La memoria como necesidad social

Organizaciones barriales impulsan un proyecto para que la 10 se llame “Comuna de la memoria”.

En Carrasco 845 una baldosa resalta por sus colores. Si te acercás a ella verás que tiene escritos los nombres de María del  Carmen Perciavati Franco y Daniel Aldo Manzotti, una pareja que desapareció el 24 de agosto de 1977. En la comuna 10 hay muchas baldosas como ésta, que recuerdan a otros militantes políticos o sociales desaparecidos durante la última dictadura.

Hay un mapa, trazos que marcan un recorrido en las calles de la comuna; siguiéndolos uno se percata de las huellas que el terrorismo de Estado dejó en estos barrios:

Los centros clandestinos que funcionaban en Orletti y Olimpo, a pocas cuadras uno de otro en el barrio de Floresta;

La parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro, donde fue asesinado Carlos Mujica en 1974;

En el mismo barrio la placita que lleva el nombre de las dos monjas francesas desaparecidas: Hermana Alice Dumont y Hermana Leonie Duquet;

La casa de Corro 105, donde en 1976 se produce el llamado “Combate de la calle Corro”;

El Corralón de Floresta, en Gaona y Gualeguaychú, recientemente reciclado e inaugurado como plaza cultural, que supo ser el centro de saneamiento ambiental de la zona oeste de la ciudad durante gran parte del siglo XX y vio caérsele encima la tragedia de la dictadura cuando tres de sus trabajadores fueron desaparecidos;

Un recorrido por hechos oscuros que llega hasta la muerte a quemarropa de los tres jóvenes amigos en el bar de la estación de servicio de Gaona y Bahía Blanca, en diciembre del 2001, por parte de un comisario retirado (hecho que la comunidad de Floresta trastocó en una escultura de hierro, que evoca su memoria en la Plaza de Corralón).

Un nuevo mojón se agrega al mapa: el muy reciente descubrimiento de un tercer centro clandestino en Floresta: una casa ubicada en la calle Bacacay, casi lindera a la escuela Mauro Fernández del D.E. 12.

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Comuna de la memoria

La ley 1777 del año 2005, llamada “Ley de Comunas”, habla en el capítulo 3 artículo sexto, sobre la denominación de estas unidades administrativas. Dice que “se identifican de la manera consignada en el anexo de la presente ley hasta tanto los electores de cada una definan su denominación mediante consulta popular convocada por la junta comunal”. Esta consideración, hasta ahora, solo fue puesta en práctica por la Comuna 9, que en la elección del año 2015 votó que el nombre de su comuna sea Lisandro de la Torre.

Un grupo de organizaciones de la 10 viene impulsando que la suya se llame “Comuna de la memoria”, resaltando sobre todo la memoria asociada a los derechos humanos. “Tenemos la convicción que recordar nos hace una sociedad mejor, que la memoria es una herramienta imprescindible para construir el futuro que nos merecemos y es por eso, por el futuro, que impulsamos este nombre para nuestra comuna”, plantean en el texto de presentación del proyecto.

En el mismo escrito rescatan otras huellas en el mapa de la comuna que, dicen, “resultan más luminosas y también integran nuestro patrimonio identitario y cultural”: la locomotora “La Porteña”, eternizada en el escudo del barrio de Floresta; el trencito de Versalles; las míticas fundaciones de los clubes All Boys y Velez Sarsfield y las recordadas peloteadas en El Banderín, ese baldío que la lucha barrial logró trasformar en una plaza, manteniendo el nombre que ya todos conocían; también mencionan a la quinta construida por el Virrey Sobremonte en Villa Real y al Estadio Islas Malvinas en Monte Castro.

Su objetivo es sensibilizar a los vecinos de la 10, entusiasmar con el proyecto a más organizaciones que gravitan en esta parte de Buenos Aires y que en las próximas elecciones de medio término, las y los votantes puedan elegir si quieren que cuando alguien les pregunte “¿en qué comuna vivís?, puedan contestar: “en la comuna de la memoria”.

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Carrasco 845, una de las tantas baldosas que en la comuna 10 actualizan la memoria de hombres y mujeres desaparecidos por el terrorismo de Estado.

Carmen y Daniel

La historia de la pareja sellada en la baldosa de Carrasco al 800, se transformó en libro gracias a Patricia Pellegrini, prima de María del Carmen.  “Consta de veintiún relatos de veintiún mujeres de la familia, entre ellas las dos hermanas de Carmen, la hija, las sobrinas, la nuera. Cada una va contando qué fue lo que les pasó a partir de su desaparición”, revela la autora y agrega: “El libro está dividido en dos partes, la primera reúne los relatos de todas las que conocimos a Carmen, y la segunda, el testimonio de todas las jóvenes que no la conocieron, donde cuentan cómo se enteraron de la desaparición de sus tíos y cómo incidió en su vida ese hecho tan doloroso.”

El libro “Carmen y Daniel”, declarado “de interés cultural y derechos humanos” por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, tuvo su presentación vía zoom el 25 de julio pasado. La actividad, que contó con el apoyo de cantidad de organizaciones barriales, significó el primer acto de muchos que irán sucediéndose en los próximos meses, para que más vecinos y vecinas se sumen al proyecto de llamar a la 10, Comuna de la Memoria.

Al día de hoy, estas son algunas de las organizaciones que apoyan la iniciativa: Mesas de trabajo del Ex Olimpo y Ex Orletti; Silvia Irigaray y Elvira Torres (mamás de los pibes de Floresta); Asamblea de Floresta; teatro comunitario El Épico de Floresta y La Runfla; Subcomisión de Cultura del Club All Boys; Club Federal Juniors; Sdad. de Fomento M. Belgrano; C. Cultural La casita de la selva; Sala Carlos Trigo; Centro de Estudios “Soberania Nacional”; Cooperativa Séptimo Varón; las murgas Mala Yunta y Quiero Vale; Seremos como Juana; los Deska del negrito Martínez; Asoc. Mano a mano; CTA Capital; UTE CTERA; Intersindical de DDHH. ♦

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