Estación Ping Pong

Jugadores amateurs y profesionales del ping-pong tienen un sitio privilegiado en Villa General Mitre para divertirse, entrenar y competir.

Cuenta la historia que el ping pong nació en Inglaterra a fines del siglo XIX. Buscando evadir las inclemencias climáticas, los aficionados al tenis adaptaron el juego al interior utilizando corchos como pelotas, tapas de cajas como paletas y mesas de billar o de comedor que dividían con sogas o libros. Un poco de azar, otro de creatividad, compromiso y ganas.

Unos cuantos siglos después y en otras geografías, Estación Ping Pong recorrió un camino también signado por la búsqueda, la adaptación y la pasión, encarnando en un espacio de Villa General Mitre que supo ser carpintería, taller mecánico e iglesia evangélica.

Nació como búsqueda personal y se transformó en un proyecto comunitario, un “espacio de encuentro, entendimiento y amistad entre personas de diferentes lugares, géneros y condiciones” cuenta, mate mediante, Iván Eidelson, su impulsor y director.

Iván Eidelson y Liliana Cucut, la pareja al frente de Estación Ping Pong.

Primera parada: Estación de los Deseos

“Todo comenzó cuando me reencontré con el ping pong. En ese entonces trabajaba como fotógrafo y vivía muy desorganizado. Volver al deporte me permitió enfocarme, entrenar y comenzar a competir”, explica.

Un día, “siendo un perfecto desconocido y sin un entendimiento profundo del entorno político del deporte, me ofrecieron dirigir el circuito Tenis de Mesa para Todos. Llegué con un planteo imparcial a un contexto de mucha puja en el que no se discutían ni ideas ni proyectos, sino intereses”.

Iván asumió el liderazgo de ese programa durante cuatro años y trabajó en una nueva reglamentación iniciando un “círculo virtuoso” en el que tanto la Federación como las instituciones deportivas podían generarse ingresos, potenciando la creación de jugadores.

Y siguió abriendo puertas: además del trabajo de gestión, se lanzó a la aventura de abrir un punto de práctica permanente. El lugar de acogida fue la «Estación de los Deseos», el galpón cultural de Caballito, lindero a las vías del tren. Allí surgió el nombre y la estética ferroviaria del proyecto, dando forma a una identidad que escondía una estrategia.

“El ping pong es un idioma. Cada pelota que dirigís al rival es una pregunta, contiene una velocidad y un efecto que hay que entender cómo responder”.

En este idioma, al parecer, no solo es crucial el intercambio y la intención, sino también los recaudos semánticos:

Te puede interesar  Club Social y Deportivo Parque

“Históricamente el tenis de mesa estuvo más emparentado con el juego. Las mesas estaban en los clubes junto al metegol, el sapo y los dardos. Tuvimos una actitud innovadora, muy ideológica: elegir el nombre Ping Pong en lugar de Tenis de Mesa”.

Esta posición le valió críticas profesionales, pero lo acercó a los aficionados. La estrategia no intentaba alejarse del deporte, todo lo contrario: si llegaba a la gente atraída por el juego tendría, tarde o temprano, la posibilidad de presentarles el deporte.

Estación Ping Pong cuenta con seis mesas de juego.

Segunda parada: Estación Abrazos

Corría 2019 cuando el número de jugadores había crecido tanto que lo impulsó hacia un nuevo destino. La primera idea fue buscar otro lugar existente que pudiera albergarlo. Pero el ping pong, dice Iván, “es un deporte piedra porque necesitas un espacio muy grande para pocas personas. Además, la infraestructura es cara. No solo las mesas sino la adecuación del ambiente, la calidad del piso, la instalación de luces”. Fue entonces cuando alguien le sugirió apostar a un lugar propio.

Por ese entonces ya estaba a su lado Liliana Cucut, una trabajadora social con la que se había vinculado por Tinder. Ella lo animó a tomar el riesgo. Así, Iván y Liliana se convirtieron en socios del emprendimiento.

San Blas 2545 fue el sitio elegido por su potencial. Subidos a andamios, como albañiles, electricistas y pintores, fueron dando vida al lugar que hoy alberga seis mesas de juego, buffet, patio para exposiciones, biblioteca, una colección de música y un escenario con sonido e iluminación.

Pero mientras avanzaba la obra llegó la pandemia que, lejos de desalentarlos, inspiró nuevas iniciativas a través del ajedrez. Un grupo de 50 personas se encontraban online todos los días una hora antes de medianoche para jugar torneos a través de aplicaciones. Así comenzó Estación Abrazos, un club que fue ampliando su oferta a clases de yoga, entrenamiento deportivo, nutrición y acompañamiento para dejar de fumar. Todo en formato virtual, gratuito y abierto a la comunidad.

Te puede interesar  Club El Alba

Pero las ganas de volver a lo presencial no desaparecían. Apenas pudieron regresaron a San Blas. Inicialmente para cocinar para personas en situación de calle. Luego, para idear un protocolo de 27 páginas que les permitió volver a las prácticas. “Mientras otros se juntaban a jugar clandestinamente nos criticaban por querer hacer las cosas bien. Con Lili y un panel de profesionales construimos el protocolo y adecuamos el lugar incluyendo cortinas que separaban las mesas; fuimos pioneros en el concepto de burbuja”, cuenta Iván orgulloso.

Un bar y espacio cultural complementa la propuesta deportiva de Estación Ping Pong.

Próxima parada: Estación Cultura

Hoy unas 200 personas asisten semanalmente a clases y prácticas de lunes a sábados y también a los torneos que se realizan bajo el marco de la Federación Argentina de Tenis de Mesa y de agrupaciones regionales como FeTeMBA. El rango de edades va desde los 4 a los 85 años e incluye una amplia diversidad de condiciones. Iván aclara que, aunque es un “público muy del ping pong”, las actividades continúan diversificándose.

La próxima parada de este tren que partió hace nueve años podría ser una estación llamada cultura. Ya se ofrecen clases de yoga, canto, ajedrez y entrenamiento actoral. También eventos como cine debate, encuentros de karaoke y performances.

Entrar a la estación Ping Pong es entrar al mundo del tenis de mesa, pero es también la posibilidad de tomar un café y leer un libro, de jugar una partida de ajedrez, de comer una rica comida a precios populares, escuchar una zapada improvisada o disfrutar de una narración de Dostoievski acompañada por los acordes melancólicos de un acordeón.

Es este, apenas, un nuevo comienzo. Iván y Lili aspiran a seguir enriqueciendo la oferta y, algún día, lograr que el club funcione sin necesidad de mantenerse al frente, pero conservando el espíritu de encuentro y camaradería. Se trata simplemente de seguir jugando. “Es como lanzar los dados. Lanzarlos y estar ahí, presente, con el corazón y la mirada”.


Estación Ping Pong
San Blas 2545, Villa General Mitre
Instagram: @estacionpingpong

Horarios:
Lunes a jueves de 10 a 13 hs y de 18 a 22
Viernes de 10 a 13 hs y de 18 a 0 hs
Sábados de 12.30 a 0.00 hs

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *