¿Sabías que hay una juegoteca pública en Villa Santa Rita?

La respuesta de muchas familias santarritenses es “no”, a pesar de que el lugar lleva diez años abierto en el barrio. Dos docentes de educación inicial coordinan a los grupos de chicos y chicas con propuestas lúdicas y didácticas: “es un espacio de libertad en el que a través del juego se generan otros vínculos, otras formas de relacionarse.”

A pocas cuadras de Nazca y Juan B. Justo, en una casona antigua, funciona la Juegoteca Barrial Santa Rita. Nos recibe Mariana Roca, su coordinadora, junto a Sol Casado, docente. Hay silencio en el espacio, la actividad todavía no comenzó. Los chicos y las chicas llegarán a las tres de la tarde.

Mariana y Sol, ambas docentes de nivel inicial, trabajan en dupla y coordinan los tres grupos en que la juegoteca reúne a los chicos según sus edades. Sol se incorporó al equipo justo antes de la pandemia; dice que se enamoró del espacio, que “fue un flechazo”. Mariana está desde los inicios, el último enero se cumplieron 10 años.

Sol Casado y Mariana Roca, las docentes de la Juegoteca Santa Rita.

Esta juegoteca es parte del Programa Juegotecas Barriales que depende del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del GCBA. Es una de las dieciséis que están distribuidas en el mapa de CABA. Algunas funcionan en espacios que pertenecen al Estado y otras lo hacen en lugares privados bajo la modalidad de gestión asociada. Éste es el caso de la juegoteca Santa Rita, que tiene su sede en el Centro Pastoral Social Dulce Nombre de María, perteneciente a la Congregación de los Oblatos de la Virgen María. La referente de la casa es Silvia Oliva, Licenciada en Trabajo Social y madre de Mariana.

Tres ambientes para jugar

La puerta de calle se abre y entramos a un patio cubierto, en el que reina una cama elástica; a un costado hay una sala amplia, cuyo perímetro está repleto de juguetes guardados en cajas plásticas y juegos ordenados por colores, según las edades de sus destinatarios/as. Hacia el fondo del patio hay un comedor con una cocina. Allí conversamos con Mariana y Sol.

– ¿Los chicos y chicas se pueden incorporar en cualquier momento del año?

–  Mariana: Sí. Previamente hacemos una entrevista para conocer un poco a la familia y contarles cómo es la propuesta. Nosotras queremos que los nenes y las nenas del barrio vengan a la juegoteca, que el espacio funcione y se consoliden los grupos. La verdad es que en la práctica hay quienes sostienen de dos a tres veces por semana y hay otros que circulan.

– Sol: En promedio tendremos unos 18 chicos y chicas por grupo. La cantidad baja cuando arranca la escuela y vuelve a subir en vacaciones de invierno y de verano.

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– ¿Cómo es la propuesta?

– Mariana: Hay un primer momento de juego libre, cuando los chicos y chicas llegan. Ahí ellos eligen dónde y con quién jugar. Como está habilitada la cama elástica, ese suele ser el gran atractivo. También pueden elegir entre los juegos y juguetes de las cajas. Después merendamos y les proponemos actividades, a veces son totalmente lúdicas, a veces son juegos para desarrollar destrezas o distintas temáticas, como ser los derechos de niñas y niños, la identidad, la importancia de los vínculos, el grupo, etc. O abordamos el proyecto de reciclado, con el que venimos trabajando desde el año pasado.

– ¿De qué se trata ese proyecto?

–  Sol: Se llama “el arte de jugar”. Nos dimos cuenta de que la merienda nos dejaba mucho desecho y nos preguntamos: “¿Qué podemos hacer con esto?” Dijimos: “¡Vamos a aprovecharlo!”. Les fascinó a los pibes. Les encantó inventar, crear, interactuar con esos materiales. Se armaron juguetes y escenarios lúdicos, se construyó un bosque en el que luego jugamos. Este año lo enfocamos hacia el reciclado a partir de preguntas que les surgieron sobre la basura, sobre todo: “¿a dónde va?”. Desde el Programa de Juegotecas nos propusieron llevarnos al Centro de reciclaje de la Ciudad, ubicado en Villa Soldati, entonces este año encaramos el proyecto a partir de la vivencia que nos dejó esa visita.

– ¿Hacen salidas durante el año?

– Sol: Sí, algunas salidas surgen como propuestas que nos llegan desde el Programa. Por ejemplo, en las vacaciones de invierno del año pasado hicimos recorridos por la ciudad con propuestas lúdicas. Cada fin de año, el grupo de los más grandes se va de campamento (el último fue a Puerto Pibes, un predio de la Ciudad, ubicado en Pampa y Cantilo). Después nosotras también organizamos algunas salidas. El año pasado fuimos al teatro y a Tecnopolis.

Una forma de libertad

Tanto Mariana como Sol sienten a la juegoteca como un espacio de libertad en el que se generan otros vínculos, otras formas de relacionarse.

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Cada 27 de septiembre, el Día del Derecho a Jugar, sacan la propuesta a la calle para compartir momentos de juego con las y los vecinos. El año pasado la llevaron a cinco cuadras de su casa, hasta la Plaza de Los Periodistas (Morón y Nazca) para lograr mayor visibilidad.

Esta juegoteca es la única en la Comuna 11. Su trabajo pretende ser colaborativo, en red con otros organismos y efectores del Estado. Tanto Mariana como Sol entienden que esa es la manera de fortalecer la tarea que realizan.

Una propuesta laica

Un poster con la cara del Papa Francisco y una estatuilla de la Vírgen María dan una impronta religiosa al comedor de la juegoteca. Algunas familias, cuando ingresan por primera vez, se sorprenden y les preguntan por esas imágenes. “Están porque el espacio es religioso pero la juegoteca es totalmente laica”, les aclaran, y las familias lo toman bien, dicen Mariana y Sol.

Tarde de juegos

Comienza a sonar el timbre, empiezan a llegar las chicas y los chicos más pequeños. El silencio se va llenando con el bullicio de sus voces. Sol los acompaña mientras cerramos esta conversación con Mariana. Me animo a una última pregunta:

– ¿Qué las ilusiona hoy de este espacio?

– Mariana: nos hace ilusión que tanto la juegoteca como la Casa se conozcan más en el barrio. Nos gustaría volver a abrir la juegoteca que funcionaba los sábados, que era una propuesta del Centro Pastoral, con otro equipo de trabajo y en la que sí había algunas acciones vinculadas a lo religioso (como puede ser la bendición de la comida). Nos gustaría que la Casa recupere la vida que tenía antes de la pandemia, cuando brindábamos apoyo escolar y distintas capacitaciones. Había desde taller de manualidades, tejido o telar hasta computación; eran talleres coordinados por voluntarios y voluntarias.

El timbre insiste y Mariana me acompaña a la puerta, atravesamos el patio en el que los chicos y chicas ya  juegan en grupitos y en solitario, con autitos, muñecas, bloques, mientras otros saltan en medias en la cama elástica. ♦


Juegoteca Villa Santa Rita
Tres Arroyos 3037
Teléfono: 4585-5644

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