UAS: deporte y cultura en silencio

La Unión Argentina de Sordos, un club que congrega a personas sordas e hipoacúsicas de todo Caba, tiene su sede en Villa Santa Rita.

En la cancha, un partido de ida y vuelta en el que los de afuera realmente son de palo. Los aplausos no suben egos, los gritos no dan nervios. El árbitro no pita el silbato: levanta banderas o pañuelos de colores. Los jugadores difícilmente se distraigan. Sus ojos completan lo que sus oídos no captan. Parecieran tener una visión de 360 grados.

Ese partido se juega en una cancha que ocupa el pulmón de manzana de Cuenca entre San Blas y Camarones. Es el fondo de la UAS, un club social y deportivo que es punto de encuentro de personas sordas e hipoacúsicas.

Antes de la pandemia, familias enteras de sordos compartían parte de su vida en esta sede. Organizaban torneos de vóley, fútbol, bowling, ajedrez, truco. Realizaban talleres de cocina, de artesanías. Promovían charlas temáticas con intérpretes de lengua de señas. La subcomisión de jubilados hacía fiestas todos los sábados. Y sobre todo, era un lugar para el desarrollo deportivo de niños y jóvenes de ambos sexos que participaban de competencias inter-clubes a nivel nacional e internacional. Son cerca de doscientos socios que esperan con ansias volver a esa vida, cuando la pandemia termine.

Ochenta y dos años atrás

En 1939, un grupo de ex alumnos de la Confederación Argentina de Sordos, de la calle Yerbal 176, fundaron una asociación que se llamaba “Club Social y Deportivo de Sordomudos General San Martín”. Por aquella época funcionaban otras dos asociaciones: el “Círculo Silencioso Argentino” y la “Asociación de Sordomudos de Ayuda Mutua” (ASAM). Años después, desde el gobierno se contactaron con las tres instituciones para proponerles unificarse y así recibir, entre todas, una subvención estatal. ASAM se negó, pero el Círculo y el Club San Martín aceptaron, y en 1956 ambas confluyeron en la “Unión Argentina de Sordomudos”. Su primer sede funcionó en el barrio de Flores, sobre la calle Argerich. Pasaron los años y esa zona se fue volviendo cada vez más comercial, y un día apareció un inversor que les ofreció permutar el edificio por otro más grande en la calle Cuenca. Así llegó la UAS a Villa Santa Rita, en 1986.

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En el corazón de un barrio de casas y pasajes, la fachada del club si bien tiene un aspecto sencillo, se advierte sobre ella el esfuerzo por mejorar el lugar, la presencia reciente de algún albañil. Un antiguo cartel de chapa, con forma de escudo, informa que allí funciona la UAS; otro cartel más reciente, agrega que el club Ciencia y Labor también utiliza la cancha para sus entrenamientos de fútbol. Y sobre el portón un tercero, blanco y amarillo, con el logo del gobierno de Caba, ubica la entrada del Centro de Día Nro. 30, el único en toda la ciudad destinado a adultos y adultas mayores hipoacúsicos/as.

Al cruzar la puerta, las bolsas de cemento y arena apiladas contra la pared dan cuenta de sueños que aún están en construcción. Avanzando hacia el interior un gigantesco escudo de madera tallada, bellísimo, cuelga del muro a modo de bienvenida. Avanzando más se accede al buffet, antesala de la cancha. En el primer piso hay un gran salón en obra, que un día albergará al gimnasio.

La cara del club

Román Carbone es una persona que en sus 43 años jamás escuchó el ¡toc, toc! de cada puerta que golpeó. Recibido en la carrera de Director Deportivo, es presidente de la UAS y secretario general de la Federación Argentina de Futbol Silencioso. Ejerce estos cargos ad honorem a la par que trabaja en la cadena de librerías El Ateneo. Hijo de madre y padre oyentes, está casado con una mujer también sorda y es padre de tres hijos.  Si hay algo que no le sobra es tiempo, pero con una sonrisa distendida y paciencia, Román intenta aportar desde su lugar para mejorar la vida de la comunidad sorda. No escucha, pero se hace oír.

“Una noche, hace dos años y algunos meses, vinieron al club unos inspectores que sin previo aviso nos clausuraron. Reclamaban que no teníamos los planos con las indicaciones de salida de emergencia ni alarma de emergencia luminosa. Es cierto que estábamos en falta, pero no tenían que clausurarnos, solamente tenían que dar una notificación con un plazo para cumplir. Levantar esa clausura llevó dos años de burocracia, pagar infracciones, pagar a abogados, pagar a un ingeniero de seguridad. Muchísimo tiempo perdido. Y sí, colocamos un nuevo sistema de alarma, actualizamos los planos. Incluso hicimos otras cosas: mejoramos la puerta de acceso al club, pusimos calefacción y wifi. Pero nada nos hace olvidar la indignación, la discriminación que sufrimos por gente poco capacitada que de un día para otro hace cerrar un lugar que estaba abierto hace ochenta años.”

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Superado el escollo burocrático y a poco de reabrir sus puertas, a la UAS, como a todos, se les vino encima la pandemia. Buscándole la vuelta para salir adelante hicieron un acuerdo con el vecino club Ciencia y Labor, que a cambio de un alquiler utiliza la cancha a cielo abierto, una de las pocas no techadas que hay en el barrio.

Esperando festejar una nueva ley

Si bien no existe un censo que arroje el número exacto de cuántos sordos hay en Argentina, las asociaciones que nuclean a las personas con esta discapacidad calculan un número mayor a setenta mil. La Confederación Argentina de Sordos estima que en Caba el 0,9 de los porteños son sordos.

En estos meses la comunidad sorda se encuentra exultante, a la espera de la inminente aprobación de la Ley Federal de LSA (Lengua de Señas Argentinas). “Fue una iniciativa popular, llevada al Congreso con el respaldo de más de treinta instituciones que luchamos para que los diputados y senadores comprendan que los no oyentes tenemos derecho, como el resto de los argentinos, a que nuestra cultura y nuestro idioma sean reconocidos”, expresa con vehemencia Román. Esta ley hará que la LSA sea de enseñanza obligatoria en las escuelas, significará que los organismos públicos y los centros de salud deban contar con un intérprete de LSA. “Aprobar esta ley es una prioridad porque aumentará nuestras oportunidades laborales, de estudio, podremos hacer un trámite o ir a un hospital seguros de que encontraremos a alguien que nos entienda. Será, en definitiva, el reconocimiento de la existencia de nuestra comunidad.”♦


UNIÓN ARGENTINA DE SORDOS
Cuenca 1750 / Instagram: @uas.union

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