Un farmacéutico a domicilio

Recién jubilado de su trabajo de toda la vida, Mario Aronas ofrece al barrio un servicio de atención a domicilio. Aplicación de inyecciones, tensión arterial, oximetría y el asesoramiento de un farmacéutico de confianza.

Recién jubilado de su trabajo de toda la vida, Mario Aronas ofrece al barrio un servicio de atención a domicilio. Aplicación de inyecciones, tensión arterial, oximetría y el asesoramiento de un farmacéutico de confianza.

Un farmacéutico a domicilio

Recién jubilado de su trabajo de toda la vida, Mario Aronas ofrece al barrio un servicio de atención a domicilio. Aplicación de inyecciones, tensión arterial, oximetría y el asesoramiento de un farmacéutico de confianza.

Hace dos meses Mario se despidió de sus compañeros de trabajo y de la profesión que ejerció durante 43 años. Las primeras hojas del otoño caían entre sus zapatos y las baldosas cuando salió de la farmacia de Jonte y Cuenca por última vez. Mientras volvía caminando a su casa lo cruzaban “¡Qué tal Mario!” “¡Que decis, Mario!” vecinos a los que tantas veces había atendido tras el mostrador.

Era casi de noche cuando llegó. Su mujer lo esperaba, sus hijos lo llamaron por teléfono. ¿Y ahora? No estaba listo para dejar de trabajar. Por un lado le gustaba la idea de tener más tiempo libre para ver los partidos de Boca y de All Boys, y por otro pensaba de qué modo seguiría activo, ofreciendo su saber.

Ya de chiquito

Su identidad, construida alrededor del cuidado de la salud, comenzó a delinearse en la infancia. Como su mama estaba muy enferma, los médicos eran una presencia destacada en la vida familiar, tanto como las cajas de remedios.

“Ya de chiquito les sacaba los prospectos y empezaba a leerlos, quería entender”, dice Mario, y a la hora de elegir qué estudiar “sabía que medicina no era, porque el trato tan cercano con las personas por ahí no era lo mío. Pero el trato en la farmacia, que me vengan a preguntar, poder darles una indicación, imaginarme en ese rol me gustaba”, dice el farmacéutico recordando lo que pensaba cuando empezó a estudiar y da la impresión de que su sentir no ha cambiado.

Vida de farmacéutico

Los primeros veinte años trabajó en una farmacia de La Boca. Los últimos veintitres en dos de Villa del Parque que pertenecen a los mismos dueños: Daneri y Mafei.

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Lo particular de la atención en esta clase de negocio, dice Mario, es que “la gente va a la farmacia porque tiene un problema. No es como cuando va a comprar ropa, que es algo lindo. La gente viene porque está mal entonces hay que entenderla”. Cuenta Mario que siempre le hacía esta observación  a los nuevos empleados: “Tenés que saber que la persona ya entra con un problema a la farmacia. Vos no se lo hiciste al problema, pero ella tampoco lo generó. Apareció el problema y lo sufre. Entonces lo que tenés que tratar de hacer, primero, es bajar los decibeles, tratar de hablar más bajito, tratar de explicarle y si no sabes me llamas a mí”.

Hoy, que esa larga etapa de su vida terminó, dice Mario que «es muy agradable caminar por el barrio y que lo reconozcan a uno, que lo saluden”.

Homeopatía

Tantas horas parado tras el mostrador durante tantos años repercutió en su columna y llegó un momento que tuvieron que buscarle la vuelta para que él pueda seguir trabajando en la farmacia de otra manera. Dejó entonces la atención al público y se dedicó a los preparados homeopáticos. Él mismo armó en Mafei el laboratorio de medicina alternativa.

Dice Mario que para entender la homeopatía tuvo que desprenderse de los prejuicios que le transmitieron en la facultad, donde se la considera brujería. “En la farmacopea argentina ni se la nombra. Pero yo veía que estaba bastante difundida y que había médicos homeópatas serios”.

Cuando empezó a estudiar sobre esta forma de cura le interesó que no se presentara a si misma como todopoderosa. “Sabe que tiene límites, la homeopatía dice ¨si usted tiene cáncer, vaya al oncólogo¨. Pero en muchas enfermedades, psicosomáticas especialmente, yo he comprobado que ayuda a los pacientes”.

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Atención a domicilio

El día que se despidió de su trabajo por última vez, hace dos meses, Mario atravesaba el centro comercial de Villa del Parque pensando en el pasado y en el futuro. Recordaba la farmacia de La Boca donde además de atender al público aplicaba inyecciones, que en esa época se daban con jeringas de vidrio. Luego siguió dando inyecciones a gente cercana, compañeros de trabajo, amigos y familiares.

Mario recupera hoy esta parte del oficio al que su título lo habilita y ya sabe cómo va a seguir trabajando, ahora que no va más a la farmacia: “Ahora voy a aplicar inyecciones, hacer nebulizaciones, medir la glucemia, tomar la presión. Menos endovenosas y curaciones, puedo hacer lo que haga falta”, avisa el farmacéutico a todo el barrio, a los que lo conocen y a los que no, para que lo tengan en cuenta. ♦


Mario Aronas
Whatsapp: 11 4099-3187
Mail: marioaronas@gmail.com

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