Estudio Prisma

¿Si te cuento que al lado de tu casa hay un estudio de música, y vos ni enterado? Está escondido en la frontera entre Floresta y Monte Castro y no lo bautizaron Prisma porque sí. El productor, guitarrista y cantante Emilo Nicoli cuenta la historia que esconden esas paredes acustizadas.

Por fuera una linda casa del barrio. Por dentro una construcción reciclada en desniveles y repleta de ventanas. La luz del sol al filtrarse juega con las formas y los colores, cambiando el efecto sobre los ambientes a medida que avanza el día, por eso se llama Prisma.

La amistad y el trabajo

Emilio Nicoli y Guido Bernasconi cursaban juntos la carrera de Artes Electrónicas en la Universidad de Tres de Febrero, una propuesta educativa de vanguardia que a principios del siglo XXI era única en el mundo. Los dos trabajaban como sonidistas y ambos eran músicos. Los equipos y los instrumentos iban y venían de la casa de uno a la del otro según las necesidades del momento.

Fue Guido quien soñó un estudio propio que superara las posibilidades de la grabación hogareña. Compró esa casa sobre Juan Agustín García, pensó los espacios, comenzó la obra y en 2012 se quedó sin plata. Ya estaba por recurrir a préstamos abismales con compromisos que daban miedo cuando hablando con Emilio, los dos se dieron cuenta que la solución era mucho más sencilla: tenían que asociarse. Desde entonces, en Prisma han grabado de todo. Folklore, tango, rock en todas sus vertientes, proyectos de lírica, música clásica, también locuciones y hace unos meses adaptaron el estudio para hacer streaming a cuatro cámaras en HD.

Pero el trabajo de ambos en el rubro no es solo puertas adentro. Dice Emilio de su socio: “Guido labura en empresas de sonido muy grosas, labura para Bals, que son los que ponen los equipos si tocan Los Piojos en River, por ejemplo. También fue el jefe del escenario principal de Lollapalooza.” Por su parte, Emilio trabaja, entre otras cosas, como sonidista de Teresa Parodi.

¿Cómo es desempeñarse en el ambiente musical?

EN: Hay algo que se respira en este ambiente que está bien. Los vivos y las grabaciones son momentos de tanta exposición que el nivel de confianza en los equipos de trabajo es muy alto. Son días enteros, ocho o diez personas viajando juntos todos los fines de semana durante tres años. Es compartir mil kilómetros de ruta a un pueblito. Que se suspenda un show por lluvia y estar todos en el hotel, artistas, técnicos, manager y productores mirándonos las caras. Al final somos como una familia.

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¿Qué opinas de la música en Argentina?

En Nueva York, Londres o Berlín no hay movida musical como la de Buenos Aires. Ahora está todo parado, pero en tiempos normales, la cantidad de bandas que se presentan de martes a domingo es de no creer. Como consecuencia la escena profesional se deformó. No alcanzan los lugares para tocar, entonces se ha instalado una corriente de dueños de lugares que le cobran a los músicos por hacer shows, invirtiendo la relación: como si en lugar de contratarte te estuvieran alquilando el espacio. La mayoría de los músicos viven de otra cosa, muchos de dar clases o trabajar en bandas de músicos más reconocidos o haciendo música para cine o publicidad. Y a la hora de grabar eso se traslada. Como nadie gana plata vendiendo discos, tampoco invierten mucho en algo que no pueden recuperar.

El estudio soñado

Más allá del mucho o poco dinero que puedan tener las bandas que llaman a la puerta de Prisma, el estudio los recibe con lo mejor. Las paredes de la sala de grabación están construidas con cinco capas distintas y el piso con cuatro. Además de aislarla totalmente del sonido exterior, se buscó que tuviera un tiempo de reverberación determinado para lograr la acústica deseada. Aunque sea una sala no muy grande, suena como si tuviera casi el doble de tamaño. En el control, la protagonista es una consola japonesa de finales de los 80, rodeada de cantidad de equipos analógicos. El objetivo, cuenta Emilio, es poder procesar la señal antes de grabarla en formato digital. Pero no siempre el plan es el mismo, depende del género o del color de la voz o hasta del micrófono. Y el oficio está, entre otras cosas, en saber qué equipo usar en cada circunstancia, eso lleva años y discos de entrenamiento.

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¿Qué trabajos te tienen ocupado hoy?

EN: Estoy en plena grabación del disco solista de Sandra García, el cual también produzco. También estoy con un proyecto de re-musicalización de cine mudo, con la compositora y multi-instrumentista Eliana Liuni. También, mezclando un disco instrumental de Sara Mamani que grabamos durante el verano. La semana pasada trabajamos en un proyecto para el Fondo de Cultura Económica de México junto a Julieta Venegas. Estoy trabajando en un formato de mezcla analógica para Tripyc Psycho, una banda de Francia. En el último mes hicimos grabaciones con el percusionista Facundo Guevara para Chile y Cuba. Eso y varias cosas más.

¿Cómo es tu relación con el barrio?

EN: Es genial, salís a comprar yerba y es como que bajás mil cambios. Vas al chino y volves más relajado. Hay gente que me dice que es lejos, “lejos estás vos”, les digo yo. Cuando en 2016 me separé y tenía que mudarme, agarre un compás y marqué un radio de veinte cuadras a la redonda del estudio. Ahora vivo a quince y si el día está lindo vengo caminando. Me cambia la energía. De hecho, tengo vista una casa enfrente que siempre se alquila y hasta ahora nunca coincidí. Mi sueño es vivir ahí y cruzar a trabajar en chancletas.♦

(*) Foto de portada: Emilio Nicoli en el Estudio Prisma. Además de producir y grabar todo tipo de música, Emilio tiene tres discos de su autoría. El último, “Piscis, piscis, piscis” salió a la luz en noviembre del año pasado.

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