Cuando el piberío cuenta

Un taller de periodismo dejó huella en varias camadas de estudiantes del Nacional 19 de Devoto. Claudio Morales, el docente a cargo, narra una experiencia que ya lleva treinta años.

“Con el piberío es imposible caretearla. Si estás frente a ellos, tenés que estar con la verdad. Porque los pibes captan todo, todo”. La frase de Claudio Morales describe toda una manera de pararse en el aula y en el mundo. De entender y marcar códigos con ese “piberío”, como tan cariñosamente volverá a referirse a ellos una y otra vez, dejando sentado que se les debe confianza y respeto, pero también una exigencia de compromiso.

Morales es preceptor del Colegio Nacional 19 de Devoto “Luis Pasteur”, mejor conocido en el barrio como “el Nacho”, desde hace treinta años. Pero no sólo eso: un año después de su ingreso, en 1993, abrió un espacio que marcó impronta en el colegio del que también es ex alumno: el taller de periodismo que se mantiene hasta hoy, que ya formó a muchos chicos y chicas que terminaron dedicándose a la comunicación, y que es orgullo de “El Nacho” por logros como diarios y programas radiales propios, entre otras incursiones: desde participar en las audiencias de Papel Prensa, hasta ser invitados a Chile por un trabajo sobre los bebés apropiados en dictadura.

Las casi tres décadas que Claudio lleva con “el piberío” determinaron que hoy estén participando del “Grupo Pasteur” (así se llama el espacio del taller) hijos de quienes fueron alguna vez sus alumnos. A Morales el dato no lo altera, pero sí le da pie para marcar cómo fue cambiando la dinámica de la educación en todos estos años. Desde cuestiones que intenta “entender críticamente, más que criticar” (la virtualidad como modo de encuentro, la pérdida de lo artesanal como modo de hacer), hasta las políticas que, reflexiona, fueron marcando un retroceso general de la educación pública en la ciudad de Buenos Aires.

“El Nacho es una escuela que tiene una impronta en el arte, la comunicación, lo social, muy vinculada a lo humanístico. En los primeros años el taller lo hacíamos los sábados a la mañana, los chicos venían especialmente fuera de horario escolar y participaban con ganas. Hoy eso sería impensable”, comenta Claudio. ¿Por qué? “Habría que intentarlo, pero es un hecho que los pibes le escapan a la escuela si no es en horario escolar. Yo no me enojo con eso, intento entenderlo y actuar en consecuencia”, afirma. “Hoy para ellos encontrarse ya no pasa tanto por lo presencial. Si el taller era el momento del encuentro, y hoy se vinculan por las redes todo el tiempo, ¿para qué van a ir a encontrarse a la escuela? Son desafíos que se van dando y la escuela tiene que asumirlos”, reflexiona.

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Medalla de oro

Morales recuerda hitos como la participación en los torneos deportivos que organizaba el diario La Nación en El Palomar, y que también incluían la competencia por la cobertura periodística. “Nos íbamos los sábados y domingos más de 200 personas, entre docentes, estudiantes, familias. La escuela obtuvo la medalla de oro en el certamen. Envalentonados, volvimos a participar y los chicos volvieron a arrasar. El torneo sirvió como excusa para que pudieran trabajar el formato del periodismo gráfico, hacíamos unos hermosos periódicos con tapas al estilo Página/12 que impactaron mucho”, recuerda.

Repasa una anécdota puntual: “Los habían separado en varones y mujeres, como todo el torneo. En ese entonces no se hablaba de la cuestión de género, pero el piberío estaba enojadísimo. Lo resolvimos muy simple: como el taller es uno, trabajamos todos juntos y después presentamos dos trabajos”, se ríe al recordar.

La página de Facebook del “Grupo Pasteur” refleja parte del intenso trabajo de todos estos años. Los chicos trabajaron en radio documental, llegaron a tener 4 horas en la FM 90 de Villa Devoto. En gráfica, sacaron un diario que creció de 8 a 32 páginas. Cuando surgió el formato digital, también se sumergieron allí. “En 2010 el grupo pidió utilizar el audiovisual para hacer notas.

Coincidió con una serie de tomas de secundarios, y ellos cubrieron las escuelas tomadas. Generó una buena reacción de la comunidad estudiantil, pero a la par una persecución del gobierno de la Ciudad. No pasó a mayores, pero empezaron a observar el taller de periodismo con una lupa especial, en un momento de la escuela en que iban cambiando las autoridades. Fue feo”, recuerda.

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Malvinas, el asesinato de Cabezas, la Amia, los aniversarios de la dictadura, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, son algunos de los temas en los que “el piberío” se sumergió con mayor énfasis. Pero también, marca Claudio, muchos otros que ya eran preocupaciones antes de que aparecieran como temas de agenda pública. “Hablamos y debatimos mucho sobre abuso, acoso, lo que hoy se llama bullying. La violencia en el aula y en la sociedad, lo que les pasa a las mujeres, lo que les pasa a los gays y lesbianas. Hoy parece un chiste, pero en ese momento era fuerte hablar de consumo de drogas”, repasa.

Morales llevó adelante el taller, durante todo este tiempo, sin cobrar por su trabajo, a excepción de algunos años. “Con la gestión de Sileoni, el Ministerio de Educación lanzó un programa que favorecía la realización de proyectos áulicos. Entramos en ese programa en 2012 y fue la primera vez que el trabajo fue rentado. En 2016, la nueva gestión lo desarmó”, cuenta.

Sin embargo, más allá de los vaivenes políticos y los cambios culturales, a tres años de jubilarse este docente confía en la semilla plantada: “Proyectos así no pueden terminar porque el que esté a cargo se vaya, tienen que perdurar más allá de las personas”. ♦


Foto de portada: Claudio Morales en el frente del Nacional 19. El docente es vecino de Devoto. Además de su trabajo en la escuela, dirige el medio digital Pregoneros.

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