Música en el camarín

La parroquia Santa Rita es la sede de esta iniciativa que busca “habilitar la escucha”, "que los músicos puedan compartir su trabajo y los vecinos vivenciar conciertos de calidad en el barrio", dice María Verónica Galarza, su gestora.

La parroquia Santa Rita es la sede de esta iniciativa que busca “habilitar la escucha”, "que los músicos puedan compartir su trabajo y los vecinos vivenciar conciertos de calidad en el barrio", dice María Verónica Galarza, su gestora.

Música en el camarín

La parroquia Santa Rita es la sede de esta iniciativa que busca “habilitar la escucha”, "que los músicos puedan compartir su trabajo y los vecinos vivenciar conciertos de calidad en el barrio", dice María Verónica Galarza, su gestora.

Este Ciclo propone compartir la música “como una forma de salir de la vida cotidiana y luego volver a nuestras tareas con otras resonancias”, dice María Verónica Galarza, una docente de música de 40 años que hace casi una década puso en marcha esta propuesta.

María Verónica Galarza organiza desde hace nueve años los conciertos en el santuario Santa Rita.

– ¿Cómo nació Música en el Camarín?

– El camarín es una salita de oración que está atrás del santuario. Yo la veía y pensaba: “a este lugar le falta algo”. Un día le dije a Luis, que era el párroco de ese momento, “acá hay que hacer conciertos”. La idea fue madurando y en septiembre del 2014 empezamos. Me contacté con unos amigos, el dúo de guitarras D’ Adamo-Bulgarelli, que tenían un proyecto musical, y les dije: “¿quieren venir a tocar?”. Interpretaron obras de Jorge Martínez Zárate, un compositor argentino contemporáneo. Ellos habían investigado y puesto en valor su repertorio con un subsidio del Fondo Nacional de las Artes. Incluso habían estado en contacto con su viuda, Graciela Pomponio, que también guitarrista, y habían grabado un disco.

«El camarín es una salita de oración que está atrás del santuario. Yo la veía y pensaba: ¨a este lugar le falta algo¨. Un día le dije a Luis, que era el párroco de ese momento, “acá hay que hacer conciertos.»

– ¿Cuál es el criterio a la hora de definir la programación?

– No hay una curaduría, yo no cuestiono el repertorio. Los que hacen música antigua (desde barroca hacia atrás), me dicen que en pocos lugares aceptan esta música con el argumento de que no atrae público. No me ha pasado que me hayan propuesto hacer rock pero sí ha habido música latinoamericana y mucha música argentina. La verdad es que las propuestas son espectaculares.

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La idea rectora es habilitar la escucha. Me gusta que podamos compartir un concierto tomando mate o con niños jugando en el espacio. El templo es re lindo lugar para hacer silencio y llenarse del sonido que llega. Yo siento que la escucha está muy desvalorizada frente a una primacía de lo visual o lo audiovisual. Y potenciar ese momento de insight que uno tiene cuando el otro toca, me parece buenísimo. Además de democratizar el acceso a la cultura: en Villa Santa Rita no conozco otra oferta parecida a la nuestra.

– ¿Los conciertos se hacen siempre en el camarín?

– Varía según la propuesta. Esa sala por su tamaño es buena para música de cámara, dúos, tríos, un coro de hasta 10 personas. Ahí entran aproximadamente 50 personas sentadas. Cuando necesitamos un lugar más grande, por ejemplo para orquestas o bandas sinfónicas, nos vamos al templo.

En el primer concierto de este año se presentó un ensamble vocal, Pumalaca, con repertorio de música latinoamericana, y fue en el Camarín. En el segundo concierto se representó una Ópera (“Los divertimentos de Versalles”, de Charpentier, música barroca interpretada por el Ensamble Arcana, con dirección de Andrés Gerszenzon). Y bueno, fuimos al templo. Fue un despliegue con una puesta en escena diferente.

“Los divertimentos de Versalles”, una ópera barroca interpretada por el Ensamble Arcana de la Universidad Nacional de las Artes, con dirección de Andrés Gerszenzon.

– ¿Qué te parece que moviliza a los músicos a participar del ciclo?

– Las ganas de mostrar lo que hacen. Es gente muy estudiosa, que dedica mucho tiempo a investigar sobre lo que produce. Hay algunos que no participan porque no hay paga y otros nos piden poner un sobre. Mi mayor anhelo es poder financiar a los músicos porque ser músico es un laburo, la gente no lo termina de entender. Se sigue pensando al músico como una persona dotada y no, son horas de estudio, de ensamble, de búsqueda.

«Mi mayor anhelo es poder financiar a los músicos porque ser músico es un laburo, la gente no lo termina de entender. Se sigue pensando al músico como una persona dotada y no, son horas de estudio, de ensamble, de búsqueda.»

– ¿Qué tipo de público viene a los conciertos?

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– Hoy el público está mixturado. Tenés gente de toda edad: desde personas mayores que vienen habitualmente al santuario, adultos, adultos con niños. A veces hay gente que viene un ratito y se va, yo no pregunto por qué. Pero en general el público lo agradece mucho. Hay una conexión muy linda. Es un recreo, un recreo del mirar, del contacto con el celular. También muchos de los que asisten son familiares de los músicos o público que los sigue a ellos. Y hay también otro tipo de espectador que es el estudiante de música.

– ¿La programación para este año ya está definida?

– Este año convoqué a personas nuevas, traté de renovar y no repetir. Tenemos programado un concierto por mes, pero hay algunas otras propuestas dando vueltas que posiblemente las sumemos. El próximo concierto será el sábado 26 de agosto a las 17 horas. Vendrán el coro y la orquesta de la Sociedad Haendel a presentar “Las tres mitades de Buxtehude”, con Dirección de Sergio Siminovich.

A fin de año darán un concierto chicos de la Escuela de Música Nª 2 (de Camarones y Segurola). Me parece súper importante también darle ese lugar a niños y adolescentes, seguir democratizando la cultura.♦


Música en el camarín de Santa Rita
Camarones 3443
Instagram: @musicaenelcamarin

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