Gonzálo Pugliese: el peso de los afectos

Entre el negocio familiar y la gestión del club Pacífico. Una vida ligada al barrio: nace y crece, emigra y regresa.

«Mi nombre es Gonzálo Pugliese, soy hijo de Alfredo, nieto de Francisco y bisnieto de Domingo. Domingo era albañil, mi abuelo Francisco fue el corralonero del barrio desde hace más de 50 años -tenía el corralón en Emilio Lamarca y Arregui-, mi viejo desde los 12 años que está arriba de un camión y ahora mi hermano Germán y yo estamos al mando de la empresa.

Mi abuelo vino de Italia con su familia y se instalaron en Villa del Parque, después vino mi abuela. Somos descendientes de inmigrantes italianos y nos han enseñado que lo primero es el trabajo: trabajar y esforzarse para conseguir las cosas.  Mi viejo tiene hoy 65 años y trabaja más que yo. Son las seis de la mañana y ya está levantado. Hace lo que haga falta: repartir, cargar… Y yo desde chico mamé el trabajo del Corralón. Siempre que tenía un espacio venía y atendía el mostrador o entregaba los pedidos o manejaba el camión… En una empresa familiar es así, todos sabemos hacer todo.

Nuestro fuerte es acá: Villa del Parque, Monte Castro y Floresta. Los vecinos saben que con nosotros tienen confianza, que les vamos a cumplir, estamos acá hace 40 años, no nos vamos a escapar a ningún lado. Vienen clientes que dicen “yo iba con tu viejo a la escuela” o “yo le compraba a tu abuelo”, eso pasa bastante seguido. Tenemos dos locales, uno en Av. Alvarez Jonte y Concordia y otro en Santo Tomé, que es donde se carga y salen los pedidos para repartir. Estamos organizados para poder hacer las entregas en el día y también vendemos a través de Mercadolibre y aceptamos pago con tarjeta de crédito y con mercadopago. Al día de hoy mi papá se ocupa de la Logística y mi mamá se encarga de la parte Administrativa. Yo hace cinco años que estoy a pleno acá. Mi hermano Germán desde mucho antes, él es más grande que yo y arrancó de más chico. Porque yo me dediqué al fútbol.»

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 Contame de tu relación con el fútbol.

Durante siete años jugué al fútbol profesional, siempre en el Ascenso. Gracias a mi familia me pude dedicar de lleno, desde inferiores nunca me faltó nada para poder hacer mi carrera. Después tuve la suerte de vivir del fútbol. Jugué en All Boys, en Deportivo Merlo, en Central de Córdoba, estuve en Uruguay y estuve en Italia.  En Italia jugué en un club que se llama Monseriche, es un club de la Provincia de Benetton, que queda a 50 kilómetros de Venecia. Eso fue hace siete años, yo tenía 25. Fue una experiencia muy linda pero lo dejé porque ya no lo estaba disfrutando y sentía que tenía que estar acá. A veces se reniega mucho jugando al fútbol, cuando uno ya lo vive como un trabajo y a veces no le cumplen… sentía que tenía que estar acá.

Y apenas volviste a Buenos Aires, empezaste con la movida para reactivar el fútbol en el Club Pacífico.

A los dos años. Casualmente justo fui papá…

Fuiste papá, te pusiste a trabajar full time en el Corralón, te arremangaste para levantar el Club… ¡todo junto!

Tremendo. No quería que sea tan así. Se fue dando. Una vorágine. Lo del club es lindo pero es tu tiempo libre que le estás destinando. Porque no es todo color de rosa, siempre hay problemas, casos que hay que tratar, hay que poner normas, pautas, hay que estar, es un sacrificio. La verdad que es el club donde yo me crié, entonces siento que tiene que estar bien, y cuando uno no lo ve bien se pone mal… eso fue lo que pasó. No lo veíamos bien, pusimos las manos en el fuego y nos pusimos a trabajar.

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¿Cómo ves al barrio comparándolo con tu infancia?

La verdad que cada vez se vive peor. No tenemos tiempo para dedicarnos, la gente está apurada. Cada vez la ciudad tiene más habitantes, es más complicado todo. En Europa tenés comodidad, tranquilidad, las cosas les cuestan menos a ellos, tanto por la plata como por el tiempo. Allá hay tiempo para todo… es verdad que yo estaba en una ciudad chica, capaz que acá en Argentina en el Interior también viven de otra manera. Pero lo que veo en Buenos Aires es que la gente vive apurada. Es complicado estacionar, te hacen multas, en Villa del Parque hace 10 años no existía que te hagan multas, antes no había problemas para estacionar, hoy ir a Cuenca es “conseguir lugar para estacionar”. Es complicado, eso veo. Hay mucha gente, al haber mucha gente todo es tremendo. Creo que no tenemos calidad de vida, pero el barrio es el barrio y los afectos son los que nos hacen quedarnos acá. ♦

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