Los Reyes del Tango, y un violinista joven, integrante de otra de las formaciones, después del show se le acercó y le dijo: “Maestro, disculpe, sé que usted fue primer violín en la orquesta de Mario Demarco. Yo me sé todos los arreglos, ¡y no puedo creer que un tipo escriba así!” El comentario lo hizo viajar sesenta años atrás, y Enrique le contó al colega algunas anécdotas:
“Cuando nos juntábamos a ensayar en la casa de Mario, en Villa Urquiza, ¡la cantidad de gente que golpeaba la puerta para pedirle que lo acompañe con su bandoneón! Argentino Ledesma, Edmundo Rivero… A veces Mario abría un armario y nos decía: «Chicos, vamos a probar de tocar esto que escribí el otro día…», un día sacó un arreglo de un tango que se llama Clavel del Aire, empezamos a tocar los tres violines. ¡Tenía unos movimientos contrarios!…”
Volviendo desde el recuerdo al presente, en la sala del primer piso de la Sociedad Friulana donde conversamos, Enrique me dice: “Demarco fue uno de los tres o cuatro mejores arregladores del tango”, y me aclara: “Vos sabes que los arreglos son los que hacen sonar a una orquesta, y a mí siempre me atrajo poder arreglar. Por eso, teniéndolo tan cerca, como director y como amigo, me puse a estudiar con él, y lo que aprendí fue algo invalorable.”
El lunes atardecía y Devoto entraba por las ventanas del salón: las vías del tren, las copas de los árboles y las casas hermosas. Enrique me mostraba su violín, fabricado en 1870: “Lo tenía un tío mío en Rosario, en el año 1904 se lo regaló a mi papá y años después mi papá me lo regaló a mí”. Me lo ofrece y yo caigo en la cuenta de que es la primera vez que tengo un violín en mis manos. “Esto se llama soporte, ésta es la mentonera, éste es el cordal. Éste es el botón donde resisten las cuerdas que entre sí tienen 40 kilos de tensión. Y esto es un afinador”, me va mostrando las partes del instrumento y y me cuenta que las cerdas del arco se fabrican con pelos de caballo. Luego se lo apoya en un hombro y escucho su música.

Imaginate esa época
“No había televisión, no había nada, entonces mucha gente estudiaba música.” En ese ambiente, Enrique empezó con el violín y su hermano Osvaldo, algo mayor, con el bandoneón. Iba al Conservatorio Municipal de Junín, donde vivieron durante cuatro años por el trabajo del padre, de oficio ferroviario, que fue el que los empujó a tomar clases: “Mi papá quería que los dos estudiemos música porque le gustaba mucho el tango”. De vuelta en Buenos Aires, Enrique pasó su adolescencia entre el violín y la escuela industrial.
“En 1960 comencé a tocar en orquestas”, dice, y el relato de sus 17 años se puebla de quienes fueron sus compañeros: “Toqué con el sexteto de Tito Ferrari durante mucho tiempo. Después con otro sexteto que se llamaba Chiqué nos presentábamos en lugares como el Centro Asturiano, el Centro Lucense. Cuando hice el curso de ingreso a la facultad de ingeniería justo se estaba formando una orquesta de cámara de la Universidad de Buenos Aires, y a mí me vino al pelo. Ensayábamos donde hoy es el Hospital de Clínicas, venían músicos de todas las facultades, había violines, viola, chelo, bajo, bajo continuo. Después fui parte de otra formación donde éramos todos músicos jóvenes. Yo había salido del servicio militar, tendría 22 años. Nos volvimos a juntar con Tito Ferrari y con otros y tocábamos al mediodía en Radio Libertad.”
En Radio Libertad fue que conoció a Mario Demarco, el bandoneonista que había tocado con Gobbi, que era arreglador en la orquesta de Pugliese, y que en la radio un día le dijo a Enrique y sus compañeros: «Muchachos, ¿no quieren formar una orquesta conmigo?”.
En las siguientes décadas, Enrique ya era conocido en el ambiente tanguero y el violín lo acompañaba a donde fuera. Siguió tocando con diferentes formaciones y hoy su memoria está repleta de música y de músicos. Entre todas esas vivencias, hay una de los años 90, compartida con su hermano, que quiere destacar: «Juntos integramos la orquesta de la hija de De Angelis, Gigi, donde fui primer violín durante cinco años»,».
Del Tortoni a Berlín
En el 2004 comenzó una de las experiencias más lindas a las que lo llevó el tango. Tocando en el Café Tortoni conoció a una contrabajista mexicana radicada en Berlín, Ofelia Stoll. Ella formaba parte de la Filarmónica de esa ciudad y además integraba un quinteto de tango. De paso por Buenos Aires fue al Tortoni y, luego de escucharlo a Enrique, se le acercó con una confesión y una propuesta. Le dijo: “En nuestro quinteto los músicos son todos muy buenos pero, discúlpeme la franqueza, tenemos unos arreglos de mierda. ¿No le gustaría escribir orquestaciones de tango para nosotros?” “Me puse de acuerdo con ella, le empecé a hacer los arreglos y se los mandaba por correo. Hice 25 arreglos en tres años.”
En 2009, un día le llegó desde Berlín la invitación: “Enrique, vamos a tocar con el quinteto en la Filarmónica de Berlín, tenés que venir a tocar con nosotros”. El violinista recibió el programa y vio que de los 20 temas 16 eran arreglos suyos. Viajó el argentino a Alemania y entre ensayo y ensayo -cuenta Enrique- se fue dando cuenta del desconocimiento que tenían esos músicos maravillosos del corazón del tango. Compartieron una intensa semana puliendo durante horas el sonido. Al despedirse, Ofelia le dijo: «Enrique, después de que vos estuviste ensayando y tocando con nosotros, nunca más vamos a volver a tocar como antes”. Sus arreglos viajaron por Europa en cada presentación del quinteto durante quince años más. “Yo te quiero decir… después de haber pisado el escenario de la Filarmónica de Berlín, yo ya estoy hecho”, sintetiza el violinista el saldo emocional de esa experiencia.
De vuelta y con ganas
Hoy, a sus 82 años Enrique integra la orquesta Los Reyes del Tango y el quinteto Yunta Tango, donde también está su hermano en el bandoneón.
“También me gusta mucho enseñar. Durante toda mi trayectoria, en cuanto el tiempo me lo permitía, me he dedicado a dar clases”, destaca. Todos los lunes a la tarde va con su violín a Devoto Tango Club (el polo tanguero que funciona en la Sociedad Friulana) listo para recibir tanto a violinistas experimentados que quieran saber los “yeites” del tango como a novatos.
Para quienes quieran empezar, va una aclaración suya: “¿Sabés cuál es el problema con el violín? Es muy difícil porque hacés con las dos manos cosas distintas. Vos me dirás: con el piano también, con la guitarra también. Pero la guitarra tiene trastes, el bandoneón tiene teclas, el violín no tiene nada, tiene el palito, las cuerdas y arreglate. Tardás tres años en sacar una nota que se pueda escuchar. Así que su estudio es para gente que tenga tiempo de practicar.”
Luego de esta aclaración, lanza una invitación para estimular a los que les pica el bichito: «Yo siempre les digo, cuando ustedes toquen algo ya pueden tocar conmigo. Yo les puedo dar un tema que esté a su nivel, escribo la segunda voz y tocamos a dos violines”.
Clases con Enrique Postma
Todos los lunes a las 17.30 en la Sociedad Friulana (Navarro 3974)
Instagram: @devoto.tango.club
Whatsapp: 11 5419-1136
