Todo el circo en una plaza

En la plaza Banderín, de Floresta, hay un circo que cada mes renueva sus presentaciones con artistas de lujo. En la trastienda, una historia de perserverancia y compromiso comunitario.

Ya pasaron cinco años desde aquel 9 de julio en que la primera varieté firmada por el Colectivo Banderín vio la luz en la plaza de Floresta que les dio su nombre. Hoy, este grupo reorganizado de artistas circenses sigue apostando al arte y la comunidad con una propuesta recargada: más varietés, más disciplinas, más circo.

Marcia Portales y su personaje “Débora Libros” / Fotógrafa: Nadja

La organización

Este año son dos en la organización: Natalia Cansler, integrante del colectivo original, nacida y criada en Floresta, y Ailin Díaz Pinto, que se sumó tras la experiencia de haber estado “del otro lado” (como público o artista convocada), pero también con todo el bagaje ganado como fundadora y organizadora de Mega Malabaristico, un encuentro de talleres circenses a la gorra que se realiza anualmente hace más de 10 años en Parque Avellaneda.

Con un esquema que se repite edición tras edición, cada varieté cuenta con un presentador o presentadora y cuatro artistas en “pista”, además de un fotógrafo o fotógrafa responsables de garantizar una cobertura profesional. Con este plan no solo buscan visibilizar el trabajo de los artistas y la cultura circense, sino también ofrecer trabajo remunerado. Así, la gorra “funciona más que nunca, ya que hoy es difícil instalar un precio de entradas, dada la situación económica”, explica Natalia.

Natalia Cansler y Ailín Díaz Pinto, ambas llevan adelante el Colectivo Banderín, junto a una gran red de artistas invitados/ Foto: Nazarena Ditter @ojoxnach

El elenco no se limita a artistas del barrio e incluye diferentes disciplinas: hay acróbatas, malabaristas, equilibristas, clown y muchos otros. Esta diversidad les permite garantizar varietés únicas e irrepetibles, con protagonistas diversos y combinaciones de números siempre diferentes.

El Colectivo Banderín se presenta habitualmente una vez al mes. Pero en septiembre tienen dos fechas programadas: el sábado 13 con la Varieté Banderín, un show de circo para toda la familia y el domingo 20, con el espectáculo de circo teatro ”Gordycia y Erizo al rescate de las maravillas” dedicado a las infancias.

El escenario

En 2024, cuando llegó a oídos vecinales la posibilidad de que se demoliera el anfiteatro de la plaza, el Colectivo Banderín fue uno de los primeros en encender las alarmas, uniéndose a otros grupos barriales. “Tuvimos una organización muy urgente”, indica Natalia. “Unimos fuerzas y funcionó porque finalmente el anfiteatro no se quitó, sino que fue modificado, y quedó divino”. Poco después, se refaccionó el sector de juegos adoptando una temática circense. “Nos gusta creer que ahí también dejamos nuestra huellita”.

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Este renovado anfiteatro es, no solo un espacio para compartir el circo entre pares y con el público, sino también un lugar de práctica y experiencia para los mismos artistas. “En la varieté del 13 de septiembre haremos cosas que, estoy segura, mucha gente del barrio nunca vio».

Presentación de la artista Trini Niklison, especialista en hula hoop y contorsion./ Fotógrafa: Nazarena Ditter @ojoxnach

«Hay artistas de circo muy buenos en Argentina, pero el argentino promedio no sabe realmente qué es el circo. Hay una idea muy antigua de este concepto. Quizás el más conocido es el circo de carpa, pero en realidad existen muchas otras variantes como el circo callejero o el circo-teatro que circula mucho en las salas de teatro de nuestro país.”

El lenguaje

“El lenguaje del circo es sorprendente, único” expresa Natalia con su mirada clara enfocada en el paisaje. “A mí el circo me voló la cabeza en relación a lo anatómico: ver cosas que se consideran imposibles hechas realidad, desde algo simple como caminar con las manos a la posibilidad de que una persona pueda volar. Tengo un amigo que es físico y que cada vez que nos ve me dice: ´no entiendo cómo lo hacen´. Hay algo del circo que tiene que ver con romper las leyes de lo cotidiano, de lo humano”.

Tanto Natalia como Ailín han transitado un amplio recorrido formandose en distintos talleres de circo y en las carreras universitarias donde se conocieron : Artes circenses (Untref) y Licenciatura en artes escénicas focalizada en circo (Unsam). Natalia, destaca que, «si bien claramente no es requisito tener una formación académica para ser artista de circo, es algo por lo cual también se destaca nuestro país. Ya que desarrollar una arista académica de las artes circenses impulsa el hecho de legitimarlo como profesion«. «Muchos profesionales de la cultura nos sentimos desprotegidos en cuanto a políticas públicas culturales y nos preguntamos qué es lo que nos sostiene o qué otras formas hay de visibilizarnos, de protegernos”, dice en relación al impulso que buscan dar los artistas circenses a una ley nacional de circo.

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Los destinatarios

No solo el amor al circo las impulsa sino también una forma de ver el territorio y los lazos que lo conforman. “Es importante hacer que la gente salga, se siente en familia o al lado de un desconocido y sean cómplices en la risa o el asombro” dice Ailín. “El mensaje que queremos dar es el de salir a la plaza, salir a encontrarse, a tener contacto con lo real, a ver cosas que nunca antes vieron”, apunta Natalia.

Compañía “Viajeras del equilibrio”/ Foto: Nazarena Ditter (Ojoxnach).

Pero la convocatoria no comienza ni termina en el público. Este dúo se propone llegar también a otros grupos barriales y circenses para tejer redes. Para eso apuestan a mapear y fomentar todas las actividades de la plaza que promueven el encuentro. “Algo que ya sucede pero esperamos que siga creciendo es que nuestro colectivo sea motor de la unión y organización entre vecinos. Estos últimos tiempos se impuso el individualismo como forma de progreso cuando, claramente, la única salida es colectiva”

(*) Foto de portada: Compañía Guatamba Troupe / Fotógrafa: Denise Cano


Colectivo Banderín
Instagram: @colectivobanderin

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