Cuando el kung fu te encuentra

El Centro Pachakuti, de Floresta, es "un verdadero templo shaolin", dice Jorge Lifschitz, que llegó hace treinta años buscando la cura a una enfermedad. Hoy da clases a jóvenes y adultos, con un enfoque que incorpora técnicas de entrenamiento actoral.

No hace mucho que Jorge Lifschitz estrenó su rol de profe de taichí en el Centro Pachakuti, pero ya lo desempeña como un docente experimentado. Quizá sea por su familiaridad con el lugar, por sus casi 30 años de práctica, por su conocimiento de otras disciplinas, o quizás por su vocación de ayudar y su espíritu comunitario. Sea lo que sea, lo hace con una destreza que se trasluce y que solo se adquiere con tiempo, constancia y esfuerzo.

Todo comenzó cuando su maestro, Gonzalo Leguizamón, le propuso que lo reemplazara durante un viaje a Taiwán, experiencia que lo animó a iniciar sus propias clases. “Cada instructor aporta un estilo”, afirma, y desde este enfoque, reconocerse como profe le planteó un desafío: identificar su aporte particular.

Actualmente, Jorge Lifschitz es cinturón negro de kung-fu y participa en competencias nacionales e internacionales. Da clases de taichí en el Centro Pachakuti, de Floresta.

“Lo primero y fundamental es el teatro”, explica, poniendo sobre la balanza el arte al que le dedicó una parte importante de su vida, desde la adolescencia. Jorge cuenta con la capacidad de observación y expresión que ofrece lo teatral y que “permite leer los cuerpos y trabajar sobre los pensamientos”.

Si bien se aprende practicando, asegura que «la posibilidad de utilizar distintas herramientas puede facilitar el proceso”. De este modo, incorpora la danzaterapia, que estudió con María Fux y le enseñó la importancia de la libre disponibilidad del cuerpo; la acrobacia y esgrima para actores, que aprendió con Osvaldo Bermúdez; y su formación comunitaria e interés social: “soy un ser social y, desde que tengo memoria, he necesitado conectar con la gente».

No es menor su experiencia como papá y abuelo. “Ahora estoy asistiendo a adolescentes y niños en las clases de kung-fu y enfatizo mucho en lo postural. El cuerpo no está preparado para estar en una computadora todo el día. Les insisto en tener conciencia de la columna y les gusta porque a medida que van encontrando su postura aparece la actitud y también la seducción, que surge cuando uno se siente bien con su propio cuerpo”.

Su rol de profe tiene un norte deseado: integrar el trabajo expresivo para construir una técnica de taichí para artistas escénicos. “El taichí tiene algo del manejo del espacio, del control del cuerpo, del traslado de la energía y de la visión periférica que para los actores es muy útil”.

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A media cuadra de las vías, en una casa convertida en escuela, está el Centro Pachakuti.

El lugar y el maestro

Sus primeros pasos fueron en el mismo lugar en el que hoy es profesor. El Centro Pachakuti es una de las sedes de la asociación CHAN KONG MEN de Cultura China, fundada por el maestro To Jinn Shang. Desde 1995 este espacio de Floresta se ha desempeñado como “un verdadero templo shaolin” donde “habita la intención de compartir aprendizajes y encontrar la armonía”. El propio To introdujo a Jorge en la disciplina y fue su instructor, hasta que retornó a Taiwán y sus discípulos asumieron el liderazgo. En ese entonces, con apenas 20 años, Gonzalo, actual laoshi (maestro) y referente de la escuela, se convirtió en el nuevo maestro de Jorge, que rondaba los 35.

Gonzalo Leguizamón, actual referente del Centro Pachakuti, es el maestro de Jorge Lifschitz desde hace 26 años.

Los motivos

“El origen de todo fue mi enfermedad”, comparte con claridad. Se refiere a una psoriasis que, promediando los treinta, le insumía media hora para levantarse por tener “los pies como empanadas”, situación para la que la medicina proponía antiinflamatorios cada vez más potentes. “Lo que aprendí es que la enfermedad está, que tiene un componente genético y afecta la química del cuerpo. La tensión, la angustia o la ansiedad la potencian. Por eso, una actividad como el taichí te mejora”.

Su práctica personal

Siguiendo un consejo amigo, Jorge se acercó al kung fu «para probar» y terminó cautivado. “Yo soy medio como Forrest Gump. Cuando algo me gusta, voy con todo”. Como Forrest, con persistencia y corazón, inició un camino que le permitió reencontrarse con su esencia y volver a las actividades artísticas que había abandonado. Entre muchas otras cosas, formó parte de un grupo teatral dirigido por Carlos Rivas. Como actor, productor ejecutivo y asistente de dirección participó en obras importantes, una de ellas fue «Hamlet», con Gabriela Toscano en el elenco. Y se sumó a la banda de rock “Lo Negro”, realizando performances teatrales en recitales.

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“Al principio de mi práctica todavía estaba en la etapa de mi vida en la que llevaba y traía a mis hijas y, cuando practicaba kung-fu, al otro día no me podía levantar. Entonces probé con taichí y seguí con ambas”. Hace tres años adquirió mayor impulso de la mano de Ciro, su nieto, que se sumó al kung-fu infantil con entusiasmo y compromiso.

Desde esta experiencia transita su práctica. “Cuando uno está haciendo taichí o chi kung está transportando la energía como si tuviera un peso que se siente. En el trabajo de imaginar, llega un momento donde se logra continuidad y ahí surge algo mágico, una experiencia fantástica, una cura”.

Las disciplinas

El kung-fu es un conjunto de artes marciales cuyo núcleo espiritual aspira a cultivar la destreza que surge del trabajo disciplinado y persistente. De hecho, la traducción de su nombre chino (gōngfu) significa maestría. Es la disciplina en la que Jorge se inició y que lo acercó al taichí que actualmente enseña. “El kung-fu es una energía externa y explosiva”, comenta, “mientras el taichí es una energía interna que apela a la suavidad. Hay un momento donde el kung-fu te pide taichí”.

A estas prácticas hermanas se suma el chi kung, una prima cercana del taichí que también forma parte de sus clases. Aunque ambas pueden confundirse, la Biblioteca Nacional de Medicina Norteamericana afirma que el chi kung, nacido en la medicina tradicional china, busca cultivar la energía. En cambio, el taichí surgió como arte marcial. Su nombre significa “gran supremo” haciendo referencia a las fuerzas dinámicas que operan el universo.

(*) Foto de portada: Jorge Lifschitz (izq) con su maestro y referente del Centro Pachakuti, Gonzalo Leguizamón.


Centro Pachakuti
Emilio Lamarca 61 / Whatsapp: 11 5482-5513
Ig: @kungfutaichan

Ig Jorge Lifschitz: @jorgeli.floresta
Clases J. Lifschitz: miércoles y viernes 19.45 a 21.00

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