La Juventud Argentina

Dicen que todos los inmigrantes gallegos que llegaron del pueblo Lage abrieron fábricas de pastas. Entre ellos, el tío abuelo de Jorge Pose, dueño de La Juventud Argentina. El hombre al que un presidente lo llamó un día desde Casa Rosada para encargarle las pastas de su cumpleaños, hoy está por cumplir cuatro décadas en el rubro y sigue adelante con la tradición familiar.

Su nombre nos transporta a un período teñido de sentimientos gloriosos, habla del orgullo por la identidad propia. Eran jóvenes de treinta y pico, inmigrantes españoles y su descendencia, quienes abrían fábricas de pastas en la década de 1940 y 50. Cuenta Jorge Pose que su tío abuelo fue uno de los primeros que comenzó a trabajar en el rubro. “Como le iba bien, reclamó a mi papá para que viniera a la Argentina en la época de Perón, año 1949”,  “Reclamar” se decía para referirse al trámite legal que un ciudadano argentino debía hacer para que un pariente venga de Europa, comprometiéndose a darle casa y comida.

“Con ese tío abuelo mi viejo aprendió el oficio, juntó unos pesos y se independizó. En aquel momento comprabas una fábrica de pastas a pagar en veinticinco años”. Jorge habla de una época en que España estaba en la ruina, destruida por la guerra civil, la segunda guerra mundial “y un campo que no daba, se plantaba la cosecha y no salía buena, entonces todos buscaban la América. Allá se mataban trabajando por nada y al venir acá era otra cosa”.

“Mi padre después reclamó a sus hermanos. Laburaron un tiempo con él y en cuanto pudieron abrieron sus propias fábricas de pastas. Era la costumbre: mi familia viene de un pueblo de La Coruña llamado Lage y todos los que vinieron de ahí pusieron fábricas de pastas.”

“Cuando amasás es como que acariciás tu obra», dice Jorge Pose.

Los sorrentinos y la política

Esa Argentina prometedora fue mutando entre dictaduras y democracias hasta llegar a los años ochenta, cuando Jorge se asomaba a la adultez. Se había recibido de técnico mecánico, estudiaba ingeniería y por las noches salía. Eso era lo que más le gustaba, “y la noche necesita plata”, dice con sutileza. “Con la fábrica de pastas tenía mi dinero en el bolsillo y con la ingeniería no era claro que fuera a conseguir trabajo”.

Un primo lo convenció de comprar una fábrica de pastas en Floresta, en Directorio y Dolores. “Ahí entré el 10 de diciembre del 84, justo el día del festejo del primer año de democracia”. Jorge era radical. El entusiasmo que habrá tenido ese día el chico de 19 años que, siguiendo la tradición familiar, abría su propia fábrica de pastas, contenido por un proyecto de país en el que creía.

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La Juventud Argentina abre de lunes a lunes. Vende además de pastas, tartas, empanadas y platos listos para consumir.

Pasó la primavera democrática, pasó Alfonsín, llegó Menem y su década del noventa. Jorge tenía un socio que era parte del gobierno, que trabajaba en la Casa Rosada. El socio tenía una hija y en uno de sus cumpleaños habían decidido preparar una sorrentinada, en su casa de Banfield. “Cuando estoy llegando a la casa empiezo a ver autos en la bocacalle, gente de traje, ¨qué raro¨, pensé. Y cuando llego a la casa de mi socio me encuentro con Carlos Menem.»

«Cenamos, fue una noche de muchas risas, todo fantástico”. Jorge narra con detalle y gracia la historia que hizo famosos a sus sorrentinos de mozzarella, queso port salut y jamón. “Éramos unos veinte en la mesa, el único radical era yo y toda la noche Menem me estuvo haciendo chistes por eso. Yo estaba sentado frente a él y también le retrucaba. Era un tipo macanudísimo, muy jodón. Todos tomábamos vino, alguna cerveza y él Champagne Barón B”.

La historia no terminó ahí. “Un dia estoy en la fábrica y me dicen ¨Jorge, teléfono para vos, de presidencia, pero no es el que te llama siempre¨. Atiendo y me dicen ¨un segundito que le paso con el presidente¨. Era la época de Videomatch, de las bromas telefónicas, entonces pensé ¨me están haciendo una cargada, alguien se enteró de lo de mi amigo, lo contó y me quieren joder¨, pero cuando me habla, era el presidente. Me tiró dos o tres frases sobre cosas que pasaron esa noche, entonces me di cuenta que era él en serio.” Menem le encargó a Jorge una partida de sorrentinos para el festejo de su cumpleaños en La Rioja. Las pastas viajaron desde Floresta hasta Anillaco. Hubo periodistas que registraron ese almuerzo y uno lo contó en el diario Crónica. Para ese entonces él llevaba doce años al frente de su fábrica de pastas. Ocho años después compró La Juventud Argentina. “Una vez cae un señor comprar y me dice: ¨¡Éstos son los sorrentinos presidenciales!¨ y me cuenta que él era parte del staff de Crónica que había estado en el cumpleaños de Menem, y se enteró que de Floresta me había mudado a Villa Santa Rita.

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Las manos en la masa

En octubre próximo Jorge cumplirá veinte años en su fábrica de pastas de Nazca y Luis Viale. Hace tres, un amigo de la infancia se convirtió en su socio, Edgardo Compiano. “Juntos empezamos a cambiarle la imagen, a darle otro vuelo. Ahora también está trabajando con nosotros Matías, el hijo de Edgardo, y seguramente él será quien continúe cuando en unos años nosotros nos jubilemos”, dice Jorge a sus 57.

Jorge Pose, entre su socio y amigo de la infancia Edgardo Ariel Compiano y su hijo Matías Compiano. Desde el 2019 están juntos al frente de La Juventud Argentina.

La Juventud Argentina abre de lunes a lunes. “El día a día ya lo tenemos estructurado. Empezamos, por ejemplo, con las masas de empanadas, y después vemos qué falta: si tallarines, si algún tipo de raviol -tenemos 15 variedades-, si faltan ñoquis, si tenemos todas las salsas”, describe el trabajo cotidiano. “Producimos para dos o tres días, siempre manteniendo la mercadería fresca.”

Cuenta que la pasta se prepara con semolín, porque tiene menos gluten y entonces “no te deja el estómago explotado, como cuando se amasa con harina sola”. Qué siente por su trabajo Jorge lo deja en claro con una frase: “cuando amasás es como que acariciás tu obra”.

Si no le gustara hubiera sido difícil cuando años atrás le vendían al psiquiátrico de Melchor Romero trescientos kilos de tallarines por semana. “Estábamos tres, cuatro horas amasando para ellos, les entregábamos cada semana seis bolsas de cincuenta kilos.”

Hace ya tiempo que la fábrica vende además de pastas, tartas, empanadas y platos listos para consumir. El delivery se fue instalando como modalidad habitual: piden los particulares y piden los empleados de los locales de alrededor. Y que hoy en día haya pastas industriales más baratas, no es una amenaza: “Cuando a mí me dijeron que iban a poner un Coto enfrente, dije ¨mejor, va a traer más gente a la puerta¨. Los empleados de Coto compran acá la pasta, así que imagínate”, afirma el fabricante orgulloso de su producto. ♦


Fábrica de Pastas La Juventud Argentina
Nazca 1233 y Luis Viale
Whatsapp: 11 2305-2419
Teléfono fijo: 4582-0388
Instagram: @lajuventudargentina

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