“Seño” para todo el país

Vive y vivió en Villa del Parque toda la vida, es maestra desde hace 25 años y este 2020, pandemia mediante, le abrió una posibilidad impensada: ser parte de la programación televisiva de Seguimos Educando. Conocé quién es y cómo piensa Nuria Alonso.

Nunca antes había aparecido en pantalla, ni se consideraba histriónica, ni había estudiado teatro, ni le gustaba tampoco “hacer videítos”. Sí traía encima 25 años de docencia, profesión que ejerce como maestra en primer grado de la escuela CREA de Villa Devoto y como docente en el ciclo de inicio de la Universidad de José C Paz. Hoy Nuria Alonso es además la “Seño” de primer grado en la “pata televisiva” de Seguimos Educando, la propuesta educativa que el Ministerio de Educación de la Nación lanzó para garantizar la continuidad pedagógica y que aparte de la tele incluye también cuadernillos y emisiones radiales.

¿Cómo fue que entraste a Seguimos Educando?

Una compañera mía en la Universidad de José C. Paz trabaja también en el Ministerio de Educación, para donde yo había colaborado ya durante la gestión de Alberto Sileoni en la redacción de los cuadernillos Piedra Libre. Cuando empezó la cuarentena ella estaba escribiendo contenidos para Seguimos Educando, y entonces me dijo: “Van a hacer un programa de televisión, pensé en vos”. Al principio me reí, pero después dejé que pasara mi currículum. Y a los pocos días me llamaron.

Y de ahí en más, ¿cómo siguió todo?

Tuve varias reuniones, todas por teléfono. Yo estaba súper en cuarentena dando mis clases virtuales. Me pidieron que mandara un videíto de cinco minutos, lo hice y medio me quería morir, pero pensé: “igual no voy a quedar”. Y a los pocos días me avisaron que sí, que había quedado. Después tuve una reunión por zoom con las productoras y un lunes, que creo que fue 3 de abril, arrancó el programa.

¿Estabas nerviosa?

Re nerviosa. Llegué al canal dos horas antes, y recién ahí conocí al equipo. Todo era muy raro, nunca antes había estado en un estudio de televisión. Encima un ratito antes habló Nicolás Trotta, que presentó el ciclo con Rosario Lufrano. Así que al hecho de salir en vivo para todo el país sumale de espectador al ministro de Educación y a la presidenta de Radio y Televisión Argentina. Cuando terminó esa primera emisión me puse a llorar: de los nervios, de la emoción, de no haber dormido. Volví todo el camino hasta mi casa de Villa del Parque llorando y leyendo mensajes de Whatsapp.

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¿Las clases las preparás vos?

Hay contenidistas del Ministerio que pasan el material a la gente que se ocupa del guión, y luego nos envían eso. La parte de los docentes no está guionada, pero sí planificada. Lo que hago cuando me lo mandan es estudiarlo para apropiarme de la clase, porque como maestra estoy acostumbrada a planificar mis propias clases.

¿Cómo te cambió la vida formar parte de este programa?

Cuando dije que sí nunca me imaginé que tanta gente fuera a ver el programa, fui bastante inconsciente. A Seguimos Educando lo miran los chicos, pero también muchos maestros. Al principio no me cambió nada, iba al canal y volvía a casa. Después empezaron a llegar mensajes, más que nada de padres y madres de mis alumnos, felicitándome o pidiéndome que les mandara saluditos a los chicos. Y después pasó que me equivoqué…

¿Cómo fue eso?

Fue muy al principio, y en el momento fue horrible. Escribí mal la palabra “herbívoros” en el pizarrón. Lo peor es que en mis apuntes que me hago para ordenar la clase lo tenía bien escrito varias veces. Cosas que pasan. En Twitter me dieron para que tenga. Y lo peor es que después, cada vez que algún otro maestro se equivocaba, ponían mi foto, porque el error era muy gráfico. Lo había escrito bien grande, con letra mayúscula. Tomaron la captura perfecta.

¿Y hoy qué reflexión hacés sobre ese error?

La pasé pésimo. Y lo que más bronca me daba era darles de comer a los que odian, o que jamás vieron el programa y no tienen idea del esfuerzo que significa, pero aprovechan para criticar. Ahí me di cuenta de la llegada que estábamos teniendo. Terminé en la tapa de Clarín, hasta Lanata hizo un editorial en la radio sobre mi error. Mis compañeros me decían en chiste: “equivocate, que al otro día nos ve todo el mundo”. Tanto ellos como todos en el Ministerio me bancaron.

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Leí algo que publicaste al respecto en la revista Sudestada y donde reivindicás el error en el aula.

Yo no me quise equivocar, no me lo esperaba. Tenía miedo de estornudar al aire, pero no de eso. En el aula me equivoqué cientos de veces. No es que sea algo deseable que los docentes cometamos errores de ortografía, de hecho sentí vergüenza y vuelvo a sentirla cada vez que veo la foto. Pero lo cierto es que los maestros a veces nos equivocamos, y los pibes aprenden del error. El error no se castiga, sino que puede ser fuente de nuevos aprendizajes.

Muchos dicen que este es un año perdido, ¿vos cómo lo ves?

No pienso que sea un año perdido. Los pibes van a aprender otras cosas, tal vez no las mismas que planificamos para que aprendan en este ciclo. Hay cuestiones que sí se están perdiendo. Pensando en los de primer grado, lo que más me preocupa es que crean que esto es la escuela. Y otras veces tiendo a pensar que no pasa nada, que todos vamos a aprender a encontrarnos con estas cosas que no imaginábamos que podían suceder, pero suceden. En algún momento nos vamos a recuperar. Lo groso va a estar el año que viene, en cómo hacemos para poder encontrarnos, para no “hacerle oso” a todo lo que nos pasó y pensar en cómo seguir. En algunas áreas vamos a tener más recursos. Ojalá algo de todo esto resulte en aprendizaje. ♦

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