¿Quién defiende a los animales?

Cada vez es más la gente que se plantea la posibilidad de adoptar una mascota que sufrió maltrato o abandono. Detrás de la movida hay organizaciones dedicadas a rescatar animales: como la que en estos barrios lleva adelante Walkiria Sosa Ramos.

Porta un nombre guerrero, es abogada, uruguaya de nacimiento, hoy vecina de Monte Castro y, desde hace seis años, orgullosa vegetariana. Pero si hay un gen que define a Walkiria Sosa Ramos ese tiene que ver con su profundo amor, con su absoluto respeto, por los animales. Por todos los animales. Tanto es así que después de 20 años de estar -como podía- rescatando perros y gatos, el arranque de este 2021 la encuentra en pleno trámite para el reconocimiento de la “Fundación Adopciones Walla”.

El puntapié para explicar su trabajo -que es arduo, es constante, es muy concienzudo- es su Instagram @amoredeperros. Sobre una mesita en la vereda en un café de Helguera y Nogoyá extiende el teléfono y empieza a pasar fotos. “Ahora estoy desesperada con dos boxer -cuenta-. A una no le pude encontrar hogar de tránsito, así que la tuve que pensionar. Es una viejita de diez años que rescaté de la villa El Palito, donde vivía con una familia de borrachos”. Esa era Luna. Luna estuvo un tiempo en tránsito con una chica del barrio. Después, Walkiria la llevó a una de las jornadas de adopción que organiza el Gobierno de la Ciudad pero -confiesa mientras hace una mueca- “eso no salió muy bien”: Luna se quiso escapar y los policías tuvieron que perseguirla en sus motos por Libertador.

Pasamos a Roc. Roc está en tránsito hace tiempo, Walkiria le banca los medicamentos y cada vez que puede se lo lleva para bañarlo y “ponerlo lindo”. Cuando lo rescató en Monte Grande tenía una lombriz solitaria de casi tres metros. Ya le había comido un riñón prácticamente entero, y estaba yéndose al otro. “Lo llevé al Hospital Escuela de la Facultad de Veterinaria, todos querían venir a ver la ecografía. Le sacaron el riñón y estuvo cinco días internado. Compartimos mucho su foto en redes -explica-, porque la verdad queremos darle una casa”.

Walquiria apoyada en su camioneta: herramienta imprescindible para su trabajo solidario, ya que con ella traslada a las mascotas rescatadas. En la foto la acompañan León y Dary.

La clave: el tránsito

“En general no rescato animales de la calle -aclara Walkiria-. Casi todos los casos vienen de la villa. Son animales que nadie ve, nadie los siente. Y si están enfermos, a veces hasta los tiran vivos a los contenedores. Hay gente que me llama: ‘Walla, ¿se puede hacer algo con este perro?”, relata y advierte que su trabajo se aboca cada vez más a la defensa jurídica en casos de maltrato animal.

Emiliano Bruno, el hijo de Walkiria, maneja la peluquería canina Emitos Petshop en Villa del Parque y es en la Fundación la mano derecha de su madre. “Lo que ahora necesitamos son lugares para tránsito -advierte-. Porque cuando rescatamos un perro o un gato el hogar de tránsito es lo que lo va a adaptar para que después se pueda quedar definitivamente con una familia”.

¿Qué hace falta para ser un hogar de tránsito? Tener un poco de espacio, un poco de tiempo, un poco de dedicación. “Si la persona tiene otra mascota, no importa. No hace falta que el animal en tránsito tenga a disposición una casa entera. Tal vez se lo pueda acomodar en un garaje, o en un lavadero. Con eso ya se ayuda a sacarlo de una situación de maltrato, o se evita que en la calle lo pisen los autos. El tránsito salva vidas”, enfatiza Emiliano. Y dice: “Desde el día uno que un animal se va a tránsito nosotros estamos trabajando para conseguirle un lugar definitivo. Porque el círculo se cierra cuando el animal va a un hogar, cuando lo adopta alguien que se va a ocupar de él de por vida”.

Hay red

A todo esto Walkiria no lo podría hacer sola, está su hijo pero también está el barrio, las redes, los vecinos incondicionales y las veterinarias. “Contar con ellas como aliadas es fundamental para la atención de los rescatados, sobre todo cuando el hospital de la facultad está cerrado, como en este momento”, subraya Walquiria.

Darío Laham, socio fundador junto a Andrés Ritacco de Vet&Pet, veterinaria con casi veinte años de presencia en el barrio, cuenta que “desde el principio estábamos comprometidos con el tema de la adopción y así conocimos a Walkiria. Ella se maneja muy bien con las mascotas, es rigurosa, elige con cuidado a la gente que adopta y controla que las mascotas estén bien cuidadas”, asegura. Y agrega: “Walkiria es alguien que de verdad ama a los animales y hace su trabajo de corazón”.

En estos días el tema pasa por ubicar a cuatro ovejeros que están en una delegación de zoonosis: en la casa donde vivían los tenían con el hocico pegado con cinta adhesiva, hasta que los dueños fueron imputados por maltrato animal. “No son perros agresivos, pero todavía necesitan un trabajo para poder socializar. La fiscalía libró un oficio a mi favor para sacarlos”, cuenta Walkiria y señala que resulta súper importante trabajar cada caso hasta el final, no se trata de ubicar perros “por ubicarlos”.

“Yo siempre digo que hay que cuidar el entorno donde uno vive. Y no es que no voy a dar un perro en Tigre, pero por algo más del 70 por ciento de los animales terminan en estos barrios”, admite. Emiliano se jacta de que “no hay cuadra donde no tenga un perro entregado”, y a las pruebas basta remitirse: para la foto que ilustra esta nota Walla invitó a los adoptantes que quisieran acercarse con sus mascotas, y fue ahí nomás que chiques y grandes empezaron a llegar con sus perros y esa felicidad única que trae cuidar a otros y ser parte de una comunidad que se organiza para hacerse cargo de sus animales: con todas las letras, un “barrio bichero”. ♦


Contacto: Instagram @amordeperros / Celular 11 6548-5821

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *