La comunidad escolar, en la trinchera

Bolsones ampliados, ollas populares, entregas de viandas: docentes, preceptores, cooperadoras y estudiantes están cargándose al hombro la tarea de repartir alimentos en medio de la pandemia.

Además de sostener las clases en forma virtual (y de tener que agenciarse para eso sus propias computadoras), además de cobrar el aguinaldo en cuotas y además de tener que lidiar -igual que la mitad del mundo- con esa odisea que implica trabajar y a la vez cuidar de la familia, a la par de todo eso los docentes porteños están durante esta pandemia cargándose al hombro la tarea de repartir bolsones de comida, cocinar viandas y organizar ollas, algunas veces por su propia cuenta y otras articulando con diferentes organizaciones y junto con toda la comunidad escolar: desde centros de estudiantes hasta cooperadoras, preceptores y cuerpos directivos.

Si bien el gobierno de la ciudad previó la entrega de alimentos para las familias de los alumnos -que según el nivel se realizan semanal o quincenalmente, y cuya distribución está, también, a cargo del personal de las escuelas- esos bolsones resultan a veces demasiado flacos: sobre todo en el caso de las jornadas simples, y más todavía para quienes no están pudiendo trabajar.
“Lo que se ofrece desde el Gobierno de la Ciudad es el mismo refrigerio que se daría en la escuela, un sándwich o una manzana y una barrita de cereal. Y a eso se agregaron cinco saquitos de té, 5 de mate cocido y leche. No hubo una reconsideración del contexto”, explica Guadalupe Tenaglia, asesora pedagógica del Comercial 11 “José Peralta”, que queda en Pedro Lozano al 4250, Villa Devoto. “Además los pedidos de viandas se toman en marzo, con lo cual se tuvo en cuenta el registro del año pasado. Así que no se actualizó en la cantidad, porque ahora la necesita más gente, ni en la calidad, porque a la vez se requieren otras cosas”, agrega.

La movida para engrosar los bolsones surgió entonces a partir de los propios profes, que recolectaron dinero, hicieron una compra en un mayorista y organizaron la distribución tratando de que fuera pareja y tomando los recaudos de higiene y distancia que el contexto requiere. Articularon con el equipo de campaña solidaria del cole, que juntó artículos de limpieza y aseo personal, también incluidos en los bolsones que en la última entrega del 3 de julio llegaron a 162 familias.

“La escuela tiene 600 alumnos en tres turnos. Sabemos que hay más personas con necesidad a las que tal vez no estamos llegando”, explica Tenaglia y suma que durante una de las entregas, siempre manteniendo la distancia, se logró concretar una breve entrevista para conocer la situación de las familias, tanto en lo laboral como en sus posibilidades de conectarse para las clases virtuales. Mónica Dufou, docente de francés, rescata que durante esa pequeña instancia pudo darse un contacto más directo con ellos. “Lo que estamos viviendo es un gran aprendizaje, para todos y en todos los aspectos -reflexiona-. También para ver realidades de las que antes tal vez no teníamos noticia”.

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Al calor de las ollas

Todos los lunes a las 20 horas en punto en Sanabria 1548, Floresta, vecinos se acercan con su tupper para compartir un poco del guiso que desde unas horas antes se dispone a cocinar un colectivo que integran docentes de la zona, el centro de estudiantes del Julio Cortázar de Flores y las agrupaciones Puebla y La Vuelta.

El frío cala los huesos, y en tanto las ollas se cuecen al fuego, los organizadores coinciden en criticar por su falta de ayuda social al gobierno encabezado por Horacio Rodríguez Larreta. “Están mandando comida que no alcanza ni para dos días”, denuncia Mateo Turne, de La Vuelta, y agrega que afortunadamente en el barrio se armó una especie de “red de ollas” que intentan alternar días y a veces hasta compartir recursos.

En Floresta cada lunes se cocina una olla popular de la que participan docentes y estudiantes de la zona y las agrupaciones Puebla y La Vuelta.

Verónica Zunino es docente y cuenta que desde el principio de la pandemia se reclama una tarjeta alimentaria para las familias. “Nosotros no quisiéramos estar haciendo una olla, ni celebramos que venga mucha gente. Lo que nos gustaría es que todos pudieran comer en su casa calentitos”, destaca mientras Ana Laura Pérez, integrante de La Vuelta, afirma que “mientras dure la emergencia vamos a sostener esta olla, todos los lunes a las 20 acá”.

“Afortunadamente en el barrio se armó una especie de ¨red de ollas¨ que intentan alternar días y a veces hasta compartir recursos.”

“Cuando vimos el bolsón dijimos ‘algo tenemos que hacer’”, arranca a contar Claudia Kovacs, presidente de la Cooperadora del Nacional 19 Luis Pasteur de Navarro 4344, más conocido como “el Nacho”. Lo que hicieron fue empezar a agregar alimentos: fideos, arroz, puré de tomate, yerba. Todo a pulmón y de forma artesanal, consiguiendo donaciones de vecinos, sumando algunos bolsones que les donó la Comuna 11 y empleando el dinero que la propia cooperadora logra reunir mes a mes.

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Organizamos dos jornadas para recibir donaciones de alimentos de las que participaron profesores, preceptores, padres, directivos. El día de la entrega hacemos previamente la distribución y armamos una fila de sillas para que las familias que vienen a buscar los bolsones puedan esperar sentados y manteniendo la distancia”, relata y agrega que tienen el proyecto de armar una huerta para, en breve, poder sumar también algunas verduras.

La Cooperadora del Nacional 19 de Devoto, organizó junto a docentes y directivos dos jornadas para recibir donaciones.

Como docente (trabaja en la Escuela 1 Antonio Dellepiane) y como delegada de la Unión de Trabajadores de la Educación Flavia Groiso está siempre atenta a las posibilidades de participar. “Esta situación nos agarró a todos de imprevisto y con faltantes que en la Ciudad veníamos reclamando desde hace mucho tiempo, desde problemas de conectividad e higiene hasta la calidad y cantidad de las viandas”, explica y cuenta que la mayoría de las escuelas están de una forma u otra buscando la manera de “engordar” el bolsón regular.

Groiso participa además de una entrega de viandas que todos los miércoles a las 12 se organiza en el Centro Cultural Biodevoto -Cervantes 2944- y de la que forman parte varios docentes de los distritos 17 y 18, que más o menos se corresponden con las comunas 11 y 10. Cada semana reparten comida para unas 200 personas, por lo general guisos con cerdo o pollo completados con fideos y verduras y pan caliente que hornean ahí mismo, ya que en Biodevoto funcionaba -prepandemia- un taller de panadería. “El Credicop de Sanabria y Pedro Lozano nos abrió una cuenta gratuita y también contamos con la ayuda del Frente Barrial CTA”, precisa Groiso. “Los docentes sabemos que cuando tengamos que volver a la escuela esto no se acaba, que todo va a ser más difícil -concluye-. Pero al mismo tiempo podemos ver que en la comunidad educativa los lazos están intactos”. ♦

(*) Foto de portada: En el comercial 11 de Devoto la entrega quincenal de alimentos se organiza cuidando la distancia, pero buscando a la vez mantener un mínimo contacto con las familias.

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