Vecinas que son puente

La consigna es cocinar dos porciones demás por semana: “Lo mismo que como yo, lo comparto con alguien que no tiene para comer, ese es el espíritu de Somos Puente.

En La Paternal hay un asentamiento que, desde principios de los 2000, recorre el largo de las vías del ferrocarril San Martín. Es desde el tren que se pueden ver las calles escondidas de La Carbonilla, un barrio precario en el que viven más de tres mil personas y que cuenta con un déficit de servicios de agua y luz, entre otros.

Irene Visciglia es instructora de yoga, vive en Villa del Parque y, a principios de 2020, solía amasar pan para acompañar las viandas que vecinos del barrio Rawson cocinaban para los comedores del asentamiento. Sin embargo, durante la cuarentena, frente a tanta gente pasando necesidades, sintió que quería hacer más. A mitad de año le propuso a algunos vecinos de su cuadra que un día a la semana cocinen dos platos demás, como si tuvieran dos comensales más en su mesa. Enseguida respondieron otras catorce mujeres y nació Somos Puente, “un colectivo de vecinas, amigas y compañeras, que cada semana cocinan para familias en situación de calle”.

A partir de Somos Puente, surgieron nuevos vínculos.  “Vero fue la primera que me contestó que le gustaba la idea, y a raíz de eso nos dimos cuenta de que vivíamos enfrente hacía cinco años y no nos conocíamos, nunca nos habíamos visto. Fue por la creación de este grupo que nos volvimos amigas”, relata Irene. Ale, una amiga y vecina de toda la vida, no tardó en sumarse y completó el equipo de las tres que llevan las viandas que cocinan las quince.

Cuando se armó el grupo, lo primero que se les ocurrió fue acercar la comida a uno de los comedores de La Carbonilla. Sin embargo, Somos Puente solo podía cocinar, como mucho, treinta y cinco porciones, lo que resultaba muy escaso para las doscientas a trescientas personas que asisten diariamente a cada uno de los ocho comedores del asentamiento. “Por más que nosotras pusiéramos todo ese amor cocinando, no alcanzaba. Entonces, un vecino del barrio Rawson me dijo: ¿por qué no se acercan al Hogar Garrigós?”, recuerda Irene.

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Rosita es mamá de Alejandra y abuela de Jesús. Tiene otras dos hijas adolescentes y perdió un hijo en la cárcel. Es tucumana. Hace poco se mudó al Conurbano, pero vuelve para trabajar como cartonera en Capital y se queda algunas noches en el Garrigós. / Foto: Somos Puente.

Viandas y palabras

A metros de La Carbonilla, sobre el paredón del ex Hogar de Niñas Garrigós, hay treinta y cinco personas que viven en situación de calle. “Fuimos a llevar la comida por primera vez un viernes de julio. Hacía un frío tremendo. La recibieron súper bien, con mucha necesidad y mucha alegría. Y de ahí no paramos más”, cuenta Irene.

Pedro es uno de los señores que duerme sobre el paredón y vive de empujar un carrito y juntar cartones. Una noche, cuando las chicas de Somos Puente se acercaron, se puso a llorar. Les contó que toda su vida había sido un tipo honesto y muy trabajador, y que se preguntaba en qué se había equivocado o fallado para ser castigado con la vida que tiene actualmente. “Esa noche no volvimos igual a casa. Vimos la gran inequidad que existe, la gran injusticia que supone que haya gente viviendo en una ranchada en la calle, cuando en realidad lo que merecen es tener un laburo digno, tener su casa, tener acceso a salud”, expresa Irene.

A medida que iba creciendo el vínculo con Pedro y los demás vecinos, las chicas de Somos Puente se dieron cuenta de que con una sola vez por semana no alcanzaba, porque había días que esas personas no estaban comiendo. Entonces pidieron ayuda a otras organizaciones, que les sumaron viandas para poder llevar más comidas semanales a la ranchadita del Garrigós.

“Lo que arrancó siendo una sola vez, una sola comida, pudimos llevarlo a tres: almuerzo y cena del viernes y cena del domingo. Y de acercarles un plato, pasamos a conocer sus historias e intentar darles una mano también con otras cuestiones, como trámites pendientes, DNI, partidas de nacimiento, jubilaciones o subsidios”.

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Hoy en día, la casa de Irene es lo que ella llama “la sede central”. Las catorce cocineras le acercan las viandas los jueves a la noche y desde allí parten viernes y domingo hacia La Paternal. “No hay un menú, es lo que cada una cocina en su casa para su familia. Preparamos dos porciones demás, como si las personas estuvieran sentadas con nosotres. Ese es el espíritu de lo que estamos haciendo. Lo mismo que como yo, lo comparto con alguien que no tiene para comer”, explica.

Cada vez son más las personas que las esperan para pedirles viandas. Por eso, Somos Puente busca que otra gente se pueda sumar a cocinar junto a ellas.También reciben donaciones de alimentos no perecederos, calzado, ropa, pañales u otros elementos de higiene y limpieza. “Vamos a continuar durante el 2021, porque es necesario seguir  y sumar fuerzas, voluntades, ideas. Es la única manera de construir algo mejor en este mundo tan desigual”, finaliza. ♦

Si querés sumarte o realizar donaciones, podés escribir al instagram: @Somospuente2020

Foto de portada: archivo de Somos Puente.

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