Flores y emociones: de una pradera inglesa a Villa Santa Rita

Victoria Villa es terapeuta floral. Llegó a las flores de Bach de muy joven, en el camino de buscar su bienestar emocional. ¿Dónde reside el poder de estas plantas? ¿Qué aportan al tratamiento de la salud mental? ¿Cuáles son sus límites? De estos temas conversamos con ella en su casa de Villa Santa Rita.

Un médico rural, en la Inglaterra de principios del siglo XX, cada mañana salía a dar un paseo y se detenía siempre en un prado florido. Respiraba hondo, había algo en esas flores que el médico intentaba identificar: la sensación de bienestar que le provocaban podía ser una llave para sus investigaciones. Él discutía con la medicina tradicional, disconforme con las múltiples dolencias que debían soportar los pacientes que atravesaban un tratamiento. Conocedor de la homeopatía, usó el mismo sistema que esta escuela para atrapar la energía de las flores y guardarla en un frasquito. Este médico se llamaba Eduard Bach.

En Buenos Aires, a principios del siglo XXI, una joven estudiante de filosofía había comenzado a tomar clases de canto. Un día, camino a su clase, se largó a llorar. Llorando tocó el timbre, secándose las lágrimas saludó a su profesora y cuando quiso empezar a cantar otra vez la angustia la desbordó, no podía parar. “Me veo en ese momento y me avergüenza -dice hoy Victoria- pero agradezco que haya pasado, porque ahí mi profesora me recomendó una terapeuta floral que además era psicóloga.»

«Arranqué con ella una terapia psicológica donde al final de la consulta me daba flores. Yo veía cómo preparaba la fórmula y las tomaba sin preguntarle nada, sentía que me hacía bien. Con el tiempo sí le empecé a preguntar, «Che, ¿qué me estás dando? ¿Y esto para qué es? ¿Cómo funciona?» Ahí me explicó un poco. Después me empecé a comprar libros, más adelante hice un curso y así aprendí.”

Pasaron casi 20 años de aquel episodio. Hoy Victoria es profesora de filosofía, cantante de tango y también terapista floral. En su departamento de Villa Santa Rita, abre la valija de madera con los frasquitos y cuenta de qué se trata esta terapia que -reconoce- tiene algo de misterioso.

— ¿Cuál es el elemento curativo de las flores de Bach?

— Para Bach en las flores es donde se acumula la mayor cantidad de energía. Son vibraciones que también están en nuestro cuerpo pero que por equis motivo se desequilibraron y las gotas las vuelven a equilibrar. Esas gotas concentran la energía de la flor. Se extraen del rocío que cubre los pétalos en determinada época del año. A ese rocío solo se le añade un poco de coñac para conservarlo.

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Victoria Villa atiende consultas on line y presenciales en Villa Santa Rita.

“Bach creó un sistema donde hay 37 esencias extraídas de flores y una más que es agua de roca. Cada flor cubre una emoción humana. El miedo, la crueldad, los celos, la indecisión, la inseguridad, la envidia… Bach rechazaba la metáfora bélica de la medicina convencional: combatir la enfermedad. Por el contrario, hablaba de desarrollar la virtud opuesta. Por ejemplo, en el caso de los celos: la flor no aplaca tus celos, lo que hace es aumentarte la emoción contraria, el amor desinteresado.»

«Publicó un libro que se llama «Cúrese a usted mismo» donde describe cada estado emocional y dice cuál es la flor que hay que tomar. Pero lo cierto es que no es tan fácil ser sincero con uno mismo. No sé si mucha gente admite «la verdad que soy cruel», «la verdad que soy envidiosa», «soy rencorosa». Leerse a uno mismo es más difícil que leer a otros.”

— ¿Qué te llevó a ser terapista floral?

— Fue a partir de una crisis de la que logré salir con las flores. Yo me había ido a vivir al sur con una pareja, la relación no funcionó y cuando volví a Buenos Aires tenía ataques de pánico. Sentía que no podía respirar, que me iba a morir. Todas las noches me iba a dormir sintiendo que no me iba a despertar. Fui a un psicólogo de la obra social que de entrada, sin preguntarme demasiado, me quiso medicar. Y yo dije «no quiero». Fue en el 2016, hace 10 años. En ese momento decidí comprarme el set de las 38 flores. Me gasté un montón de plata, pero dije «no me compro una guitarra eléctrica, me compro esto”. Empecé a probar. “Es miedo, pero ¿miedo a qué?, ¿cuándo?, ¿cómo lo siento? ¿Es intermitente? ¿Es continuo?” Empecé a probar distintas fórmulas hasta que dí con la que era y salí. Me di cuenta que le acerté porque actuó bastante al instante. Después fui a otro psicólogo, pero de los ataques de pánico salí sola, con las flores. Y estoy muy orgullosa.

Con ese tesoro guardado en una caja de madera y la expertise que fue desarrollando, Victoria empezó a escuchar a sus amigos, a su familia, y ofrecerles las flores. Ante los buenos resultados, con el boca en boca empezó a recibir consultas de otra gente.

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— ¿Cómo se desarrolla la terapia?

— El terapeuta tiene que identificar emociones. Es y no es como una terapia psicológica. Es, porque se trata de juntarnos a hablar, pero lo que tengo que identificar son emociones que están aquí y ahora. Si cuando eras chico tenías una fobia y ahora no la tenés, entonces eso no lo tenemos en cuenta para hacer la fórmula. Identificada la emoción, te doy las gotas. Hay flores que actúan casi inmediatamente, otras que requieren más proceso, depende cuál sea la emoción y la cantidad de tiempo que cargues vos con eso.

Es importate aclarar que la terapia floral no tiene ningún efecto secundario negativo, no puede hacer mal. Tampoco reemplaza a otros tratamientos, más bien es auxiliar de otras terapias. Alguien que tiene un trauma con algo groso que le pasó en la vida yo no lo reemplazaría. Jamás le diría a alguien “tomá flores y no vayas al médico”. Las flores lo que hacen es equilibrar emociones. Y en el proceso de enfrentar una enfermedad el estado de ánimo es sumamente importante, entonces son de una gran ayuda.

— ¿Y cómo se da el tratamiento en lo cotidiano?

— La persona viene acá, charlamos un poco y ese mismo día se va con su fórmula. Muchas veces hay más de una emoción en desequilibrio, entonces se combinan varias flores. Luego de la primer consulta, tiene que tomar las gotas durante dos semanas cada 4 horas aproximadamente. No por reloj, no hay que despertarse a la noche, nada raro. Sí hay que llevarlas encima para no estar mucho tiempo sin tomarlas porque actúan por frecuencia de toma. Volvemos a vernos a los quince días para ver si hace falta seguir o no. Hay terapias que terminan muy rápido, porque ya la gente resuelve el conflicto y otras que requieren más tiempo.

“Cuando la emoción se equilibra pasa algo muy lindo: te olvidás por qué estabas tomando las flores. Como que se deshace el motivo, te transforman, uno cambia. Sos la misma pero en equilibrio.”


Victoria Villa
Terapeuta floral
Whatsapp: 11 6517-3034

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