El local ubicado en la calle Beláustegui, a pasitos de la Avenida San Martín, es la casa de puertas abiertas de Vianda Social Comunitaria, un espacio que desde 2017 cocina y reparte alimentos para las personas que los necesitan.
“La verdad es que nos llena saber que tenemos una mirada más amplia que solamente el plato de comida. Entendemos que aquel que lo recibe es un igual, que somos todos seres humanos. Y en este momento hay que volver a replantearnos: ¿qué es ser humano? ¿Es humano lo que estamos viviendo? Nos gusta creer que le estamos dando un poco de luz a esas preguntas”, reflexiona Julieta, la responsable de la coordinación.

Vínculos Vecinales pudo asistir a parte de las actividades desplegadas en el mediodía de un sábado de septiembre, donde una docena de voluntarios y voluntarias cocinan el almuerzo del día que se sirve en los recipientes plásticos que los comensales dejan previamente en el lugar y que también se distribuye en la Plaza de Pappo, a poco más de diez cuadras del local, mayormente a personas que ya conocen y que van con su envase a buscarlos.
Arman una larga fila en la esquina de Boyacá y Juan B. Justo y de a uno avanzan hacia la gran olla donde las voluntarias, entre “buenos días” y “cómo estás”, llenan de a cucharadas cada tuper. Los menúes solidarios también se entregan como cena los lunes, martes y miércoles (en este horario solo en el local a las 20 hs.), completando unas 1.500 porciones por mes.

Para poder desplegar esas labores de asistencia en el lugar se realizan y venden empanadas (de carne, de pollo y vegetarianas) y knishes de papa y cebolla. Quien quiera comprarlos puede hacerlo desde el linktree del Instagram o por whatsapp al 11 7250-6732. “Vendemos aproximadamente 10 docenas semanales y eso nos sirve para afrontar algunos de los costos operativos de funcionamiento”, revelan.
Un punto de encuentro
Durante el sábado pasan por el lugar, por ejemplo, Marito, un veterano vecino de la zona, y Norma, una vendedora callejera de café que habita en el conurbano bonaerense, parte de una población que se compone en porciones bastante equilibradas entre jubilados, madres solteras, trabajadores que perdieron el empleo o no llegan a fin de mes y personas en situación de calle, según detallan quienes conocen el movimiento habitual del espacio.
Del lado de adentro del recinto, entre platos y cubiertos una olla de 60 litros canturrea sobre el anafe ante las atentas miradas de Mariela y María Rosa. Y Emma, una activista trans que vive por la zona de Palermo, relata que se sumó a las tareas desde junio del año pasado “porque aunque me desempeño como encargada de Arte Trans –una organización que produce material audiovisual orientado a los derechos humanos– sentí que tenía que hacer algo más cercano a la gente que tiene necesidades y me acerqué, me sentí cómoda e hicimos un vínculo amistoso”.
A su derecha y mientras degusta el guiso que ayudó a armar cortando verduras varias, Federico, quien vive a pocas cuadras del espacio, comenta que “empecé viniendo en la época de la pandemia acercando alimentos, pero desde hace un par de años participo de manera estable dando una mano en lo que es la preparación de la comida y también en servirla”, pero enseguida afila la memoria y completa: “En realidad conocí esta movida a partir del proyecto productivo de las empanadas, que son exquisitas”.

Una escuela de articulaciones
Sentada en una silla que ubicó en la vereda, donde resuena el tránsito de la avenida y circula la vecindad, Julieta retoma la palabra y arriesga que la experiencia de Vianda Social Comunitaria “es también como una escuela de articulaciones y de encuentros que permite estar conectados con la comunidad, y aquellas personas que vienen a buscar comida también son parte: nos conocemos, sabemos sus nombres, sabemos sus historias, charlamos permanentemente y tratamos de estar atentos no solamente a la necesidad del alimento”.
El ejercicio de tejer comunidad adquiere diversos formatos para sostenerse: un grupo de alrededor de 80 asociados que abonan desde 5.000 pesos mensuales; un núcleo estable de unas 40 personas que se dedica a la cocina y la distribución de comida; la realización de eventos culturales en diversos espacios del barrio que les da la oportunidad de recibir donaciones; una articulación permanente con la escuela cooperativa Mundo Nuevo; una decena de familias que a través de un frigorífico provee de toda la carne para el mes; el aporte de comercios barriales; la ayuda que llega a través de Maldonado Solidario, el área social del club Estrella de Maldonado. Hasta la gráfica de la Asociación da pie a una colaboración: el Centro de Formación Profesional de Parque Chacabuco trabajará en su diseño.
Julieta comparte estas labores solidarias con su mamá, Carina, quien después de cocinar partió rauda con la comitiva que llevó la olla con el guiso a la gente que esperaba en la plaza de Pappo.
Para la joven “el plato de comida termina siendo una excusa para trabajar sobre ese universo que son los problemas de la humanidad. Es una manera de hacer algo con un montón de gente que está atravesando situaciones que van desde adicciones, dinámicas familiares complejas, hasta problemáticas de salud mental muy expuestas”.
Consultada acerca de la relación entre las personas que frecuentan el local y quienes viven alrededor, da cuenta de “una minoría ruidosa que se queja porque le llenamos la cuadra de pobres, aunque cada vez se queja menos. Lo que tratamos de hacer es no dar motivos y entonces no solo dejamos la vereda limpia, sino que acá, en la puerta, no se fuma, no se bebe alcohol, no se hace quilombo porque hemos logrado hacer entender de manera muy directa que todos somos responsables de cuidar el espacio. A buscar la vianda hay que venir tranquis y respetándonos entre todos”.
Sea porque los vieron en las redes sociales, por los afiches que pegan en el barrio o por el boca en boca entre vecinos, la gente que quiere dar una mano se arrima al local a donar o a asociarse. Julieta asegura que “más o menos como grupo estable tenemos cubierto el funcionamiento, pero obviamente toda colaboración es necesaria, y buscamos que las personas que quieran ayudar puedan hacerlo en el tiempo que tengan disponible: sean dos horas a la semana, dos horas al mes o a través de un click”.
Vianda Social Comunitaria
Beláustegui 984, Villa Crespo
Plaza de Pappo, Villa Gra. Mitre
Ig: @viandasocialcomunitaria
