GEVP 2020

Clubes en el barrio Destacados

El tren que pasaba por ahí se llamaba “Pacífico” cuando el GEVP se afincó junto a las vías. A dos años de cumplir cien, nos tomamos un café con cuatro dirigentes del club que nos contaron sobre su presente.

Por Mariana Lifschitz

Quién sabe cuántas formaciones habrán ido y vuelto por esas vías durante estos noventa y ocho años, cuántas casas se habrán construido hasta llenar todos los terrenos libres que eran baldíos pantanosos en las primeras décadas del siglo XX. Y luego el barrio vio crecer edificios y las calles cambiaron tierra por adoquines y adoquines por asfalto. En cambio, el GEVP en el nuevo milenio aún conserva su estilo original. Cuenta el presidente que la concesión del buffet quería ampliar las ventanas que dan a la calle y que igual petición les hizo la concesión del gimnasio que ocupa el primer piso y a ambos se lo negaron porque la arquitectura del edificio es parte de su identidad.

“Hoy tenemos 1550 socios activos y más de 350 vitalicios. Hay 1100 chicos que hacen deportes, también hay actividades culturales como tango y folclore. Tenemos una milonga que convoca a mucha gente cada sábado, socios y no socios, el barrio se acerca y el club incrementa su vida social”, dice Jorge Abdala, presidente del club.

Fue en una fiesta de carnaval de los años 80 que Jorge vino al GEVP por primera vez. Esa noche de marzo selló su destino porque en el baile conoció a su esposa. “Después nos quedamos eternamente. Hoy vengo yo, ella, mis hijos y mi nieto.”

Viejos y nuevos tiempos

La impronta familiar que relata el presidente era lo habitual hace unos años y los dirigentes buscan sostenerla. “Mi mujer, mis tres hijos y yo somos socios”, cuenta Christian Isa, miembro de la comisión directiva y de la subcomisión de básquet, desplegando con orgullo su historia de pertenencia: “de chico en GEVP jugaba al volley y tenía a mis amigos, después la vida me llevó para otro lado hasta que la paternidad me trajo de vuelta”. Lo mismo le pasó a Emiliano Schiavetta, también de la Subcomisión de Básquet: “Mis viejos eran socios y yo me crié en el club jugando al basquet. Pasada la adolescencia me fui y hace unos años que volví con mi hijo, que también está jugando al básquet en GEVP.”

Sin embargo, ambos reconocen que lo suyo no es lo más común hoy en día: “Somos pocos los que toda la familia sigue siendo socia”, dice Christian, “actualmente lo que hace la mayoría es asociar al hijo, acompañarlo hasta la puerta, el chico toma su clase de deporte y después lo pasan a buscar”. Rubén Darío Russo, presidente del departamento físico, pone en números este cambio de costumbre:“Cuando yo llegué, el club tenía aproximadamente 5000 socios. Durante años se mantuvo en esa cifra, mucha gente pagaba su cuota viniera o no al club. En cambio, ahora el que es socio lo es porque está activo o tiene un hijo en alguna actividad.”

Dice Russo que el objetivo del club es la formación y la socialización de los chicos y no tanto salir campeones, aunque tienen varias disciplinas con equipos de élite. “Si el chico tiene de 3 a 5 años, incentivamos que vaya a ver cómo compite el mayor. Y lo mismo el mayor hacia el menor, queremos que haya una integración y para eso es muy importante que los papás les inculquen a los chicos que participen.” Rubén Darío llegó al GEVP en los años 80. Él es agente de turismo y le había vendido un viaje a un vecino, que al enterarse que ambos vivían en Villa del Parque le insistió para que viniera. “Y realmente acá encontré todo lo que necesitaba -dice- el club me dio todos los amigos de grande, porque a los de la infancia uno ya no los vé”.

Ser club de barrio

VV. Cuando yo era chica veía a GEVP como el club “cheto” del barrio. Tal vez fuera porque en mi grupo de la escuela (una pública de la zona), los compañeros que venían al GEVP eran los de las familias más paquetas. ¿Era un prejuicio o hay una distinción de clase en la comunidad de socios del club?

Jorge Adbala: Para nada, era un club muy famoso, eso sí. Pero reconozco que el prejuicio existió. Hace poco tuve la posibilidad de conversar con Isabelino Espinosa, un vecino historiador que acaba de cumplir cien años y que fue autor de himnos de varios clubes, entre ellos el del Club Parque. Le pregunté por qué no le había escrito un himno a GEVP y me dijo que no lo hizo porque GEVP es… y me hizo el gesto de nariz para arriba.

Lo cierto es que escuchando a sus dirigentes hablar sobre las complejidades en la gestión del club queda claro que GEVP es un club de barrio como los demás. Cuenta su presidente: “Nosotros somos uno más de los clubes que están dentro del esquema de la Subsecretaría de Deportes de la ciudad. Somos entidades sin fines de lucro, entonces no tenemos nada para vender, salvo un espacio donde la gente viene a encontrarse con amigos, a compartir un asado, un baile, una charla, una actividad deportiva, pero nos cuesta mucho mantenerlo, no puede recaer todo sobre los socios, tiene que haber una ayuda estatal. El reclamo que hacemos todos los clubes al gobierno es que nos reconozca ese rol fundamental que tenemos, poder contar con una tarifa social para que los servicios no sean tan caros y acceder a subsidios para el mantenimiento edilicio, que trabajen codo a codo con nosotros. En cuanto a la cuota social tratamos de ser muy justos, de no sobrecargarla más de lo necesario, siempre apuntando a la solidaridad y el compañerismo, con una buena mirada.”

De izquierda a derecha: Christian Isa (comisión directiva y subcomisión de básquet), Jorge Abdala (presidente), Rubén Darío Russo (presidente del departamento físico), Emiliano Schiavetta (subcomisión de básquet).

VV. ¿Cuánto hace que ustedes están en la Comisión Directiva?

Jorge Abdala: En octubre cumplimos dos años y anteriormente siempre estuvimos ligados a las subcomisiones. A veces el socio cree que nosotros somos empleados del club, no sabe que somos socios igual que él o ella, que transitoriamente ocupamos un lugar destacado y hacemos lo mejor que podemos totalmente ad honorem. Hay una realidad: el club tiene noventa empleados y eso hay que atenderlo. Es mucho el trabajo.

VV. ¿Hay pocos socios que se involucran?

CI: Sí, la actitud más común es “yo pago por un servicio, pago porque le den la clase de básquet, de tenis o de natación a mi hijo y me voy”.

VV. ¿Y si un socio quiere ayudar o involucrarse?

JA: Lo recibimos con los brazos abiertos. ♦

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