Que los chicos y chicas sepan qué pasó

Así #plantamosmemoria en Villa Santa Rita.

Oscar Leguizamón era un muchacho de diecinueve años cuando un grupo de tareas se llevó a su hermano Eduardo de la casa donde vivían, en Villa General Mitre, y ya no supieron más de él. “Todavía hoy me asomo al balcón desde donde mi mamá, durante décadas, esperaba verlo bajarse del colectivo”, confiesa este hombre que hoy tiene 62 y es miembro de la Sub-Comisión de Derechos Humanos del Club Ferro. Allá por el 78 su madre Alicia se puso un pañuelo blanco en la cabeza y gestó junto a otras la agrupación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Acompañada por ellas, buscó a su hijo hasta el último de sus días.

Es marzo, es 24, son las 11 de la mañana. Es el año 2021. El otoño tibio acompaña y los vecinos se van acercando por la calle César Díaz. En la vereda del Club Imperio Juniors, con choque de puños y barbijos mediante, cumplen con el pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo, de “plantar 30 mil árboles nativos para recordar a los 30 mil desaparecidos”.

“Muchos de nosotros hemos participado de las marchas del 24 de marzo desde 1985. En ese momento había que darle visibilidad a aquellos que habían luchado por un mundo mejor; era una época en la que todavía se hablaba de la teoría de los dos demonios”, recapitula Beatriz Flejsz. Ella tenía 16 cuando fue el Golpe, militaba en el centro de estudiantes del Nacional Buenos Aires y su madre, asustada, la sacó del colegio. Vecina de toda la vida, este 24 de marzo se sumó al acto en la vereda de Imperio. “Tenía que estar acá, Imperio es mi club de cuando yo era pibita, jugaba pelota al cesto y me pasaba los veranos en la pileta, como todos mis hijos lo hicieron después”.

Plantar Memoria en el club

“Desde hace tiempo que venimos hablando con otras instituciones del barrio para organizar juntos distintas cruzadas: solidarias, de concientización, de promoción de la cultura”, cuenta Manuel Tascón, dirigente de Imperio Juniors e impulsor del encuentro. “Cuando escuchamos que la convocatoria para este 24 era Plantar Memoria en cada barrio, sentimos que teníamos que tomar la posta y hacer nuestro acto”. Las circunstancias eran propicias ya que tiempo atrás se había secado el árbol que estaba en el cantero frente al club, ese cuadrado de tierra vacío se ofrecía como el espacio perfecto. “Convocamos entonces al periódico Vínculos Vecinales y al área de DDHH, Igualdad de Género y Diversidad de la Comuna 11 para llevar adelante juntos la organización”.

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Cuidando el distanciamiento social, en un costado la artista plástica, docente y vecina Sofía Mattiassich propone hacer un collage colectivo. En su mesita, al lado de varias tijeras, marcadores, plasticola y alcohol en gel, se pueden ver unos viejos cuadernillos de un “Curso Práctico de Memoria” del instituto Ilvem, antiguos fascículos coleccionables de la historia de América y otras revistas para recortar y hacer una intervención sobre el afiche que cuelga del muro del club.

Unas gradas de madera hacen las veces de escenario. Tras ellas, las palabras “Memoria, verdad y justicia” impresas en un gran cartel, recuerdan por qué estamos ahí. Y cerca del cordón, en el cuadrado de tierra, alguien ya ha hecho el pozo. Un ejemplar de Sen de Campo, donado por el colectivo Renacer de la Laguna de la Facultad de Agronomía, espera su momento.

El acto comienza. “Venimos de allá”, dice el Tata Cedrón, llenando el aire con una frase que no es necesario explicar. Sentado en las gradas con su guitarra, emocionado, agrega: “éste es mi homenaje” y suelta Vidala para mi sombra en una versión inédita; al vecino cantor lo acompaña Gerónimo, un joven trompetista de doce años.

“Tenemos que seguir construyendo y fortaleciendo las políticas de memoria, verdad y justicia por las que tanto lucharon las madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos”, afirma la comunera Victoria Pugliese durante el evento. Y demostrando que no lo dice por decir, revela que han declarado de interés comunal la iniciativa de una vecina que propone hacer un registro de detenidos y desaparecidos que vivieron en estos barrios, para recuperar sus historias.

El acto reunió cerca de un centenar de vecinos en la vereda de Imperio Juniors. Contó con el apoyo de la Comuna 11 y la adhesión de clubes de la comuna y organizaciones sociales y políticas. – Foto: Marcelo Ezcurra.

Más música llega en la voz, guitarra y percusión de las vecinas Sofía Scarelli, Florencia Knoblovits y Daniela Negro, quienes interpretan “Soy pan, soy paz, soy más”, la canción de Piero que todos recordamos en la voz de Mercedes Sosa. “Hay que sacarlo todo afuera, nadie quiere que adentro algo se muera, sacar lo que se puede afuera para que adentro nazcan cosas nuevas”, corean los adultos presentes, mientras los niños y niñas escriben, recortan y pegan, dejando su huella en el collage colectivo.

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“Los 24 de marzo en la Plaza de Mayo son muy importantes, pero en el barrio tienen un significado más profundo”, afirma Leguizamón. “Es la posibilidad de llegar a personas que no suelen ir a una movilización. Para quienes somos familiares de desaparecidos el 24 de marzo es muy duro, y que este acto se haga en un lugar tan lleno de vida y de futuro como es un club de barrio me parece maravilloso”, agrega.

En 2020, apenas iniciada la pandemia y frente a la imposibilidad de reunirse, los pañuelos flamearon desde ventanas, rejas y balcones. Con letras manuscritas sobre la tela blanca reafirmaban “Nunca Más”. Este año, la propuesta de sembrar memoria plantando un árbol nativo, sumó la preocupación por el deterioro del medio ambiente como un reclamo de derechos humanos.

Pasado el mediodía, Romina Suárez, bióloga y vecina del pasaje Toay, también conocido como Pasaje de Mariposas, es la encargada de colocar el sen de campo. Apenas agarra la planta, los niños y niñas presentes se congregan alrededor del arbolito, que tiene casi la misma altura que ellos, ayudan a rellenar con tierra el hueco y luego a regarlo.

Un cartelito recuerda que allí se plantó memoria y el otro que no es cualquier árbol, sino uno nativo, un sen de campo que colaborará en restaurar la biodiversidad perdida. – Foto: Marcelo Ezcurra.

“Si tuviéramos un drone con una cámara que sobrevolara ahora la Argentina, veríamos en ese vuelo grupitos de personas reunidas con barbijos, plantando árboles en plazas y veredas de todas las ciudades, de todos los pueblos. La memoria, la verdad, la justicia y el Nunca Más al terrorismo de Estado, son valores que reivindicamos la gran mayoría de los argentinos y cada generación se encarga de educar en esos valores a la generación siguiente”, afirma Mariana Lifschitz, directora del periódico Vínculos Vecinales.

A las próximas generaciones les diría que nunca piensen que lo que pasó es algo del pasado. Defender la democracia es una tarea de todos, todos los días. Si lo seguimos haciendo, estoy convencido que el del 24 de marzo de 1976, será siempre recordado como el último golpe de Estado de la Argentina”, concluye Oscar Leguizamón. ♦

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