Cuando el club es tu segunda casa

Macarena Fernández llegó a Villa Sahores con 12 años y hace 9 es la instructora de Taekwondo. Su crecimiento como deportista y luego como docente fue de la mano del crecimiento del club de Villa del Parque.

Macarena Fernández llegó a Villa Sahores con 12 años y hace 9 es la instructora de Taekwondo. Su crecimiento como deportista y luego como docente fue de la mano del crecimiento del club de Villa del Parque.

Cuando el club es tu segunda casa

Macarena Fernández llegó a Villa Sahores con 12 años y hace 9 es la instructora de Taekwondo. Su crecimiento como deportista y luego como docente fue de la mano del crecimiento del club de Villa del Parque.

El gimnasio 4 es la última de las obras inauguradas en el club Villa Sahores. Es un espacio ganado a una terraza, con impecables paredes blancas, en el piso una cobertura de goma-eva y en el ambiente una luz natural que se filtra por las ventanas a través de las copas de los plátanos de Santo Tomé. Macarena Fernández, la profesora de taekwondo, está agradecida: “lo dejaron hermoso, esto se fue construyendo de a poco durante la pandemia y hacía mucho que estábamos esperándolo”, dice. Ahora entrenan allí los deportes de contacto (boxeo, quick boxing, aikido, taekwondo) y también gimnasia artística.

Los sábados a la mañana le toca a ella, Maki. Sus alumnos, chicas y chicos, adolescentes, adultos y adultas se distribuyen en el espacio adoptando las posturas que ya conocen, uniformados con la casaca blanca de este arte marcial y cada uno con el cinturón de su nivel. Macarena les muestra el paso a paso del siguiente ejercicio, les corrige posiciones y movimientos, observa lo grueso y lo fino, mira a todo el grupo y a cada uno.  Hace nueve años que es profesora en Sahores, y los sábados va a dar clases gratis, un plus que ofrece a sus alumnos por pura generosidad y pasión.

Cuando tenía 10

“Te voy a contar cómo llegué al Taekwondo”, dice luego de terminar el entrenamiento, apoyada contra una pila de colchonetas, y se lanza a narrar un preciado recuerdo: “Mi papá era el presidente de la Asociación de Fomento de Villa Santa Rita. Cuando tenía diez años, un día que yo estaba ahí con él veo que en el fondo está pasando algo, le pregunto qué es y me dice ´hay una exhibición de taekwondo porque van a empezar a dar clases´. ´¿Puedo ir a ver?´ ´Sí, hija, andá´, me contesta. Fui y cuando salí de ahí dije ¡esto es lo mío!”.

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– ¿Qué te atrajo tanto del Taekwondo?

–  Macarena: Primero, encontré una familia. Encontré un grupo de pertenencia, tenía amigos. Después, me apasionaba de tan chica el tener objetivos, decir “me presento a una competencia”, “rindo un examen”. Era el combo perfecto entre lo que me gustaba hacer –pegar, patear y estar dinámica– y el contexto social.

Más de veinte años después de esas vivencias, hoy Macarena reflexiona como adulta sobre los valores que el taekwondo ayuda a interiorizar: “Yo trato que la clave sea siempre cuidarnos, cuidar el cuerpo del otro y el cuerpo de uno. Tenemos que tener presente esa línea muy fina: saber que yo voy a pegarte pero te voy a respetar.” “En el grupo de infantiles son 35 personas de 6 a 12 años, entre los que hay diferentes contexturas, diferentes cinturones, diferentes sexos, y en la clase vas a ver que hay armonía, que hay respeto hacia el otro. Eso es lo que te da el taekwondo, te da un montón de valores que también los podés aprender en tu casa, pero acá es único por cómo los vivís.”

De competidora a instructora

Cuando Macarena tenía 12, su profesor se mudó con el grupo de alumnos de la Sociedad de Fomento a Villa Sahores. “Vine para acá siendo punta negra y acá fue mi primer examen de cinturón negro en el 2002”, dice, y recuerda que el club de aquel momento “no era lo que es hoy en día”. “Era un club más pequeño, con menos gente, solamente se practicaba natación, gimnasia artística, taekwondo, fútbol y pará de contar. Es increíble lo que creció después”.

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A la par del club, se dio su propio crecimiento: “De chica entrenaba mucho para competir. A los 17 quería entrar en la Selección y llegar al Mundial. Ya habíamos juntado la plata con mi familia para que pueda viajar y quedé cuarta de Argentina… solo entraban los tres primeros.”

La decepción hizo que Macarena abandonara el taekuondo. Durante varios años no practicó ningún deporte porque no encontraba otro que le generara el mismo entusiasmo. A los 23 su profesor la convenció de que volviera. Al poco tiempo él se fue a vivir a Mar del Plata y ella quedó a cargo de las clases de Sahores. “En ese momento encontré otra fase del Taekwondo: correrme del ser competidora y pasar a ser instructora.”

– ¿Cómo ves al club hoy?

– Macarena: Creo que estamos en el mejor momento. Yo empecé hace nueve años teniendo diez alumnos y ahora tengo setenta. Este año se anotaron veinte alumnos nuevos y en eso se nota el trabajo que hace el club, que se difunde en el boca en boca, la gente viene, vé como está constituido y se anota. Yo amo venir acá, Sahores es mi segunda casa. ♦


Club Villa Sahores
Santo Tomé 2496, esquina Artigas
Web: www.clubvillasahores.com
Instagram: @villa_sahores

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