La salud por otro camino

Un acercamiento a las artes marciales chinas en la plaza Monte Castro.

“Es un tesoro para la salud, pero no un tesoro porque sea algo mágico que baja de una montaña de China traído por una tortuga dorada; es un tesoro por lo sencillo, porque es algo que todos podemos hacer”. Así define José Mantione la práctica de Qi Gong tal como él la entiende, y desde esa perspectiva ofrece sus clases en la plaza Monte Castro.

La maestra de cuarto grado, el profesor de catequesis, la tía de un compañero de la primaria, amigos, vecinos y compañeros son algunos de sus alumnos. Es que José jugaba en esta plaza cuando todavía no era esta plaza, sino un predio en el que entrenaba All Boys. Pasaba los veranos en pileta del polideportivo Pomar y en el club Mitre practicaba TaeKwonDo y fútbol. Más del barrio, imposible. Cuando terminó el secundario en el San Ramón, empezó Ciencias Económicas. Cuenta que al salir de la facultad los pies lo llevaban hasta el conservatorio de música, la curiosidad lo ganaba y entraba para mirar a hurtadillas las clases de guitarra.

Se recibió de contador en el 2006, y no reniega de la profesión elegida: “Yo sabía que era una herramienta más, también tenía claro que no quería trabajar diez horas en el centro de lunes a viernes, vestido con un traje”. “Al año siguiente de recibirme”, cuenta, “sentí la necesidad de volver a practicar artes marciales”. TaeKwonDo era lo que conocía y en el club Federal encontró algo parecido: Choi Kwang Do, “es una escisión del TaeKwonDo un poco más enfocado a la salud, con movimientos menos rígidos”, explica. Llegó a alcanzar la clasificación de Segundo Dan, a la par que practicaba Aikido. En eso estaba, entre un arte marcial coreana y otra japonesa, cuando su interés fue corriéndose a las chinas, “porque ahí estaba el origen”, dice. Hoy, hace seis años que José es parte de la Asociación Kai Men Kung Fuuna de las escuelas de Kung Fu Tradicional más importantes de Argentina”, asegura. Allí realizó el instructorado de Qi Gong con Sifu Horacio Di Renzo y practica Tai Chi Chuan (y otros estilos internos) en el núcleo Hung Sing Kwoon de Sifu Aníbal Tanus, con su profesor Cristan Mariani.”.

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José Mantione durante una clase de Qi Gong en la Plaza Monte Castro

Observando la naturaleza

“Decir Qi Gong  es mencionar a un abanico muy amplio de disciplinas de movimiento y trabajo del cuerpo que se originaron en China y que se fueron desarrollando a lo largo de la historia, relacionadas con la Medicina Tradicional China”, cuenta José sobre la práctica que coordina cada miércoles y domingo a la mañana en la plaza Monte Castro. “En una época remota, pueblos que tenían por costumbre observar la naturaleza, descubrieron que determinados movimientos favorecían la salud. Por ejemplo, notaron que los arqueros no tenían problemas pulmonares, que los que trabajaban agachados en la siembra no sufrían de los riñones, que los que se estiraban para recolectar frutos no padecían problemas digestivos. En ese tipo de observaciones está el origen de esta práctica”, explica. “Hay muchos sistemas, series de ejercicios y de cada serie cientos de variantes: por la amplitud del territorio chino y la longitud de su historia”, detalla. Los cinco elementos de la naturaleza -agua, fuego, tierra, madera y metal- así como las estaciones del año son parte intrínseca de los ejercicios del Qi Gong.

De adentro hacia afuera

Los lunes y sábados a las 10 hs, y los martes 19:30 hs son los días de las clases de Tai Chi Chuan, uno de los tantos estilos de Kun Fu y en el que José se especializa y capacita. El Kung fu engloba todas las artes marciales que se originaron en China. Entre ellas hay una división “quizás un poco arbitraria”, dice José, “entre estilos externos y estilos internos”. Los externos son los que parten del movimiento, del trabajo muscular, y van hacia un trabajo más interno a medida que avanza la práctica. Y en los estilos internos el proceso es inverso: hay un trabajo interno, de manejo de la energía, previo a desarrollar lo externo. “Dentro de los internos está el Tai chi Chuan (también Baguazhang y el Hsing Yi Chuan) que son los que yo practico y en los que me capacito constantemente en la Escuela”.

En las clases

José se propone que quienes participan en sus clases puedan tomar de las artes marciales algo más que el mero ejercicio, vivirlo como una práctica integral: espiritual, física, mental, como lo son realmente. Y da un ejemplo de lo que eso significa: “Cuando le pido a la gente que nos quedemos quietos en determinada postura, hay gente a la que le cuesta mucho, se incomoda, porque la cabeza se pone como loca, como diciéndole: ¨¿Qué hacés?, ¡ya está! ¡empezá a moverte!¨. Pero llega un momento de las posturas estáticas en que la cabeza copia al cuerpo y se aquieta. El puente para que eso suceda es la respiración”. A veces resulta que algunas posturas estáticas, exigentes desde lo físico, permiten lograr una base estructural para después desarrollar el movimiento. Y poco a poco, en forma progresiva, la gente se encuentra llegando a posiciones que pensaba que no lograría.

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Las clases no se suspenden. Eso es casi una ley que José tomó de sus propios maestros. “En invierno hubo días muy fríos en los que yo traía el termo lleno de té verde con jengibre y miel para hacer la entrada en calor más completa”.  Destaca también la heterogeneidad del grupo y la apertura que se genera entre personas que en otros ámbitos no se acercarían. Esa predisposición al encuentro ha dado incluso para pic-nic con guitarreada hasta el atardecer, encuentros de luna llena, en tiempos previos a la pandemia.

Puente de Bambú

A las clases de José se suman las de Mariela Gelpi, su compañera. Ella tiene una formación de diez años en artes marciales, es instructora de yoga y stretching, maestra de Reiki y cursa la licenciatura en folklore en la UNA. Con ese bagaje desarrolló un sistema propio al que denominó “Stretching: Despertando los Sentidos” y que ofrece los lunes y jueves 19.30 y los sábado a las 12 en la plaza Monte Castro.

Clase de «Stretching: despertando los sentidos», con Mariela Belpi en la Plaza Monte Castro / Foto: @puentedebambuargentina

Se trata de una clase grupal y personalizada, que integra diferentes técnicas y herramientas con corrección postural personalizada y ejercicios para aprender a reconocer, habitar y utilizar el cuerpo sin dañarlo, de manera recreativa, utilizando diferentes elementos como pelotas, conos, bastones, aros y otros. Con recursos de estimulación cognitiva se logra el equilibrio, la concentración, la alineación postural, el correcto uso del tono muscular y la flexibilidad.

Puente de bambú llaman José y Mariela a la propuesta de clases que ofrecen los dos, los distintos días de la semana. ♦


Instagram: @puentedebambuargentina

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