“Hacete socio, hacete amigo”

La pandemia no detuvo a la biblioteca Helena Larroque de Roffo. Delivery de libros, talleres artísticos y culturales, conciertos en la vereda. El pasado y el presente de este espacio fundamental, en una entrevista con su principal gestora: Paula Epstein.

En pleno barrio de Villa del Parque, la Biblioteca Popular Roffo es toda “una institución” en la zona. Su labor y su conexión con el barrio excede en mucho a la de una biblioteca, aunque ese es su “corazón”, el lugar en el que pisa fuerte para desplegar toda otra serie de propuestas. Que van desde actividades con la literatura, talleres y ciclos de conciertos que ya llevan décadas, visitas de escuelas, hasta toda una “reinvención” que ocurrió, un poco buscada y otro poco “dada”, en pandemia.

Pero el gran corazón humano que hay en esta biblioteca, la persona que piensa “qué más se puede hacer”, a qué público llegar, qué otra vuelta encontrar, es Paula Epstein, que está en la Roffo desde hace 29 años. “Empecé como voluntaria, me enamoré, me quedé”, cuenta con una sonrisa a Vínculos Vecinales.

Paula Epstein, 29 años promoviendo el arte y los encuentros en la Biblioteca Roffo.

Quién fue Helena Larroque

La biblioteca tiene más de cien años, su “piedra fundacional” se puso en lo que hoy es el predio del Hospital Roffo. Lleva el nombre de Helena Larroque de Roffo, esposa de Ángel Roffo, el médico argentino que fue pionero en el tratamiento del cáncer. Pero no sólo eso: como estudió medicina igual que él –y se perfeccionó en Europa con Marie Curie, igual que él—también tuvo un rol clave en las investigaciones, y creó la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer. Y,  junto a un grupo de vecinos, apuntaló la Asociación Cultural de Villa del Parque, Devoto y Talar, que dio gran impulso al barrio. Hoy la Asociación Cultural Social y Biblioteca Popular lleva su nombre honrando todo su trabajo comunitario.

Con el paso del tiempo y frente a distintas dificultades, se fusionó con otra institución y, nuevamente con la ayuda de vecinos, se instaló en la que hoy es “su casa”, en Simbrón 3058, cerca de la estación del tren.

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¿Y ahora qué hacemos?

En la Roffo son ya clásicos sus ciclos de conciertos de música clásica y contemporánea, ciclos de cámara que se mantienen desde hace décadas, los segundos y cuartos sábados de cada mes. Muchos “habitués” van directamente, tal vez sin saber qué está programado ese día: saben que van a escuchar algo bueno.

Como Epstein siempre tienen en mente eso de “captar otra gente”, sumó otros como “Una que sepamos todos”, con homenajes al rock nacional. “Eso acercó a otras generaciones, padres e hijos que compartían ese momento. Y que tal vez se sumaban después a los dos ciclos de conciertos de la asociación cultural que, no quiero exagerar, pero haciendo cuentas tienen ya unos 40 y 20 años”, repasa.

Las actividades vinculadas a la literatura siempre fueron otro “fuerte” de la Roffo, con visitas de escritores como Margarita Mainé, Paula Bombara, Mario Méndez (y sus recordadas “meriendas en la biblio”), muestras como la de Brocha, talleres como el de Sandra Comino, capacitaciones como la de Carlos Silveyra, “noches de cuentos” con Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada o Julián López. Ya no se pueden hacer tal y como era antes, pero eso no significa que la actividad se haya cortado.

“Pasado el shock inicial de la pandemia, empecé a pensar: ¿y ahora qué hacemos? La página de Facebook fue el primer vínculo más lógico, con saludos, juegos, actividades”, cuenta Epstein. La gente empezó a consultar e interactuar, una cosa llevó a la otra. Se terminó armando un grupo de WhatsApp donde circulan juegos de memoria para los adultos mayores. Las visitas a escuelas pasaron a hacerse por Zoom. Y los libros empezaron a circular “por delivery”.

Como ocurrió en otros ámbitos, “recuperar la vereda” fue parte “del vaso medio lleno” de la pandemia. “Ya en los inicios, una vecina cantaba desde su terraza. Se nos ocurrió entonces hacer música en la vereda. Y de ahí fueron apareciendo cosas: pintura de macetas, lecturas, un homenaje a María Elena. ¡Siempre con espirales y Off, y si hay mate, individual!”, se ríe Epstein. También trasladaron a la vereda las muestras de los talleres que no se pudieron hacer como cierre el año pasado, como la del taller de arte.

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Mientras la situación sanitaria lo permita, la biblioteca hoy está funcionando con préstamo de libros, con reserva de turno previa. Los talleres de arte infantil, piano, club de lectura, teatro, yoga, entre muchos otros, siguen con inscripción abierta.

Como toda institución de este tipo, “el remo constante” es la fuerza de la Roffo. Y el apoyo de los vecinos, que “se sienten parte”, dice Paula. Entre todos, por ejemplo, pintaron el hermoso y colorido frente de la biblio, una obra del humorista gráfico Emilio Ferrero.

“Si hay algo que me enorgullece es que el lugar sea un centro de referencia en el barrio. Acá hay un sentido de pertenencia comunitaria muy fuerte, y eso me llega de alegría. Los socios no son sólo socios, vienen a algo más que a ‘recibir un servicio’. Se involucran y es con ellos que se logra todo en la Roffo”, dice Paula.

Por eso el lema y la invitación que sigue haciendo esta biblioteca, no podría ser más adecuado: “Hacete socio, hacete amigo”. ♦

(*) Foto de portada: En pandemia, la actividad se mudó a la vereda de la Roffo. La muestra anual del taller de artes plásticas “Arte Marte”, acompañada por el show del dúo tanguero Servidio Santos, convocó a unos cuarenta vecinos un sábado de verano.


Biblioteca Helena Larroque de Roffo
Dirección: Simbrón 3058
Fb: @bibliotecaroffovilladelparque

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