El necesario trabajo de reciclar

¿A dónde van los reciclables que dejamos en las campanas, contenedores y puntos verdes? ¿Cómo trabajan los cartoneros y cartoneras? ¿Cuál es su función en la gestión de residuos de la ciudad de Buenos Aires? Este informe describe un circuito en el que falta fortalecer un rol: el de las y los vecinos separando la basura en sus domicilios.

Cada día que pasa, en Argentina producimos 50 mil toneladas de basura. Casi la mitad de ese enorme volumen, lo generamos en la región metropolitana. Se calcula que el 90% de los residuos urbanos van a parar a basurales a cielo abierto o a rellenos sanitarios; el principal es el de José León Suárez, donde se entierra la basura de la Ciudad de Buenos Aires y de otros 35 municipios. El resto se recicla. Es apenas un diez por ciento, pero de eso viven los 150.000 cartoneros y cartoneras que trabajan hoy en la Argentina, una parte de ellos organizados en cooperativas.

Las cifras hablan por sí solas y dan cuenta de todo lo que falta en materia de reciclado en la Argentina. Aún con muchísimo por mejorar, por pensar desde otra idea de gestión que ponga el centro en la economía social, la Ciudad lleva ventaja en el tratamiento de residuos sólidos con respecto a otras regiones del país. Entre otras cosas, gracias al logro que significó la Ley 1.854 de Gestión de Residuos Urbanos, que aunque no cumple ni remotamente con la meta de “Basura Cero” con la que fue anunciada –tampoco con la más realista “reducción escalonada” – sí logra colocar a las cooperativas de recicladores y a la economía social como actores centrales del tratamiento de la basura en la ciudad.

La Cooperativa del Oeste tiene su sede de CABA en Villa del Parque, en Caracas al 2700, junto a las vías del tren. Allí realizan el trabajo de clasificación, además sostienen una huerta, una guardería y una escuela-taller.

Las cooperativas

Unas doce cooperativas de cartoneros y cartoneras han licitado los pliegos para sumarse a la gestión de residuos en la ciudad. Sus integrantes realizan los distintos pasos del proceso: para recolectar, han dividido la ciudad en cuadrículas de modo que a cada cartonero o cartonera le corresponden unas cuatro manzanas. Están habilitados a juntar de ahí lo que encuentran en la calle, y también lo que los vecinos y vecinas dejan en las campanas y contenedores verdes colocados junto a los contenedores negros de basura. Inicialmente el sistema preveía que la recolección se hiciera sobre todo por timbreo, puerta a puerta, pero el temor instalado por los hechos de inseguridad obligó a cambiar de modalidad.

Sí funciona así, cuentan los cartoneros, en muchos edificios, donde se establece la relación de confianza con los porteros. Para lograrla es clave el trabajo de las promotoras ambientales, también miembros de las cooperativas, encargadas de recorrer la ciudad concientizando sobre el modo correcto de separar la basura y estableciendo esa relación de cercanía con los vecinos. La mayoría son mujeres, porque la ley se aplicó con perspectiva de género.

Las cooperativas tienen sus camiones de recolección, y muchas también tienen sus plantas de reciclaje o “centros verdes” (hay ocho en la ciudad). Allí se organizan, clasifican, y enfardan los reciclables, que luego se venden: el papel blanco se paga actualmente unos 22 pesos el kilo, el cartón 20, el diario 10, el vidrio 1,50, el plástico 35. Si no se separa y se vende como mezcla, se recibe a unos 15 pesos el kilo. Además, los recuperadores urbanos cobran un básico mensual.

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También está el centro de reciclaje de la ciudad, ubicado en Villa Soldati, a pocos metros de la cancha de San Lorenzo. Allí llegan residuos sólidos (plástico, cartón), los “áridos” (de las obras en construcción) y los forestales, de la poda de los árboles. Allí se prepararan para ser reciclados en plantas de tratamiento según cada material. También llegan a este centro residuos orgánicos que se transforman en compost.

Mucho más que cartonear

En la zona de Villa del Parque está la Cooperativa del Oeste, que tiene unos 700 integrantes, unos 110 de ellos trabajando en la zona. En Caracas al 2700, junto a las vías del tren, está la sede porteña de la cooperativa. Allí donde antes había un asentamiento, ahora se despliega un trabajo que se extiende a una huerta, una guardería, una escuela taller.

Nélida Gómez llega todos los días desde José C. Paz a la estación de Villa del Parque, trabaja cartoneando hasta eso de las 8 y media, cuando se va del predio de la cooperativa. A las 4 de la tarde espera el camión en Biarritz y Caracas, “otro grupo de compañeros en Cuenca y la vía, otro en Nazca y Jonte”, describe. “Hay vecinos que tienen miedo y es entendible. Trabajamos mucho con los negocios que ya nos conocen. La gente te tiene que conocer para comprender que estás ayudando a mantener limpio el barrio,  a cuidar el ambiente. De a poco van tomando conciencia. Es una docencia que también hay que hacer”, asegura.

“Hay vecinos que tienen miedo y es entendible. La gente te tiene que conocer para comprender que estás ayudando a mantener limpio el barrio,  a cuidar el ambiente. De a poco van tomando conciencia. Es una docencia que también hay que hacer”

Otra de las cooperativas que trabaja en CABA es Las Madreselvas, integrada por unos 600 recuperadores, y con un centro verde propio en Núñez, detrás de la ex Esma, ente las avenidas Cantilo y Lugones. Entre sus integrantes hay recolectores, algunos que se dedican exclusivamente a juntar residuos grandes, de empresas o edificios, choferes de los camiones, operarios que trabajan en la separación, enfardado y comercialización. Y las promotoras ambientales, capacitadas en género, todo un orgullo aparte para Susana Izaguirre, presidenta de la cooperativa.

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Nélida y Susana relatan historias similares: empezaron a cartonear alrededor del 2001, pero su trabajo se cortó abruptamente cuando se dio de baja el “Tren Blanco” o Cartonero. Por entonces empezaron a organizarse como cooperativas y lograron que se abriera una mesa de discusión con el gobierno de la Ciudad. “La ley 1.854 nos fortaleció, dignificó el trabajo, nos integró a un sistema”, describe Susana. Pero también cuenta todo lo que falta, con la pena de no haber logrado el tratamiento de la ley de Envases este año, después de tanto militarla. “Para nosotros nada fue fácil, todo lo hicimos con sudor y lágrimas. Así que estamos acostumbrados a luchar, y seguiremos haciéndolo”, asegura.

Puntos verdes

Las plazas porteñas también son lugares a los que los vecinos y vecinas pueden llevar residuos sólidos, limpios y secos. Allí se recibe plástico, cartón, papel, metal, vidrio. Los materiales acopiados se entregan -mezclados- a las cooperativas, que pasan a retirarlos. A excepción de los bolsones de alimento para mascotas y las cápsulas de café usadas, que van aparte.

Los puntos verdes también reciben aceite de cocina usado (que se debe llevar en botellas plásticas y filtrado para eliminar restos de comida), con el que se fabrica biodiesel, y pilas usadas que se envían a una planta de tratamiento fuera de la ciudad.

Escena en la Plaza Udine: «¿Qué vendés acá?», pregunta el niño a Ulises. El joven levanta la vista de sus apuntes de biología -está estudiando para un examen del Profesorado de Educación Física- y le contesta: «No estoy vendiendo, acá los vecinos me traen las cosas que ya no le sirven y que se pueden volver a usar». ¿Esto se puede volver a usar?», pregunta el chico, dándole el envoltorio de un chocolate. «Sí, se puede», Ulises lo toma y luego de responder unas cuantas preguntas más, el chico se va corriendo y él vuelve a sus apuntes.

Ulises Ruiz trabaja recibiendo el material en el punto verde de la plaza Ciudad Udine, de Floresta, y eventualmente en el de la plaza Aristóbulo del Valle, en Villa del Parque. Allí, muestra con orgullo el deck de “madera plástica” que rodea el lugar. Está hecho con las ¨botellas de amor¨, nombre que se dá a las botellas de PET rellenas de bolsitas u otros plásticos de un solo uso.

En el punto verde de la plaza de Villa del Parque también se destaca un panel receptor de energía solar que alimenta a un dispenser de agua fría y caliente y a unos enchufes para cargar celulares.

En el punto verde de la plaza Aristóbulo del Valle se destaca un dispenser alimentado con energía solar y empotrado en un box simil"madera" hecho con plástico reciclado..

Ulises cree que muchos vecinos reciclan, “la mayoría es gente que viene siempre, que tiene el hábito”. Pero al ver el comportamiento de otros vecinos en la plaza observa que “hay de todo”, que “podría haber mucha más conciencia”. Esa conciencia que las y los recicladores están tratando de sembrar. ♦


Cooperativa del Oeste
Celular de contacto (Nélida): 11 3762-4640
Comunicarse para coordinar que pasen a buscar los reciclables por el domicilio, institución o comercio.

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