Monte Castro: historia de una joya abandonada

En plena entrada de la Galería Jonte un bellísimo mural del artista plástico Juan Manual Sánchez sobrevive como puede al paso del tiempo y a los muchos e infructuosos pedidos de restauración. Por Verónica Ocvirk. Monte Castro guarda una joya artística de una belleza singular y atípica, una obra a la vista de todos que […]

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En plena entrada de la Galería Jonte un bellísimo mural del artista plástico Juan Manual Sánchez sobrevive como puede al paso del tiempo y a los muchos e infructuosos pedidos de restauración. Por Verónica Ocvirk.

Monte Castro guarda una joya artística de una belleza singular y atípica, una obra a la vista de todos que sin embargo pasa casi inadvertida, tal vez por su carácter sereno o tal vez (más probablemente) porque se encuentra en franco deterioro, con grietas por todos lados, un agujero que se le hizo para colgar un reflector y hasta un aire acondicionado que lo tapa en la parte inferior. Hablamos de “La familia”, el mural que allá por los ‘60 pintó Juan Manuel Sánchez y que hoy, aun deslucido, continúa engalanando la entrada de la galería comercial en el 4767 de Álvarez Jonte.

Juan Manuel Sánchez fue un notable artista plástico argentino y uno de los fundadores de Espartaco, el grupo que con un guiño a la corriente de los muralistas mexicanos se dedicó a promover el arte social, apelando por lo general a un lenguaje expresionista, con cierta economía de recursos y geometrización de las formas. Reconocido en el mundo y con varias obras desperdigadas por Buenos Aires (por caso “Galicia” en el auditorio del Centro Betanzos, o “Seis Mujeres”, en el hall de un edificio en Paraguay 1269), Sánchez había nacido en 1930 y falleció hace relativamente poco: el 5 de octubre de 2016.

¿Cómo llegó esa obra a Monte Castro? En la galería no hay una sola referencia -ni un cartelito, una placa, nada- pero se supone fue un encargo especial para la inauguración de ese corredor comercial en el que Sánchez se propuso retratar el espíritu familiar del barrio. “La inauguración en el ‘64 fue un acontecimiento, en esa época las galerías eran furor y muchas contaban con obras de arte. Supongo que el arquitecto que proyectó la Galería Jonte estaba bien informado y tenía un excelente gusto, porque decidió convocar a este artista que ya formaba parte de Espartaco”. Quien habla es Hugo Lescano, director de cine y antiguo vecino del barrio que junto a su pareja Susana González, licenciada en restauración de obras de arte, batallan desde una década para que “La Familia” recupere su antiguo esplendor.

Mural “La familia”, de Juan Manuel Sánchez.

Fue gracias a su iniciativa que en 2008 se presentó el proyecto de restauración ante la Dirección de Patrimonio de la CABA, aunque en esa ocasión el mural no fue seleccionado para el subsidio. Pero en 2010 la obra fue declarada (a través de la ley 3.677 y junto a varias otras piezas de Espartaco) Patrimonio Cultural Porteño, razón por la cual el gobierno de la Ciudad debería disponer del presupuesto para su puesta en valor. En 2016 Lescano y González llevaron el tema al Consejo Consultivo de la comuna 10, tras lo cual la Junta Comunal elevó a la Dirección General de Patrimonio un pedido para que recuperara el mural. Esa dependencia realizó un relevamiento, constató el deterioro e informó sobre los canales para solicitar el correspondiente subsidio. Sin embargo, nada ocurrió.

Lescano es claro: asegura que es la administración de la galería la que debe hacer la presentación formal. Y que si bien lo hizo la primera vez, en 2008, los años siguientes no se interesaron. “Y una obra como esta no se puede restaurar así nomás. El trabajo lo tiene que hacer un especialista, hay que armar andamios, se tienen que usar los materiales adecuados y los que trabajen tienen que tener un seguro”, explica.

María Cristina “Mary” Ribaudo es la presidenta de la Asociación de Comerciantes de Monte Castro. En diálogo con Vínculos Vecinales ratifica lo dicho por Lescano y rescata el valor de esta obra de Sánchez, tan en sintonía con el ser familiar montecastrense. “No es casual que nuestro logo sea una familia -dice-, porque la que viene a estas calles raramente es gente de paso. Los que nos compran son familias, y familias de varias generaciones”.

Es cierto que los shoppings se comieron a las galerías, aunque casi todos los barrios conservan alguno de estos pasajes que pugnan por sobrevivir entre chucherías, libros usados y sex shops. Es cierto -también- que el barrio puede tener problemas más graves, que los comercios pierden ventas, que hay gente en situación de calle y que a pesar de los tarifazos, a muchos se les sigue cortando la luz. Pero el Patrimonio Cultural debe ser cuidado porque es de todos, de todos los que necesitamos más y mejor educación, y seguridad, y salud así como también -y desesperadamente- un poco más de belleza.

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