Es otra tarde de finales del verano en el corazón de Devoto y varias personas empiezan a congregarse en la intersección de Cantilo y Marcos Paz. En la ochava a sus espaldas, como un decorado inevitable, se levanta la construcción de principios del siglo pasado que alguna vez perteneció a Francisco Beiró y hoy luce en ruinas con su portón oxidado, cristales rotos, paredes enmohecidas y un jardín delantero invadido por basura y escombros. Solo los árboles persisten, frondosos y tercamente aferrados a la vida.
La convocatoria vecinal tiene que ver con la protección de ese inmueble. La lanzaron organizaciones como la Asociación de Fomento de Villa Devoto, la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto, Basta de Demoler y el Observatorio por el Derecho a la Ciudad. Denuncian que esta casa, en otro tiempo deslumbrante, cuenta por ley con protección estructural, aunque nadie la cuida. Que ese abandono es una invitación al vandalismo. Que en los últimos 13 meses sufrió dos incendios. Y que hay varios indicios de que el deterioro es intencional.
“Esta vergüenza que soportamos los vecinos tiene 20 años”, comienza a hablar, megáfono en mano, Norberto Malagutti, representante de la Junta de Estudios Históricos de Devoto. “¿Por qué defendemos esta casa?” se pregunta y repasa la vida de Beiró, quien llegó muy joven desde Entre Ríos, era abogado, militante de la Unión Cívica Radical y fue diputado, ministro del Interior y vicepresidente electo de la Nación en la fórmula con Hipólito Yrigoyen, cargo que nunca llegó a ejercer porque en 1928, a los 51 años, falleció por problemas cardíacos.

“Cuando el doctor Beiró murió –dice Malagutti y señala hacia la fachada detrás suyo– fue velado en esta casa, a la que se acercó la primera plana de las personalidades de la política y la cultura. La gente del barrio hacía cola para darle el último adiós. Veinte cuadras lo llevaron en una carroza, iban tirándole flores las mujeres y quitándose el sombrero los hombres, mientras las iglesias repicaban sus campanas”.
El experto define al antiguo dueño como un “vecino extraordinario” que impulsó el progreso del barrio (hizo empedrar calles y mandó también a colocar alumbrado público), participó de la creación del Club Estudiantes de Buenos Aires (antes Sportivo Devoto) y fundó la Asociación Popular de Protección de la Niñez. “Si nosotros, los vecinos, no actuamos, vamos a perder –advierte–. Por eso tenemos que seguir exigiendo. Porque nadie protege cenizas y nadie protege escombros”.
“Ruina intencional”
La “Casa Beiró”, como se la conoce en Devoto, permanece deshabitada desde 2008, cuando debido a los altos costos de mantenimiento las bisnietas del dirigente radical decidieron ponerla en venta. Los vecinos apuntan entre los responsables del deterioro a la inmobiliaria Jakim, con presencia en la zona desde 1947.
Aunque no hay información oficial que lo confirme, la sospecha colectiva es que sus dueños habrían adquirido este ícono histórico con una posible estrategia de“ruina inducida”: que el paso del tiempo y la falta de mantenimiento dejaran la construcción al borde del derrumbe, argumentando luego que ya no vale la pena preservarla. Vínculos Vecinales intentó ponerse en contacto con Jakim, pero no obtuvo respuesta.
Claro que el Gobierno de la Ciudad también es señalado como culpable, en este caso debido a su “no gestión” del patrimonio histórico. Si bien la protección estructural sigue vigente bajo la ley 2858/08, la norma impide demolerla pero tampoco impone a sus dueños una obligación real de mantenerla. Por eso la Casa Beiró persiste en una suerte de limbo: protegida en el papel, pero desamparada en la realidad.
Una mujer toma la palabra, prefiere no hacer uso del megáfono. Cuenta que vive en la casa lindera y que las intrusiones son permanentes, que no puede dormir, que hizo tres denuncias en la Comisaría 45 y sin embargo no pasa nada.
La ex legisladora María José Lubertino, que suele acompañar diversos reclamos barriales, pregunta en voz alta por qué en esa esquina no hay cámaras de seguridad, ni existió tampoco presencia policial durante las noches de los incendios, máxime cuando dos agentes vigilan a una distancia prudencial el desarrollo de esta asamblea barrial.

“Es mentira que no hay plata”
Mónica Hernández y Héctor Constanzo, también de la Junta de Estudios Históricos de Devoto, repasan una a una las iniciativas de protección de la Casa Beiró que a lo largo de los últimos quince años circularon por la Legislatura Porteña y, bajo el argumento de que “no hay plata”, fueron quedando en la nada tras su paso por la Comisión de Presupuesto o perdiendo su estado parlamentario.
Los sucesivos proyectos de ley eran prácticamente iguales: proponían expropiar la casa, ponerla en valor y destinarla a algún fin comunitario. El último data del 3 de marzo de este año y fue presentado por Alejandro Grillo, legislador del bloque Fuerza por Buenos Aires. Su idea es transformar la casa en un museo y centro cultural.
Grillo se hace presente en la esquina de Cantilo y Marcos Paz, y cuando es invitado a compartir unas palabras reconoce que la iniciativa, que requeriría el voto favorable de al menos 31 de los 60 legisladores porteños, no va a ser fácil de alcanzar. “La urgencia del Ejecutivo de la Ciudad está hoy enfocada en la construcción en altura. No ponen el mismo énfasis en defender edificios históricos”, denuncia. Pero insiste: “No bajen los brazos. La clave es transformar esta causa en una causa pública e instalarla en los medios de comunicación y el resto de los barrios”.

“El Gobierno de la Ciudad fue claro, no va a comprar esta casa”, levanta la voz uno de los presentes. “Así que hay que buscar otra alternativa para que alguien se interese en comprarla y restaurarla”. Los comentarios empiezan entonces a superponerse y la reunión pierde la prolijidad de los turnos y deriva en su forma más espontánea.
La pregunta que más se repite es “qué hacer”: subir el volumen, acercarse a la Legislatura, juntadas de firmas, abrazos simbólicos. Brotan también los ejemplos de otras luchas barriales con finales más o menos felices: el debate por la Costanera Norte, los playones de Colegiales, los “sapitos” bajo la traza del ferrocarril San Martín. Alguien chista y el orden se reestablece.
La gente del Observatorio del Derecho a la Ciudad anuncia que en los próximos días va a presentar un recurso de amparo para pedir medidas de protección y recomposición del patrimonio.
Mauro Sbarbati, referente de Basta de Demoler, explica que desde el año ’91 existe una herramienta que se llama “Fondo de Estímulo para la Recuperación de Edificios Catalogados” (o FEREC) y está destinada a financiar la preservación de inmuebles con valor patrimonial. “Ese fondo no funciona porque no lo reglamentan. Cada vez que se pide un permiso de construcción, hay un pequeño porcentaje que debiera destinarse a ese fondo. Imagínense el monto que se hubiera podido reunir desde el ’91 para recuperar nuestros edificios catalogados. Entonces no es que no hay plata: lo que no hay es voluntad política”, resume.
El sol va cayendo y la idea es hacer con luz natural la foto final “con todos”. Antes de dejar el megáfono, Sbarbati finaliza: “No dejen de quejarse. Anoten los números de la fiscalía. Vayan a la justicia. Vayan a hablar con los legisladores. Vayan a las reuniones de presupuesto. Es mentira que no tienen plata. Es mentira que la Ciudad de Buenos Aires deba tener 13 pisos en las avenidas y 7 en las calles. Tiene que quedar un mínimo de aire, de pasto, de árboles, de historia. No estamos pidiendo que se instaure el comunismo. Solamente queremos una ciudad a escala”.
Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto
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Juntos por Devoto
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Basta de Demoler
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Observatorio por el Derecho a la Ciudad
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