Cómo están nuestros vecinos mayores

Las comunas 10 y 11 tienen gran cantidad de adultos mayores que al compás de este aislamiento confiesan que más que nada, extrañan. Cómo son las respuestas desde el Estado y de los referentes barriales.

“No tengo los datos exactos, pero me da la impresión de que en estos barrios, y sobre todo en Floresta, la población de adultos mayores es importante”. Quien habla es Mariela Martínez, vicepresidenta de la Asociación de Fomento, Cultura y Biblioteca Popular Manuel Belgrano, que queda en Tres Arroyos 3861.

Su percepción no resulta tan errada: así como en las comunas 4, 7, 8 y 9 hay más presencia de chicos, existen ocho de ellas -las 2, 5, 6, 10, 11, 12, 13 y 14- con unos porcentajes de población de 65 años y más superiores al promedio de la Ciudad de Buenos Aires, que según datos de la Dirección General de Estadística y Censos porteña está en el orden del 16 por ciento.

Dentro de “la Belgrano” funciona un centro de jubilados al que en “épocas normales” concurren unas 40 personas que se juntan, toman el té, conversan de sus cosas y cada tanto concurren a un show o se van de viaje. “Son vecinos que se conocen, se acompañan y tienen ahí su punto de encuentro”, explica Martínez y confiesa que muchos de ellos no ven la hora de volver a verse las caras.

“Como en la Asociación estamos abocándonos más que nada a la entrega de comida y ollas populares, abrimos las puertas un ratito, y tal vez vienen algunos señores que quieren entrar a jugar a las cartas. Yo los entiendo, y la verdad no me costaría nada decirles que vengan con barbijo y se cuiden. Pero tampoco es momento, me sentiría muy mal si algo pasara. Tenemos que esperar un poco más”, afirma y reflexiona: “Cada sector está con sus temas: los chicos que no pueden ir al colegio, la gente que no está pudiendo salir a trabajar, los que son esenciales y están súper expuestos. Lo que les pasa a los adultos mayores es que extrañan: extrañan a sus amigos, a la familia, a los nietos. Y en muchos casos no tienen un buen manejo de la tecnología, lo que vuelve todavía más difícil la comunicación”.

Desde la Belgrano los llaman seguido para ver cómo andan, y a los que necesitan les hacen los mandados, les buscan los remedios o incluso les llevan comida. También articularon con el Cesac 36 para organizar la aplicación de las vacunas que les corresponden. “La clave pasa por poder acercarles información: ‘¿cómo hago? ¿a quién llamo?’, ‘¿cómo lo pido?’” dice la referente barrial y se muestra preocupada porque muchos de estos adultos mayores están dejando de lado sus controles periódicos de salud.

“Para quienes somos grandes este es un tiempo perdido. Porque alguien que tiene 30 o 40 años podrá decir: “ya vendrán tiempos mejores”. Pero nuestras expectativas son más cortas, ¿el año que viene qué?”, se entristece Flora, que a sus 86 años vive sola y recibe la ayuda de sus vecinos.

El de los adultos mayores es un público amplio y muy heterogéneo. Están los que continúan trabajando, enseñan, tienen cargos públicos y dirigen empresas. Están, también, los que viven en residencias. Algunos andan en pareja, otros están solos. Y otros más se han retirado de la vida laboral, pero aun así continúan muy activos: para muchos de ellos el centro de jubilados representa el corazón mismo de la vida social.

El golpe emocional

“Está complicado”, arranca a contar Alberto “Coco” Meneses, de la Federación de Jubilados y Pensionados “Honrar la Vida”, que queda en Segurola 1174. Ahí funciona un comedor que depende del programa Probienestar de PAMI y que antes del aislamiento funcionaba de lunes a viernes de en el horario de almuerzo, dirigido sobre todo a quienes ganan la jubilación mínima (que en estos días ronda los 18 mil pesos). Ahora están cocinando cerca de 60 viandas diarias, pero son pocos los jubilados que van a buscarlas: a la mayoría un equipo del centro se las lleva en auto, una por una, a sus casas.

“La pandemia ha golpeado muy fuerte a los adultos mayores, sobre todo en lo emocional. Algunos están con miedo a enfermarse. Otros no cumplen las normas y están encontrándose con su familia. Yo no comparto eso: tampoco veo a mis nietos, pero creo que hay que cuidarse”, observa Meneses y cuenta que buena parte de la gente que va al centro vive sola, muchos de ellos en hoteles.

El Honrar la Vida brinda también talleres de gimnasia, memoria y uso del celular, algunos se están dando ahora por Zoom. “Pero no todos pueden manejarlo. Algunos tienen la disposición de aprender, otros no, y también están los que ni siquiera tienen wi-fi”, explica y machaca con que así y todo la principal carencia de esta población pasa por el afecto.

Desde el Estado  

Juan Argoitia es abogado especialista en derecho administrativo y docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Hace pocos mesas está al frente de la Unidad de Atención Integral (“UDAI”) Floresta de ANSES, en Segurola 1129. ANSES -se sabe- es el organismo argentino de la seguridad social y como tal clave en la vida de las personas mayores que a través de él perciben su haber jubilatorio. Pero el flamante director apunta a que su gestión vaya más allá del confín de los meros trámites.

“Lo que más me interesa desarrollar es la vinculación con el territorio. Quiero construir la mayor cantidad posible de lazos con las instituciones intermedias desde centros de jubilados a clubes de barrio pasando por sociedades de fomento, porque si bien hablamos de un organismo nacional, está enclavado en un barrio”.

Con la pandemia la ANSES informatizó varios de sus trámites y anuló definitivamente la “fe de vida”, que es el trámite por el que los jubilados y pensionados debían presentarse cuatro veces al año para solicitar el certificado de supervivencia. Hoy atiende telefónicamente a través del 130 y para las consultas presenciales se estableció un sistema de turnos, aunque también buscan atender la demanda espontánea. “Tenemos un protocolo para cuidar tanto a los beneficiaros como a los cerca de 50 trabajadores que se desempeñan en esta oficina, explica Argoitia.

Desde la Secretaría de Integración Social para Personas Mayores del Gobierno de la Ciudad el director de Protección y Desarrollo Sostenible Alejandro Pérez nota que más allá de la situación de tensión que para todos supuso la pandemia, también es una oportunidad para que la sociedad empiece a mirar a la población de adultos mayores de otra forma.

“Hasta no hace mucho los veíamos como el sector pasivo: ahora los consideramos un sector protagonista”, explica y señala que desde la dirección que conduce se ha encarado en estos meses cantidad de capacitaciones virtuales. “Hemos generado otro tipo de vínculo. Tuvimos que reinventarnos y la respuesta fue buena”, señala y precisa que desde abril a la fecha tuvieron más de 60 mil participaciones en los talleres que se brindan vía zoom.

El gobierno porteño organizó también en el marco del programa Mayores Cuidados una red colaborativa de voluntarios que podían anotarse para charlar por teléfono, hacer compras y pasear las mascotas de los adultos mayores a los que durante este aislamiento preventivo les tocó estar solos.

Desde el arranque de la iniciativa Fabiana Lazcano se anotó como voluntaria y así conoció a Ramona, una mujer de 76 años que vive sola y no tenía a nadie cercano. “Estaba todo parado y sentí la necesidad de ayudar, y desde que hicimos contacto nuestra relación fue en aumento. La ayudo a hacer las compras y le voy a buscar sus medicamentos, que toma muchos. Cuando llego charlamos un ratito, y también nos comunicamos por teléfono”, relata y dice que lo que le dejó esta experiencia es orgullo pero más que nada “una felicidad muy grande por haber conocido un ser extraordinario”.♦

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